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Número Cero/ EXCELSIOR

El Presupuesto 2020 se aprobó fuera del plazo

La mecánica con que finalmente se aprobó el Presupuesto 2020 -el instrumento más importante de un Gobierno- podría describirse como machetazo a lo que quedara fuera de la cobija presupuestal, sin que el golpe cuidara las consecuencias en la calidad de servicios como justicia, educación o salud. Claro, después de que el regaño presidencial asegurara el cobijo de programas sociales insignia de Andrés Manuel López Obrador: Bienestar y sus proyectos de infraestructura en el sureste.

Ni la presión de un archipiélago de la coalición Juntos Haremos Historia o el escurrimiento del reloj parlamentario sirvieron para evitar el machetazo a aliados y extraños en el control del gasto al campo, salud u órganos autónomos en un presupuesto restrictivo que ofrece todo menos crecer.

El Ejecutivo y su mayoría se impusieron a pesar de estar en los nuevos tiempos del diálogo y la negociación, con el rechazo de la oposición y la errática ausencia del PAN. El Presupuesto se aprobó fuera del plazo legal porque Morena calculó que una pequeña reingeniería convencería a sus bases inconformes de respaldar la visión y prioridades de la 4T con su primer paquete económico. No fue tan fácil. Tras frustrante espera, el arma blanca de un solo filo cercenó exigencias y presiones que sólo la disciplina pudo mantener en los cauces de la votación. Los votos siempre estuvieron, pero querían aprobar sin cambios la propuesta del Ejecutivo y ahogar cualquier reclamo, como otra expresión más de la vieja cultura de los moches.

El presupuesto cumple con la promesa de finanzas públicas sanas y la oferta social de repartir recursos como prioridad sobre el crecimiento económico, en contraposición con gobiernos anteriores. Lo que ofrece es austeridad, lo que no puede garantizar es que, en 2020, el filo de los recortes no vuelva a brillar si la economía sigue parada.

López Obrador agradeció a los diputados la aprobación de un instrumento que es fiel reflejo de su visión, que le permitirá ejercer los recursos sin cortapisas de “etiquetados” de las viejas negociaciones de “equilibrios” y “gobernabilidad” con estados y municipios. De modo tal que no sólo le garantizará transferencias directas en los programas sociales sin mayores reglas de operación, sino también el control y el manejo central de los recursos en su gobierno.

El mensaje es que los recursos son del Ejecutivo. También de desconfianza por creer que sólo así se garantiza la estabilidad macroeconómica frente al mal manejo de recursos y corrupción del pasado. El Presupuesto parece estar diseñado para que cualquier autoridad u órgano autónomo tenga que negociar con él las bolsas de infraestructura, por ejemplo. También existe la denuncia de intento de control político detrás del presupuesto que desliza el INE, uno de los autónomos alcanzados por el machete. En eso se traduce su agradecimiento.

Todo gobierno sabe que, en los hechos, su visión de país se plasma en el presupuesto y con mayor razón cuando defiende que más que alternancia, hay un cambio de régimen. Este, sin duda, expresa las prioridades de la 4T, tanto como las críticas a instituciones que descalifica como rémoras del pasado. Pero lo que no puede pedirse es que alumbre una nueva era con recursos muy escasos y concentrados en unos cuantos estados, en los cuales se focalizan los proyectos emblemáticos de inversión pública como el Tren Maya, Pemex, Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucia.

En suma, lo que no puede garantizar es que el machete no reaparezca si los ingresos persisten a la baja por el estancamiento económico. Si las inversiones en infraestructura no dan el resultado previsto, por ejemplo, en Pemex, o si es insuficiente para desatorar la inversión privada. Lo que no puede garantizar es que la falta de crecimiento obligue, en 2020, a otro apretón al cinturón.