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La ignorancia o desconocimiento se puede corregir si se desea, porque nadie nace sabiendo. El problema es cuando el soberbio no acepta que su actuación no es correcta; que el poder no es para destruir sino para construir.

Un individuo que no acepta la opinión de otros, expertos en algo importante, con conocimientos reales y prefiere imponer su “Ley” a como dé lugar, además de necio es un pobre soberbio o un deprimente acomplejado.

Lamentablemente pero cierto. Desde que inició el nuevo gobierno no hemos dejado de escuchar la misma canción: “Los que se fueron nos dejaron un cochinero”; es decir, todo lo que se hizo en el pasado estuvo mal. Escuchar un día sí y otro también lanzar señalamientos en contra de instituciones, de personas y observar la actuación de no pocos representantes en los congresos o en dependencias, da tristeza y pavor. Llegaron “Levanta dedos”, inexpertos, sin conocimiento y algo peor aún, con grandes resentimientos en su mayoría.

Escuchar quejarse a los “nuevos” en el poder y culpar de todo a los que se fueron, difamarlos, “enlodar” su actuación, deja mucho que desear y me hace recordar un acertado pensamiento de Ángela Merkel, Física y Política alemana, Canciller de Alemania desde 2005, que dice: Los presidentes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano, por eso se hacen elegir para gobernar, con el propósito de corregir dichos problemas. Culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre”.

Y las frases se repiten por aquellos que reciben la consigna y la siguen al pie de la letra para tratar de destruir un trabajo y personas que entregaron su esfuerzo. No se detienen a reflexionar quienes hoy reniegan de un partido político al que un día pertenecieron y se beneficiaron –con creces-, son corresponsables de aquellos que hoy, bajo otra bandera, se atreven a criticar. Seguramente abandonaron las filas de su organismo político porque no se les dio lo que pedían.

¿Creerán que cobijándolos en otros colores partidistas van a ser mejores? La verdad yo no lo creo.

Son siete meses del gobierno de Andrés López Obrador y la verdad no hay claridad en las acciones. Estamos conscientes que gobernar no es fácil, para nadie, pero eso no justifica las barbaridades que está cometiendo por su obsesión de acabar con ciertos grupos de poder. ¿Realmente tocará a los intocables? Porque los ricos seguirán siendo ricos, los pobres, los pobres serán; la clase media es la realmente la sufrida, que siempre ha sido golpeada en sus finanzas y no es justo.

La renuncia de Carlos Urzúa, Secretario de Hacienda, da una pequeña muestra de lo que debe estar sucediendo en el gabinete: imposiciones y conflictos de intereses. O sea, más de lo mismo. No creo que lo haya dicho solo porque el exsecretario de Hacienda sabe perfectamente lo que ocurre. Obviamente es algo que ni el presidente ni los involucrados, menos aún quienes le silguen van a aceptar, por lo que resulta más fácil la crítica a quien decide dejar el cargo.

En estos meses de gobierno hemos escuchado descalificaciones a todo lo que no sea del agrado del presidente López Obrador. Y la seguiremos escuchando porque los individuos no cambian de la noche a la mañana; la testarudez, lo va a acompañar siempre.

México, nuestro amado México, tiene rumbo ¡Por supuesto que sí! Porque fue construido con el esfuerzo, con el sacrificio de todos los mexicanos. Instituciones sólidas que permitieron que el país se fortaleciera y creciera. Por lo tanto. No todos en el pasado fue malo. Hay que tener presente que no son las instituciones las que fallan, sino quienes la dirigen o gobiernan.

Nuestro país nos abraza a todos sus hijos, sin motes, sin distinciones. ¡Ya basta! de confrontarnos, de poner calificativos, no somos ni “Fifis” ni “Chairos” nacimos en México por lo tanto somos orgullosamente mexicanos y tenemos un deber muy grande con esta tierra que muchos nos ha dado.