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*Por Zakie Smeke

Leila Guerriero (Junín, provincia de Buenos Aires, 1967) ganó el Premio Internacional Manuel Vásquez Montalbán (5/11/2019) en la categoría “periodismo cultural y político” que otorga El Colegio de Periodistas de Cataluña.

El jurado reconoce la trayectoria de la periodista que “a través de sus artículos, crónicas y libros, ha puesto de manifiesto la relevancia, la necesidad, la importancia y la fuerza del periodismo”.

La entrega del premio se realizará el próximo día 18 de noviembre, a las 18:30, en la Sala de Actos del Colegio de Periodistas de Cataluña.

Guerriero es periodista. Su trabajo se publica en diversos medios de América Latina y España: La Nación y Rolling Stone, de Argentina; El País, de España; Gatopardo, de México, y El Mercurio, de Chile, entre otros. Es editora para América Latina de la revista mexicana Gatopardo.

En su ensayo: “El periodismo cultural no existe o los calcetines del pianista”, (Zona de Obras, Anagrama, 2014) afirma: “El periodismo cultural no existe. Qué suerte.”  Guerriero, va trazando las características del periodismo cultural latinoamericano. La cultura abarca los conocimientos, valores, dolores, festividades; todos los ámbitos en los que se expresa una colectividad. Por ello, la editora afirma haber entrevistado a fotógrafos, escritores, pero también envenenadores, proxenetas, millonarios.

Desde su punto de vista, un periodista puede escribir sobre cualquier tema (político, deportivo, social) siempre y cuando no solo tenga que “ir, ver, regresar y contar, sino que cumpla con el requisito de “tener algo que decir sobre esa historia”.

De tal forma que la lectura del ensayo de Guerriero, “El periodismo cultural no existe o los calcetines del pianista”, me ha llevado a reflexionar sobre la importancia del periodismo cultural en México. Su historia y su tradición dentro de nuestra cultura periodística.

Del  libro, Historia del Periodismo Cultural en México, (Humberto Musacchio, CNCA, 2007) recupero algunos elementos clave de la Historia del Periodismo Cultural durante el siglo XX. El tema es tan abundante, que en este espacio me limito, tan solo, a hacer una breve mención de este tesoro nacional que a mi parecer debería difundirse con mayor amplitud.

“El inicio del siglo XX, en este ámbito, estuvo marcado por el surgimiento del Ateneo de la Juventud, conformado por Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos y Antonio Caso, al que se unieron jóvenes intelectuales y de ahí se pasó a la publicación de la Revista Savia Moderna, 1906”.

El aporte de este grupo a la cultura se resume por su oposición al conformismo durante el Porfiriato.

“El 11 de octubre de 1916 nació el diario El Universal, en 1917, bajo la dirección de Carlos González Peña, apareció uno de los suplementos culturales más importantes del siglo XX, El Universal Ilustrado, que halló su época dorada bajo la mano de Carlos Noriega Hope (su director de 1920 a 1934).

A lo largo de este capítulo, somos testigos de la aparición de varias Revistas y Suplementos Culturales que fueron surgiendo en la primera parte del siglo XX, hasta la aparición en 1943 de La Cultura en México, “Boletín de la Comisión Mexicana de Cooperación Intelectual”. Como presidente figuraba Samuel Ramos y Moisés Ochoa, era responsable de información de ese órgano que nadie recordaría de no ser por el nombre que retomó Fernando Benítez  para el suplemento cultural de Siempre! En 1962.

“En el principio, Benítez tuvo éxito al proponer el suplemento semanal México en la cultura (1949-1961) al diario Novedades. Sería un espacio clave que refrendó con eficacia algunos de los recursos que validaron sus ilustres precursores. México en la cultura fue campo de batalla, experimentación y consagración, núcleo aglutinador (sin olvidar su cuota de exclusiones) de quienes modelaron en buena medida el canon de la literatura mexicana del siglo XX, de Alfonso Reyes a Octavio Paz y Juan Rulfo, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco o Carlos Monsiváis, Emmanuel Carballo y Juan García Ponce, entre otros.

