COMPARTIR

163 total views, 2 views today

La falta de respeto entre unos y otros, la intolerancia, el sentirse superior a los demás, han hecho la convivencia más difícil.

La advertencia se había expresado ya con señales de alerta muy claras que se han venido dando. Una de ellas, la más clara, es la venta indiscriminada de armas. Negocio que reditúa enormes ganancias a los involucrados.

¿Quiénes son los que participan en el gran negocio? La clase política por supuesto que permite la venta y distribución indiscriminada de armas cada vez más sofisticadas. Lo hacen, según la justificación que dan los legisladores, para que los ciudadanos puedan proteger su integridad y la de su familia en caso necesario.

La verdad de todo está oculta. Hay muchos intereses creados que benefician a empresas y personas.

Los ciudadanos, lamentablemente, son de poco interés para los políticos. En realidad, les importa el voto que los lleve al poder.

Lo sucedido recientemente en la ciudad fronteriza de el Paso, Texas, nos ha ofrecido nuevamente la dramática realidad: La fuerza de la retórica que promueve sentimientos adversos, principalmente el odio hacia otros.

Animadversión, antipatía, recelo se van anidando en la mente de quienes ven a otros como un enemigo y no un semejante.

Sentimientos dañinos que bien pueden convertirse en odio de tanto escuchar la arenga que algún político utiliza en su discurso. Es patético escuchar constantemente mensajes donde se utiliza frases ofensivas dirigidas a una comunidad latina, mexicana sin detenerse a pensar el político que buena parte del territorio que Estados Unidos posee, perteneció un día a México.

Las ciudades fronterizas han sido ciudades hermanas; comunidades qué si bien las separa un río y cada una se rige por su bandera, sus leyes, van unidas por un pasado histórico que no se puede borrar.

Es muy lamentable la masacre que desatara un jovenzuelo cuyo corazón está muriendo. Quien odia al grado de privar de la vida a un semejante sin importar que en esa trayectoria malévola y destructora encuentre niños, no puede estar en paz. Patrick Crusius, el tirador, a sus 21 años está muerto en vida por el odio acumulado.

La venta indiscriminada de armas en Estados Unidos, ha constituido un verdadero riesgo para los propios ciudadanos más que ofrecerles seguridad alguna.

Jóvenes llevando pistola a la escuela; maestros armados por si hubiera que repeler una agresión; profesionistas, empleados, todo mundo a armarse “por las dudas”.

Debe ser terrible vivir en la psicosis y enseñar a las nuevas generaciones que la fuerza esta en utilizar armas y no la razón; enseñar que se es superior por el color de piel y no por los sentimientos sanos donde el amor siempre será más fuerte que el odio. Mostrar al mundo un poderío económico con una sociedad que se desmorona a causa de los vicios y adicciones, debe ser preocupante.