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elcristalazo.com

El primer año, formalmente, del incipiente gobierno, es decir, de la aspiración por escribir una nueva historia nacional para el México transformado por —aparentemente— la cuarta ocasión de nuestro azaroso devenir, comienza como terminó diciembre: con discusiones y polémicas, descalificaciones y reclamos, porque no le gustan a la nueva ortodoxia los señalamientos críticos ni disfruta la censura.

Quizás soporte la crítica, en términos académicos o de pura teoría, de una vaguedad sin acusaciones, pero los señalamientos directos, suelen ser respondidos con incordia y coraje.

No importa si se habla de los cálculos financieros originados a futuro por el abandono de una obra mayúscula y necesaria, porque entonces no se trata de análisis realistas sino de cuentas alegres impulsadas por la tristeza (supongo) de una derrota electoral. O de cualquier otra cosa.

Algo así como la osadía de la amargura.

El signo de los tiempos es sencillo: la validez moral de las intenciones, el ejemplo absoluto del hombre impoluto (al menos en la acumulación crematística y patrimonial), resultan suficiente explicación o justificación de la urgencia y la necesidad de cuanto se exhibe y exige.

Se ofrece entonces el ejemplo de una austeridad honesta, para la cual una finca chiapaneca de humorístico nombre (la de Obregón se llamaba “Quinta Chilla”; ésta queda en casa de “La Chingada”) no es obstáculo, pues se trata de una herencia familia, desde ya trasladada a los descendientes pero con un justo usufructo vitalicio.

“…Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor, “ decía el santo Job desde el fondo de todas sus resignaciones en el nombre de Dios.

Por eso no importa la inexistencia jurídica de la Guardia Nacional para lanzar una convocatoria de reclutamiento.

El trastocamiento del orden legal de las cosas —ya muchos han hablado de cómo se ponen los bueyes detrás de la carreta—, no es un signo de corrupción ni de mala administración. Convocar a los reclutas a formar parte de una guardia inexistente (excepto en los planes y proyectos, con los cuales Alfonso Durazo ha jugado a Scherezada desde hace más un año), no aloja nada indebido.

Se trata de ganar tiempo o al menos de no perderlo; de evitarse engorros jurídicos o legislativos mientras los operadores de Morena, en el Congreso y las legislaturas locales, persuaden, presionan, buscan los votos necesarios para vestir a la Constitución con el uniforme del sexenio, como ha venido ocurriendo desde su grosero y crónico manoseo —a veces para acá, a veces para allá— a lo largo de toda su centenaria historia.

Ahí sí no importa el salto de la tranca; el buen fin justifica todos los medios y la guardia es la solución ambigua entre el civilismo y el militarismo, pero nadie nos juzgue aquí como si fuéramos Bolsonaro o Putin. Mucho menos Donald Trump.

La convocatoria a la Guardia, para lo cual ya se tiene previstos hasta sitios de reclutamiento para quienes quieran desde esa posición servir a la patria, fue anunciada apenas hace unos días. Lo dijo el Presidente con el optimismo de quien expone sus propias ideas, seguro de la eficacia de su plan, convencido de la infalibilidad de sus ideas.

“El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció la primera convocatoria de reclutamiento de jóvenes para formar parte de la Guardia Nacional, con el objetivo de sumar 50 mil elementos en los primeros tres años de su gobierno.

El gobierno convoca pese a que la Cámara de Diputados discutirá hasta el 16 de enero el dictamen para crear la dicha guardia durante un periodo extraordinario de sesiones.

El mandatario ofreció buenas condiciones y prestaciones laborales como “sueldos dignos”, educación y desarrollo profesional, seguros médicos y de vida, así como alojamiento, alimentación, vestimenta y vacaciones para quienes formen parte de este cuerpo.

“—Se trata de una contribución, los que van a pertenecer a la Guardia van a tener la misión de cuidar a los ciudadanos, de cuidarnos a todos, de darnos seguridad y es un trabajo muy digno, honro…”. De acuerdo con la Constitución, el Presidente sólo puede disponer de la Policía Federal. Y los efectivos de la Policía Federal, efectivos, son 20 mil.

