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Los problemas estructurales de Pemex, de los que no es ajena la actual crisis de gasolina, no son atribuibles al nuevo gobierno

NÚMERO CERO/EXCELSIOR

La cruzada contra el huachicol –que por sorpresa lanzó el nuevo gobierno a finales de 2018– requiere de mayor transparencia e información sobre la nueva guerra y sus límites. El objetivo de combatir el robo de combustible es indiscutible, pero el llamado a la resistencia exige más que presentarla como gesta patriótica y principal bandera contra la corrupción.

Ya antes se iniciaron campañas militares contra el crimen organizado y para recuperar el Estado de derecho, sin claridad ni horizonte. Por ello, la actual debe responder preguntas como su costo, duración e indicadores para conocer resultados. ¿Cómo sabremos cómo y cuándo se gana?

El presidente López Obrador anunció esta semana una segunda fase del plan, mientras se recrudece el impacto por escasez de combustible en largas filas en gasolinerías y preocupación en la industria por el desabasto. La nueva fase implica reforzar la vigilancia de 1,600 kilómetros de ductos donde están los canales de transportación del combustible y que en un número indeterminado fueron cerrados sin precisión sobre cómo y cuándo se normalizará la situación ¿a partir de que momento…cuando ya no haya robo o se desarticule la red?

López Obrador, una mañana sí, y otra también, llama a la ciudadanía a “resistir todas las presiones” y advierte que enemigos sin nombre ni rostro pretenden jugar a las vencidas con el gobierno, pero sin identificar claramente a los nuevos enemigos que parecen eclipsar hasta a los cárteles de la droga con una estructura de negocio que penetra en las instituciones. Señala una red de autoridades y funcionarios de Pemex corruptas sin traducirse en denuncias, aunque el evidente temor disuadió a Romero Deschamps de ampararse contra una eventual detención. Hay poca transparencia en la información, desde la estrategia hasta las consecuencias y los responsables.

La campaña militar contra el huachicol no fue promesa de campaña, pero inusitadamente deviene en principal bandera contra la corrupción. ¿Por qué? El robo de gasolina, según diversas fuentes, equivale a unos 70,000 millones de pesos anuales, una cantidad importante, pero que no se puede separar de los costos económicos de pretender acabarla de un golpe mortal y sin tomar en cuenta los problemas estructurales de Pemex para producir gasolina, almacenar y distribuirla. ¿Hasta dónde las deficiencias técnicas de Pemex, cambios de la demanda o en órdenes de importación están imbricados en la crisis? ¿hasta dónde el problema es técnico o de seguridad?

La lucha contra el huachicol no fue promesa de campaña, al menos no parte central de la lucha anticorrupción. Ahora todas las reformas en seguridad del gobierno lo tienen entre sus objetos, pero no se puede abordar sin atender los problemas estructurales de Pemex para producir, almacenar y distribuir gasolina. Según diversos cálculos, el huachicol representaría entre 4% y 6% de los 800.000 barriles que se consumen en el país. Eso, sin embargo, no quita la falta de capacidad para almacenar combustible cuando no puede descargarse en los ductos o esquemas alternativos de distribución. Basta recordar que las reservas de gasolina en la zona centro de mayor consumo del país duran sólo dos días y cualquier retraso en el suministro rompe la cadena del consumo.

El momento para lanzar esta guerra es peculiar tanto en un pico de demanda de gasolina como también de popularidad del mandatario, pero en cualquier caso subraya el lugar que tiene en sus prioridades y como objeto de casi todas sus reformas legales en seguridad y justicia. ¿Cuándo alcanzó esta relevancia en su agenda?

Los problemas estructurales de Pemex, de los que no es ajena la actual crisis de gasolina, no son atribuibles al nuevo gobierno. Al que, sin embargo, le corresponde ofrecer la mayor transparencia en las causas, profundidad y en su duración para disparar teorías conspiratorias. A una semana de intensificarse la campaña, lo que parece claro es que la problemática es multifactorial y que la solución no será rápida. Habrá que prepararse para un horizonte más largo.