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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

El esfuerzo denodado de López Obrador para evitar que las elecciones en EU contaminen el T-MEC, hasta ahora, no ha dado resultado, a pesar de la mayor disposición de un gobierno de izquierda para hacer concesiones, incluida una capitulación migratoria ante amenazas comerciales. La incertidumbre se acumula en el horizonte por no saberse si la presión en la negociación responde sólo a una lógica político-electoral o expresa profundos cambios geopolíticos que impactan la cooperación bilateral en lo laboral o externos al tratado como la seguridad, en función de las prioridades de agenda interna estadunidense.

Un año de carrera de obstáculos para sortear los humores electorales de Trump y el Congreso o el impeachment; aunque también las nuevas pistas del proteccionismo, nacionalismo económico y zonas de influencia versus globalización por las que transita la Casa Blanca. El acuerdo para ratificar el T-MEC no ha concluido tras dos años de tensión en la relación bilateral y la mezcla de temas en la negociación más allá de lo comercial. Éste es el mensaje para el segundo año de la 4T, incluso si se avala en 2019, como todavía podría ocurrir con la ampliación del proceso legislativo en EU, hasta el 20 de diciembre, sin descontar una maniobra de Trump de cancelarlo para culpar a los demócratas.

Pero el asunto no es el margen de tiempo en el Congreso de EU, que, según su líder, la demócrata Nancy Pelosi, lo votaría muy pronto. La cuestión es que representa la apertura del capítulo laboral al cabo de un año de la firma del tratado, al mismo tiempo que se agudizan presiones por modificar los términos de la cooperación en seguridad con posturas como reclasificar a los cárteles mexicanos como terroristas o el endurecimiento de la política migratoria. Hasta qué punto la decisión estadunidense de reabrirlo tiene una dimensión mayor a la comercial, por ejemplo, garantizar a sus ciudadanos en México protección ante la violencia o de su frontera por la inseguridad. ¿México podría hacer concesiones en otros ámbitos como el combate a los cárteles o la contención permanente de la migración a cambio de la ratificación?
Los intríngulis sólo los conocen los negociadores, pero el gobierno mexicano tuvo que reconocer el atorón del acuerdo por la exigencia de mecanismos de supervisión y sanción del cumplimiento de la nueva legislación laboral, después de una filtración en la prensa estadunidense. López Obrador ha rechazado la demanda demócrata por intervencionista y subordinar sus tribunales federales, las determinaciones de la Secretaría del Trabajo o del IMSS a la verificación extranjera de plantas y fábricas en el país. Su posición podría reflejar cierta fuerza para oponerse a condiciones unilaterales de sus contrapartes, no obstante la urgencia por acelerar la negociación para apuntalar la debilidad económica y evitar que el T-MEC quede en el limbo hasta después de la sucesión presidencial en 2020. Pero, más allá, la exigencia muestra la profunda transformación geoeconómica por el proteccionismo laboral y comercial que se instaló en la relación bilateral desde la llegada de Trump al poder.

López Obrador reclama a legisladores de EU haber cumplido con la Reforma Laboral y volvió a ofrecer garantías de cumplirse para destrabar la negociación, pero ni esto o antes las concesiones en migración e incluso la decisión de nunca confrontar a Trump han valido para encontrar salidas aceptables. EU parece subir el listón cada vez que se acerca la conclusión del acuerdo con planteamientos que tienen en común alinear la cooperación a prioridades de su agenda interna. Por ejemplo, preservar su economía del dumping laboral, relocalización de inversiones estadunidenses a su país y modificar los términos del intercambio comercial, tanto como blindarse contra el terrorismo y asilarse de la inseguridad o la migración en el mundo.

¿Cuáles son las prioridades de la agenda mexicana? Cómo enfrentar la nueva geopolítica y las condiciones del intercambio en América del Norte que impulse el interés nacional como prioridad más allá de la certidumbre del T-MEC para los inversionistas.