“La policía de la Ciudad de México, las tres, cuatro corporaciones, tienen 80 mil elementos, y el Presidente, de acuerdo con la Constitución, puede disponer de 20 mil para todo el país; o sea, ¿cómo está la gente?

“En estado de indefensión, porque el uso del Ejército, además, y el uso de la Marina se enfocaron a operativos para el combate al crimen organizado y la seguridad pública, y la seguridad de los ciudadanos, se abandonó por completo.

“—¿Por qué lo de la Guardia Nacional?

“—Porque tenemos sólo 20 mil efectivos para enfrentar el problema de la inseguridad y de la violencia, 20 mil efectivos. De acuerdo con la Constitución sólo podemos disponer de 20 mil efectivos. No es posible garantizar la paz, la tranquilidad, sin los elementos necesarios.
“Por eso, las Coordinaciones; para que en el territorio haya elementos y haya protección a la gente, a los ciudadanos. Son 266 Coordinaciones Territoriales.

“No podemos ahora operar todas, porque no tenemos los elementos. Va a ser un proceso. Ya empezamos con 150 Coordinaciones en el territorio y vamos a irnos ampliando.

“Ayer, el parte es que ya hay alrededor de 35 mil elementos en las Coordinaciones”.

Aquí comienzan a fallar las cuentas.

Quizá sea por el prolijo desarrollo de las ideas y la reiteración de las mismas, pero si la meta es reclutar a 50 mil individuos (eso de jóvenes es innecesario porque nadie va al combate cuando es octogenario) y para ello se ha ofrecido un plazo de tres años. ¿De dónde han salido los 35 mil ya actuantes en las 150 coordinaciones ya vigentes? No se ha dicho; las explicaciones son difusas, porque si ya tenemos 35 mil antes de la Guardia, no necesitaríamos tal figura excepto si hemos asimilado a algunos rescatables policías federales y los enlistamos en una Guardia Nacional a la cual le falta nacer y tener un acta de nacimiento.

¿O cómo?

Pero ha dicho más el Presidente:

“…Yo también le pido a los ciudadanos que se informen sobre el propósito de la Guardia Nacional, para que no haya manipulación, a lo mejor no es la palabra adecuada porque ya el pueblo está muy despierto, muy avispado.

“Ya al pueblo de México no se le manipula, ya pasó, si es que hubo ese tiempo, ya es otra cosa. Pero de todas maneras es importante tener información, porque si no, se cae en el maniqueísmo, es decir, militarismo y no tienen los elementos.

Pero más allá de estos matices, vale la pena resaltar un dato. El verdadero cambio: la Guardia no está para combatir a los capos de la delincuencia organizada sino para proteger al pueblo cuya indefensión es un hecho reconocido.

Uno se preguntaría si una cosa no es consecuencia de la otra; pero la respuesta es más simple y está a la mano:

“…No vamos nosotros a seguir con la estrategia fallida de los operativos, que como no hay presencia territorial, como no hay policías en las colonias, en los pueblos, en los municipios; hay municipios que tienen ocho, 10 policías, una patrulla que a veces funciona, a veces no.
“Entonces, si no tenemos las coordinaciones territoriales no se avanza. No es decir:

“—‘A ver, con lo que tenemos vamos a operativos especiales’, como lo venían haciendo. Eso no daba ningún resultado.

“Entonces, necesitamos los elementos, necesitamos las 266 coordinaciones y que en cada coordinación haya de fijo cuando menos 400 elementos, y que se esté vigilando el territorio. Ése es el propósito que tiene lo de la Guardia Nacional”.

El problema reside en la realidad: hoy hay en México más de 400 mil policías de todo tipo. Municipales, federales, estatales, bancarios, preventivos, auxiliares y demás; especiales, charros y de todo.

Si esos 400 mil no sirven, ¿cuál será su destino?

rafael.cardona.sandoval@gmail.com
elcristalazouno@hotmail.com