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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

El proyecto político de López Obrador avanza sin encontrar mayores obstáculos de la oposición, pero eso ni significa el éxito de su gobierno ni asegura sus resultados. En el marco de la apertura del periodo legislativo, ha encontrado mayores boicots dentro de las filas de su propio partido que perjudican su gestión, en un momento clave por el flanco abierto debido al estancamiento económico y el reto de la disputa por los recursos del paquete económico 2020.

En sus primeros 9 meses, el Presidente ha consolidado su proyecto en el sentido de que no hay oposición o plan alternativo que se le oponga, no obstante errores de planeación y cuestionamientos a la implementación de la política de austeridad o al uso de los programas sociales. Ése fue su mensaje en el Informe cuando dijo que sus adversarios estaban “moralmente derrotados”, sin que éstos articularan una respuesta para rebatir consistentemente el poderoso discurso presidencial. El Ejecutivo cuenta con una sólida mayoría en el Congreso y una veintena de legislaturas estatales; tiene afianzada la relación con el Poder Judicial y un creciente acercamiento con la cúpula empresarial después de su distanciamiento por decisiones como la cancelación del NAIM de Texcoco.

Sus opositores se sienten amedrentados por expedientes de presuntos casos de corrupción de anteriores administraciones. Los gobernadores, muchos de estados sobreendeudados, han acabado por recibir a sus “superdelegados” para mantener el cauce de la coordinación fiscal y los recursos que requieren de la federación del paquete económico 2020. El dominio del “hiperpresidencialismo” parece asegurado, aunque se mueve sobre un terreno pantanoso de un movimiento amorfo cuya seña de identidad es ganar espacios de poder a cualquier precio y demostrar quién manda, incluso sobre el proyecto de su líder.

Así ocurrió en la reciente crisis del Congreso, cuando López Obrador fue desoído y por momentos rebasado por la radicalización de Morena, sin detenerse en la amenaza de una crisis institucional. Su intervención esta vez logró evitar el uso de la mayoría como ley del más fuerte, pero no ha sido un caso aislado sino un modo de obrar como de cuartel militar sin disciplina, presto al asalto al poder en varios de los congresos bajo control de su partido.

Al menos en 7 estados en que tiene mayoría junto con sus aliados parlamentarios, Morena la ha usado para imponer legislaciones a modo en casos casi paradigmáticos como el de Baja California con la “ley Bonilla” que conculca el mandato popular al extender el periodo de gobierno de su partido fuera de las urnas. También ha aplicado su aplanadora en disputas por destituciones como la Fiscalía de Veracruz o por representaciones en órganos legislativos como en Quintana Roo por el control de la mesa directiva. Con mayorías ciegas como la de la “ley garrote” de Tabasco.

Desde la oposición acusan la narrativa de López Obrador y dobles mensajes a sus huestes para explicar los “agandalles” de Morena, pero más allá, su comportamiento perjudica al gobierno y aviva los temores de regresión autoritaria que, junto con decisiones políticas erráticas, está detrás de la incertidumbre y falta de confianza de inversionistas y de los mercados hacia López Obrador. Los manotazos de su líder en San Lázaro y el llamado a apegarse a la legalidad revelan la preocupación de que Morena, como el gólem, sea una figura creada para defender el proyecto de López Obrador desde el poder, pero que se escapa fácilmente del control y provoca catástrofes.

López Obrador muy temprano ha llegado a advertir que, si se corrompe, abandonará sus filas. Su proyecto se mueve en el filo de la navaja entre la indisciplina y hostilidad de Morena a los códigos democráticos y las presiones por la falta de resultados de su gobierno en economía o seguridad. La ausencia de adversarios a la vista no implica evitar la descalificación de realidades por un bajo crecimiento, al que está atada por ejemplo la calificación de la deuda del país. Pero, paradójicamente, la viabilidad de su proyecto también está amarrada al movimiento que lo llevó al poder, al menos hasta las elecciones de 2021.