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En el país se busca disminuir paulatinamente esta terrible dinámica que los jóvenes han adoptado, y que por supuesto, los retos que se habrán de enfrentar para que la ley no se convierta en letra muerta. Pero el suicidio es tan solo la decisión abrupta y fría que terminará con aquel problema personal, con aquella desilusión, depresión o alguna presión económica o social. Sin embargo, las baterías deben estar puestas sobre la prevención, no solo del suicidio en sí, sino de los problemas que están ocasionando que los jóvenes tomen esta decisión.

Decisiones enfocadas en políticas públicas que se necesitan para para que el joven no caiga en las drogas y el alcoholismo, la legislación que ocupamos para castigar de forma severa las conductas como el bullying o lo relacionado a los polémicos “packs”. Tanto la drogadicción, alcoholismo, como los problemas “sin solución” y el tránsito de pornografía mediante las redes sociales, son reflejo de una situación: la descomposición del tejido social.

Es la descomposición del tejido social la que está originando esta escalada de vicios, la creciente distribución y consumo de drogas, hasta la gran cantidad de contenido sexual y el fácil acceso a ellos, ha desvirtuado la “división” hasta convertirla en un problema de dimensiones tales que abona a la incidencia del suicidio. Por supuesto que es importante legislar y agregar, por ejemplo, el tema del “sexting” y “packs” al Código Penal, o bien una ley en la materia. Pero el que no exista de momento la tipificación de este delito y no existan políticas públicas para erradicarlo ha ayudado, y mucho, a que se violen los derechos de las personas, especialmente las mujeres, que son quienes más han sufrido con la violencia digital, que a su vez propician terribles depresiones, que marcarán para siempre su vida.

Y así, podremos hacer una veintena de leyes que robustezcan los castigos y las penas, o que regulen el consumo de alcohol, drogas o pornografía, ¿Cómo vamos a garantizar que estás prácticas verdaderamente disminuyan? Creo que la respuesta la tenemos todos.

El tejido social se ha ido dañando cada vez más, la dinámica social actualmente ha abonado, es difícil la situación económica, y esto ha orillado a ambos padres de familia a tener que trabajar, tanto el padre como la madre, lo que a su vez ha generado un vacío de hogar, hoy tenemos situaciones de jóvenes buscando respuestas e incapaces de hacerle frente a algún problema, o bien jóvenes capaces de denigrar la dignidad de la persona cuando comparten material pornográfico de compañeros o compañeras, sin reserva y sin remordimiento, solo porque es divertido.

El número de personas y familiares afectadas por esta descomposición crece aceleradamente y exige una revisión profunda de lo que desde el sector público se está haciendo. La delincuencia, los crímenes y los vicios, nos están obligando a ver como reconstruir las capacidades sociales e individuales que permitían tener un control social sobre las amenazas, lo que ayudaba a tener en el pasado una vida más pacífica, es impostergable reconocer que el tejido social compuesto principalmente por la reciprocidad socia, solidaridad, subsidiaridad y protección de los valores esenciales, tales como la familia, la comunidad y las organizaciones, se ha ido fracturando, hasta llegar a ocasionar pérdida de vidas.

No basta con legislar o construir más escuelas o espacios públicos, claro, es importante, pero necesitamos marcar, quienes estamos del lado del sector púbico, una estrategia que permita dar seguimiento, trabajo interinstitucional e incluir a los padres de familia hacia esa cohesión social que, antes mantenían un tejido social mucho más saludable que el que hoy tenemos.