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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

El detonante de la huelga sin precedentes de 48 maquiladoras en Matamoros radicó en una pequeña omisión del gobierno federal cuando decretó el incremento de 100% a los salarios en la franja fronteriza: ignoró una cláusula sindical de bonos de productividad indexada al salario mínimo. Es, sin embargo, sólo un precursor de un problema estructural más profundo que anticipa una insurgencia sindical no vista en tiempos recientes y que pondría fin a la larga paz laboral que, por otro lado, ha servido a grandes centrales de empresas, como Pemex, o de la CNTE, en educación, para convertir los derechos laborales en chantaje.

La alternancia dejó en zona gris la transformación de las relaciones en el mundo del trabajo, donde se mantuvo la intervención del gobierno, aun después de que el PRI dejara de encabezar el modelo de Estado corporativo en el 2000. Ninguno de los gobiernos del PAN ni del regreso del “Nuevo PRI” modernizaron las estructuras sindicales, por el contrario, asentaron el modelo de estabilidad macroeconómica y antiinflación en el control vertical de los sindicatos y los viejos contratos de protección. La llegada de un gobierno de izquierda, paradójicamente, también ha mantenido hasta ahora al mundo del trabajo en esa nebulosa, aunque prepara reformas para desmontar el poder de las centrales del viejo régimen priista como la CTM o la CROC.

La pax sindical está amenazada en los estados del norte del país, paradójicamente, por las expectativas que desató el mayor aumento al salario mínimo en tres décadas, pero la conflictividad laboral en el fondo refleja la esclerosis de estructuras sindicales tradicionales y la lucha soterrada por el control del mundo del trabajo. El movimiento huelguista de miles de trabajadores afectados por la precariedad laboral —entre 30 mil y 70 mil— en Matamoros, organizado en redes sociales, se salió de las manos del sindicato de maquiladoras de la CTM y tampoco fue advertido por los gobiernos, estatal y federal, hasta que se prendieron “focos rojos” por el temor a que se expanda y la salida de una decena de ellas a Estados Unidos.

En efecto, los sindicatos de la CTM no ocultan que los emplazamientos a huelga en la industria maquiladora podrían extenderse a otros estados fronterizos como Nuevo León, Chihuahua y BC, pero, sobre todo, la posibilidad de que la inestabilidad se agudice a partir del 1 de febrero, cuando el Congreso podría discutir las reformas a la Ley Federal del Trabajo y el artículo 98 de la OIT sobre democracia y libertad sindical, que promueve Morena para desmontar el control de las centrales priistas. Además de la revisión del capítulo laboral del T-MEC, en cuya negociación el presidente Trump y Canadá presionaron para que se elevaran los salarios en México, especialmente en la industria automotriz.

La secretaria del Trabajo dejó correr, por acción u omisión, los emplazamientos de las maquiladoras en Matamoros, posiblemente para que las empresas se ajustaran, como ya ha sucedido con una decena de ellas. Pero el coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, se percató de la gravedad de que caiga la economía estatal y el municipio, y trató de intervenir para que se conjurasen las huelgas en un momento en que la conflictividad laboral afecta a otras regiones con los bloqueos de la CNTE y la posibilidad de que el fenómeno se extienda en la frontera.

El tigre en el mundo del trabajo anda suelto entre movimientos que desbordan los causes sindicales, como en Tamaulipas, y otros como los bloqueos de la CNTE en Michoacán y Oaxaca para chantajear con la pax laboral a cambio de recursos y prebendas. ¿Cuáles sindicatos son charros y cuáles, supuestamente, democráticos?, preguntaba López Obrador a la CNTE tras 16 días de bloqueos en Michoacán, con un cuestionamiento similar al que llegará al Senado de “democracia sindical” para sustituir a las centrales obreras vinculadas al PRI por un nuevo sindicalismo de la CATEM. El tema laboral merece seguimiento.