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NUMERO CERO / EXCELSIOR

La exposición profusa de escándalos de corrupción e ilícitos de políticos, abogados y empresarios ligados al gobierno y entorno de Peña Nieto parece un carnaval. Cada semana sorprende con una nueva comparsa más bulliciosa que la anterior, con sus mascaradas, bailes y otros regocijos para la galería. Al mismo tiempo, vemos las imágenes de la fiesta, alegría y opulencia de los intocables de la élite política en las revistas rosas en un país vestido de austeridad. Pero aparecen con un manto protector que cubre a la mayoría de los acusados de la acción de la justicia, comenzando por el exjefe de la banda… presidencial.

La presentación pública de “pecados privados” de hombres públicos podría ser como esa fiesta popular que precede a la cuaresma, ese tiempo de la liturgia que se caracteriza por la penitencia. Por ahora, las nuevas revelaciones de viejos casos y otras acusaciones como la detención del abogado Juan Collado o del road show de medios de Javier Duarte salen a la luz en momentos convenientes para distraer frente a situaciones de crisis como la renuncia de Urzúa a Hacienda. ¿Coincidencia en política? Otras se activan intermitentemente como la persecución al exgobernador de Chihuahua o la detención del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, por las averiguaciones de Nitrogenados y Odebrecht, que se balancean entre el amparo y la cama china del manejo de opinión pública con el escándalo que borra al anterior.

Tan sólo la última semana, un juez de Morelos ordenó la aprehensión contra César Duarte, quien lleva más de dos años prófugo. Otra más de las 21 en su contra, uno más de la lista de media docena de procesos contra gobernadores del llamado “nuevo PRI” que llegó con Peña Nieto. Entre ellos, el exmandatario de Veracruz, quien desde la cárcel dijo haber pactado su entrega a la justicia y ofreció elementos que implicarían al exprocurador y al exsecretario de Gobernación. Respecto a otro de los mayores escándalos del anterior sexenio, la nueva FGR aseguró a la familia Lozoya una casa en Ixtapa por presunto soborno en el caso Nitrogenados. Y el llamado abogado del poder, Juan Collado, fue detenido por lavado de dinero como parte de una red financiera de empresas fantasmas que involucraría a los expresidentes Peña y Salinas de Gortari. También Lozoya en su estrategia de defensa salpica a sus exjefes, Peña y Videgaray, y su abogado amenaza con revelar sus responsabilidades.

Pero el agua parece llegar a los aparejos a figuras visibles de lo que López Obrador llama “mafia del poder”, a pesar de las imágenes de olas de esparcimiento, por ejemplo del expresidente y su abogado en las revistas del corazón, como si al carnaval nunca sucediera el castigo. En efecto, el engrose de la factura de viejos adversarios políticos del presidente López Obrador llena el vaso del reclamo contra la impunidad hasta casi derramarlo. O al menos ésa es la percepción del caudal de investigaciones que se acumulan en el escritorio del fiscal general, aunque la mayoría con un halo de protección envuelta en el ofrecimiento de “borrón y cuenta nueva” del Presidente a la corrupción del pasado.

Sin embargo, la exhibición de las “comparsas” podría no ser sólo una representación teatral para controlar la coyuntura, sino preparar el camino para una mayor exigencia de cuentas del gobierno a sus antecesores. Las denuncias desde las filas del anterior gobierno, o la detención del abogado de los considerados intocables de la élite política, son señales que pavimentan el camino. Aunque la decisión de reactivar la promesa de “barrer desde arriba” la corrupción en el fondo más bien obedezca a un recrudecimiento de la confrontación con la élite del poder por el nuevo rumbo de la política económica y sus efectos sobre sus intereses, por ejemplo, en la cancelación del NAIM. El gobierno lee la desinversión de empresarios mexicanos en el contexto de esa pugna y una previsible escalada del conflicto sea la repuesta política contra la corrupción. Ése es el mensaje que parece enviar el carnaval de la corrupción contra los adversarios políticos del Presidente.