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Carlos Urzúa renunció al gobierno del entonces Distrito Federal hace 16 años, siendo Jefe de Gobierno Andrés López Obrador. Al inicio del actual gobierno federal AMLO dio la bienvenida a Urzúa haciéndole un recuerdo chusco sobre su primera renuncia. Pues bien, Urzúa tronó más rápido de lo que nadie pronosticaba. Considero que esta renuncia más que una traición a AMLO es una fidelidad hacia México, al hacer patente su inconformidad con la conducción económica del país, a pesar de haber sido, después del presidente, el hombre más poderoso del país.

La carta renuncia de Urzúa traerá múltiples repercusiones derivadas de lo que dice. El propósito de mi Columna de esta semana es desglosar sus manifestaciones y opinar y cuestionar las mismas.

La primer parte del texto que desgloso dice:

“Discrepancias en materia económica hubo muchas”.

Esto claramente denota un desacuerdo mayúsculo en la conducción económica del país. Creo que la renuncia de Urzua no debe de terminar así, sin que el exsecretario nos explique en qué consistieron esas “muchas” discrepancias. Los mexicanos tenemos derecho de conocer las mismas, independientemente que ya sabemos muchas de ellas. Pero no es lo mismo que el pueblo oiga la “voz del amo” decir que “son opiniones de mis adversarios”, que es la “Mafia del Poder” que quiere regresar por su fueros, a que el Secretario de Hacienda manifieste en qué consistieron esas cuantiosas discrepancias en materia económica.

“Algunas de ellas {las discrepancias} porque en esta administración se han tomada decisiones de política pública sin el suficiente sustento.”

Ésto nos llama a suponer o afirmar que muchas de las decisiones adoptadas por la voluntad de AMLO no solo carecen de sustento económico, sino que, en el mejor de los casos, son decisiones políticas, y en el peor de los casos, son caprichos o locuras.

“Estoy convencido de que toda política económica debe de realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o de izquierda”. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco”.

Lo anterior, claramente nos dice que las políticas económicas adoptadas por el presidente ni siquiera se hacen empíricamente, sino impulsado por ideología, capricho u ocurrencia, sin considerar las consecuencias que las decisiones puedan provocar, Lo peor de lo manifestado, es que éstas decisiones se han tomado con extremismo ya sea de derecha (militarizar la seguridad pública del país), como de izquierda (la indiscriminada cancelación de programas sociales para repartir dinero a las clientelas electorales de AMLO). Y, sobre todo, que las objeciones y advertencias de Urzúa fueron desoídas.

“Aunado a ello, me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”.

Esta última manifestación evidencia la hipocresía con la que se conduce el presidente, al manifestarnos reiteradamente que estamos en una supuesta “Cuarta Transformación”, porque ya no habrá privilegios para favoritos y que la meritocracia nos gobernaría desapareciendo la corrupción. Ahora cabrá preguntarle a Carlos Urzúa quiénes son estos funcionarios impuestos que son influyentes incompetentes y que están ahí para aprovecharse de su cargo aprovechando las posiciones de poder que otorga el estar en la super Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Que esta renuncia sirva de advertencia severa al régimen actual de que si seguimos por el camino en el que estamos vamos a hacer un gran despropósito a las promesas de López Obrador. Esperemos que al presidente le quede claro de que tiene que hacer un serio alto en el camino, aprovechando que ha tenido la suerte de recibir estas advertencias muy al principio de su mandato, teniendo tiempo suficiente para rectificar.