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Escribo esta entrega el 5 de febrero, fecha en la que conmemoramos la promulgación de nuestra actual Constitución. Normalmente tenemos grandes ceremonias, loas a los héroes de la Revolución Mexicana, crónicas elocuentes de las gestas revolucionarias y un sinnúmero de actos solemnes y pomposos.

La promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos supuestamente representa la caída del régimen porfirista. Le pudiéramos llamar, en términos de AMLO, que fue la Tercera Transformación, siendo la Segunda Transformación el triunfo de la República sobre el Imperio de Maximiliano impuesto en México por Napoleón III de Francia, en donde se restablece el régimen democrático republicano, y la Primera Transformación, la acontecida en 1821 con la consumación de la independencia de México.

Pero veamos realmente estas supuestas “transformaciones”. La llamada “Primera Transformación”, realmente no se por qué se le llama Primera, si antes hubo una mucho más profunda en nuestro país, que es la de la llamada “Conquista”, que provocó el nacimiento de una nueva raza, que es la resultante de la fusión de los europeos con los pueblos originarios de nuestro continente americano.

Esta fusión se dio más bien por un fenómeno biológico, que representó la casi desaparición de la raza llamada indígena como resultado del contagio del virus de la viruela negra, que acabó con millones de indígenas, y cuya salvación representó la unión de las razas para obtener una especie de vacuna que vino a salvar a los pueblos originarios a través del mestizaje.

En esa fusión, no solamente se juntaron los genes de las razas, hubo una auténtica unión de culturas en todos los sentidos, desde lo cosmológico, religioso, cultural, culinario, del idioma, de las costumbres, creando a lo que le pudiéramos llamar como la raza mexicana (llamada “cósmica por Vasconcelos).

También la conquista provocó una paz dentro de los pueblos indígenas que se depredaban entre sí. Destacándose la destrucción del llamado Imperio Azteca que asolaba a los demás pueblos del Altiplano mexicano. Asimismo, de destruyeron las religiones sanguinaria de sacrificios humanos existentes entre muchos de los pueblos de Mesoamérica, adoptando rápidamente los indígenas la religión cristiana del catolicismo español, antítesis de sus despiadadas religiones.

Es por ello, que, si de transformaciones hablamos, la Primera a la que me refiero es la de mayor profundidad que ha existido en nuestro actual territorio.

Pero ¿qué representó la independencia respecto a la transformación de nuestro país? Estimo que, por desgracia, lo que vino a producir fue una lucha fraterna cruenta que empobreció a nuestro pueblo grandemente, debido a las constantes guerras, asonadas, golpes de Estado y levantamientos acaecidos desde nuestra independencia, provocando la caída de la producción de todo tipo de satisfactores.

Luego sufrimos invasiones extranjeras, una que hizo que perdiéramos más de la mitad de nuestro territorio y otra que, curiosamente, trajo cierto orden liberal en el país, con el Imperio de Maximiliano, pero que, con el apoyo de los Estados Unidos y el abandono de las potencias extranjeras a Napoleón III y la perseverancia del Presidente Juárez, hizo que regresaran los afanes republicanos y democráticos al país.

Pero, después de la muerte de Benito Juárez, quien, por cierto, nunca gobernó como producto del voto popular, vino democráticamente a tomar el poder el llamado Dictador Porfirio Díaz, quien, a través de la manipulación política de la democracia liberal formada por Benito Juárez, en la AMLO llamada “Segunda Transformación”, gobernó por más de 30 años a México.

Si de transformaciones hablamos, el régimen de Porfirio Díaz, sí transformó a México efectivamente, primero lo pacificó, lo ordenó en muchos aspectos, empezando por lo financiero y por establecer un orden férreo que permitió el crecimiento económico del país, construyendo por primera vez una base de infraestructura de comunicaciones en el país, a través del sistema ferroviario y de telégrafos.

Sin hacer caso omiso de los abusos cometidos por un régimen militar que no respetaba derecho humano alguno, con un sometimiento de los campesinos a permanecer en comunidades dominadas por feudales terratenientes, creados por las leyes de desamortización de los bienes de la Iglesia creadas por Juárez, el país prosperó y subió el nivel económico y estándar de vida de la población.

La llamada “Tercera Transformación”, fue un desastre nacional que mató a más de un millón de personas como resultado de la lucha por el poder por innumerables facciones de los levantados de la revolución, que vino a concluir con un Neoporfiriato traído por el PRI.

Ahora, con la llamada “Cuarta Transformación”, todo indica que las instituciones republicanas y democráticas se quieren desaparecer para llegar de nueva cuenta al poder de un solo hombre.

Como conclusión: o le apostamos a un nuevo porfirismo o seguimos luchando por nuestra república democracia. Todo quedará en manos de nosotros lo mexicanos, de nadie más.