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NÚMERO CERO/EXCELSIOR

La tragedia de Tlahuelilpan es la mayor prueba, hasta ahora, para el gobierno de López Obrador, que de entrada ensombrece el optimismo por el cambio de los primeros 50 días. Es su mayor reto porque ha hecho del huachicol la principal bandera de combate a la corrupción. También, lo es, por encuadrarse en la controversia legislativa por la creación del cuerpo de policía militar de la Guardia Nacional, su apuesta fundamental contra la grave crisis de violencia. Y es el primer gran desafío del nuevo fiscal general para demostrar su autonomía real para investigar las responsabilidades de la fuerza pública, incluidos militares y todos los niveles de gobierno, en el final desgraciado de la explosión que dejó casi un centenar de muertos en Hidalgo.

El impacto de las imágenes de bonzo colectivo entre una comunidad rural que se incendia al recoger gasolina de un charco de combustible mueven, la escena y los términos del debate de las reformas en seguridad y justicia. La explosión y la actuación de la fuerza pública suman interrogantes sobre la estrategia contra el huachicol o la apreciación sobre las capacidades militares en tareas de seguridad y protección civil, mientras el país se debate por dejarles el mando de la seguridad pública de forma permanente y reducir las funciones de las corporaciones civiles. De qué forma y hasta dónde el drama de Tlahuelilpan trastocará la discusión en el Senado de la minuta de los diputados sobre la Guardia Nacional o cómo modificarían enfoques y prioridades del gobierno en el combate a la corrupción, serán asuntos que se despejarán en el correr de decisiones tácticas en que se resuelve el gobierno mañana a mañana.

Por lo pronto, hay que reconocer que la reacción de López Obrador ante la tragedia fue mejor que la actitud de antecesores en casos, como recuerda Sergio Aguayo, de la explosión de los ductos de Pemex en Guadalajara en 1992 o en la Guardería ABC. Se ocupó desde un principio de ella y preocupó por conectar con las víctimas, sin dejar de defender la actuación de los militares, que al parecer recibieron la orden de replegarse. También por subir el tema a la prioridad de su agenda y tratar rápidamente de ofrecer salidas tácticas a la acumulación de males que evidencia el desastre en Hidalgo. Ahí la respuesta política para intentar redireccionar el tratamiento de la tragedia desde un tema de seguridad a uno de política social y ofrecer acciones de desarrollo para explicar el involucramiento de la población en el huachicol a pesar de sus dramáticos riesgos.

La parálisis de autoridades anteriores ante tragedias y su desvinculación con el dolor humano aumenta el agravio de las víctimas. López Obrador reafirmó la cruzada contra el huachicol como prioridad de su gobierno, que como le enseñan las encuestas tiene el respaldo mayoritario de la población hasta incluso aceptar sacrificios como el desabasto de gasolina. Pero también sabe que la explosión en Tlahuelilpan puede rebajar la percepción de confianza en el trabajo de los militares como policías; y de la propia construcción de la imagen del huachicol como enemigo público “número uno” cuando se trata de una práctica corrupta extendida entre comunidades por las que pasan los ductos de Pemex.

La tragedia ya ha provocado un giro en el discurso oficial para recuperar su oferta de campaña de atacar la inseguridad con programas sociales y crecimiento, aunque no puede apostar a éste porque será muy pobre. Más importante será ver cómo afecta los consensos entre partidos sobre la Guardia Nacional en el Senado y si logrará mantener la alianza con el PRI para sacarla adelante antes de que crezcan las dudas sobre su efectividad, así como observar la actuación de la nueva fiscalía para investigar a todos los responsables, aunque el Presidente se moleste con la CNDH por reclamar inacción de las fuerzas del orden ante el peligro que acabó en tragedia. ¿Se pudo evitar? El suceso luctuoso está permeado de interrogantes, pero su primer impacto es que puede convencer al gobierno de redoblar el paso en sus reformas antes de que las fisuras del consenso se profundicen, incluso dentro de Morena.