“Coincidió en el tiempo y compartió colaboradores, por ejemplo, con la segunda época de la Revista Mexicana de Literatura, que entre 1958 y 1965 estuvo a cargo de Tomás Segovia y Juan García Ponce; o con la Revista Universidad de México durante la dirección de Jaime García Terrés”.

Parafraseando a Guerriero y en acuerdo con su tesis: “El periodismo cultural no existe porque los mejores periodistas culturales son aquellos que pueden escribir sobre cualquier cosa”.

No obstante, es un requisito indispensable para el periodista (cultural o no) mantener su curiosidad infinita y su dispersión creativa; además, del propósito de  investigar sobre los temas de su interés.

Quizá, no es necesario ser especialista en todos los temas, pero sí enfocar la mirada, relacionar un tema con otro y si es necesario: “no solo informar sobre el piano, sino sobre “los calcetines del pianista” en el  momento cuando sea necesario abrir el cuadro de la información hacia otros puntos de vista.

El periodista está en la cultura y es parte viva de la actualidad. Por su profesión, a diferencia de algunas figuras de la política, no se puede dar el lujo de no poder mencionar tres títulos de sus libros favoritos.

Es requisito que el periodista  conozca a los íconos de la cultura, entre los cuales se podría mencionar a Octavio Paz, Juan Rulfo, Gabriel Zaid, entre tantos otros.

Por ejemplo, en una nota de La Jornada (2015) leemos que “Juan Ramón de la Fuente, quien tiene gran capacidad de convocatoria, ha organizado un encuentro internacional de periodismo, que incluye el cultural, en el que participan Juan Luis Cebrián, Fernando Savater, Juan Villoro, Federico Reyes Heroles, María Amparo Casar, Jacqueline Peschard, Nélida Piñón, Leonardo Curzio, Adriana Malvido, Ignacio Solares, Jorge Islas, Lino Cattaruzzi, Luis Arvizu, Rossana Fuentes, Daniel Bekerman, Manuel Castells, Francisco Valdés Ugalde y Hector de Mauleón, entre otros”, figuras relevantes del periodismo nacional.

El periodismo cultural es un oficio de autor que aspira a contar la realidad. El objetivo es narrar una historia que nos atrape, nos emocione, nos conmueva y nos haga reflexionar en los significados que transmite, más allá de los hechos.

El único límite o condición del periodismo cultural es que no podemos inventar. El periodismo busca la veracidad y la objetividad. No es ficción.

¡Felicitaciones a Leila Guerriero por este Premio ganado a pulso!

*Leila Guerriero (Junín, provincia de Buenos Aires, 1967) En 2010, su texto «El rastro en los huesos», publicado en El País Semanal y Gatopardo, recibió el premio CEMEX-FNPI. Publicó los libros Los suicidas del fin del mundo, Frutos extraños y, en Anagrama, Una historia sencilla: «Una periodista con mayúsculas que escribe una crónica que es literatura con mayúsculas» (Marta Sanz); «Un libro delicioso. Una crónica escrita con una prosa elegante que se torna poética justo en el momento justo. Una pequeña joya» (Miguel Ángel Hernández); Zona de obras: «Una pesquisa detectivesca sobre la necesidad de narrar. En otras palabras: sobre la necesidad de leer» (Juan José Millás); «El periodismo que practica Leila Guerriero es el de los mejores redactores de The New Yorker» (Mario Vargas Llosa); y Plano americano: «Un libro canónico de perfiles literarios» (Juan Cruz, El País); «Lo mejor que se ha escrito en periodismo cultural en los últimos años» (Diego Gándara, La Razón).

*Doctora en Filosofía Política

Maestría en Periodismo Político

Psicoanalista

zsmeke@gmail.com

Twitter: @z_smeke