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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

La protesta de estudiantes del ITAM parece otro síntoma de un cambio generacional profundo, que se replica en actitud de cierto modo a la disolución de expectativas de futuro de los jóvenes. Como estantería de elegidos para ocupar la élite política y del gobierno las últimas tres décadas, la crisis del tecnológico visibiliza el agotamiento del modelo académico anterior del pensamiento único y sobre todo del way of life neoliberal del que se volvió un estandarte de fe en el “progresismo” cosmopolita en los viejos tiempos del TLCAN.

En los últimos días han circulado muchos testimonios y denuncias sobre sus métodos de enseñanza y de la “pedagogía de la frustración” a cambio de un futuro laboral promisorio al que estuviese dispuesto a pagar el costo, incluso, al precio de la salud o seguridad emocional. En ese ambiente se formó mucha de la tecnocracia que ha dirigido el país. Los casos que se relatan no son nuevos, tampoco los intentos por evitar abusos y atender el impacto sicológico en el ambiente universitario. Los problemas de maltrato y acoso han sido parte de la atmósfera, también hacia los profesores. ¿Por qué ahora la reacción de los alumnos que deciden poner un límite a la creencia aceptada que iguala excelencia con exigencia? Pero el malestar universitario no es exclusivo del ITAM, que comparte con otros la irrupción del desencanto de los jóvenes o la “ola” verde de las mujeres como dos de los mayores excluidos de la seguridad y el derrumbe del salario en el mercado laboral en la nueva era de las redes sociales. ¿Cuándo la elevación del mínimo alcanzará para revertirlo?

La UNAM enfrentó un paro en Filosofía y Letras, que mujeres estudiantes mantuvieron tres semanas en protesta contra la violencia de género. La huelga ahí no es un recurso nuevo, pero destaca una reivindicación común a las mayores protestas de mujeres contra el feminicidio en el país. También ahí la mayoría son jóvenes que plantan cara a las autoridades para decir basta al problema inveterado de la violencia machista contra ellas. Podrían atribuirse las protestas a los casos de feminicidios sin resolverse en la UNAM —500 denuncias por acoso— o en el ITAM al suicidio de la estudiante Fernanda Michua —la segunda en pocos meses—, pero no alcanza para explicar la extrañeza por lo no antes visto en ambientes tan diferentes como un centro de “excelencia” y anterior canal de ascenso social en un país con escasa movilidad; al igual que en una universidad pública que en las últimas décadas desacralizó el viejo sueño de la educación como seguro de futuro y empleo.

El ascenso de egresados del ITAM al poder estuvo ligada a los estratos de privilegio de origen de su alumnado, pero las facilidades comenzaron a cambiar el sexenio anterior y hoy afrontan la precarización y la violencia de género como los jóvenes de otras universidades. Las debilidades estructurales del empleo que a la generación millennial condena a un nivel de vida inferior del que alcanzaron sus padres. Y peor aún, herencias que abren riesgos de rupturas generacionales como las pensiones o beneficios fiscales para las actuales generaciones. ¿Por qué entonces callar?

Por ejemplo, los jóvenes que trabajan pueden aspirar a jubilarse —en promedio— con 26% del salario, mientras que hay jubilados del antiguo “sistema de reparto” que obtienen 100% como empleados de paraestatales, lo que significa que los millennials, aunque no lo sepan, pagarán las pensiones de sus mayores y no alcanzará para las suyas. Otro punto de colisión, como ha documentado el CIEP, es el sistema fiscal que beneficia a actuales generaciones con altos ingresos. El esquema es regresivo y las anteriores reciben recursos de las nuevas sin los mismos derechos de protección social. El gasto en pensiones representa 71.7% de los impuestos que pagan las generaciones con edades entre 18 y 37 años.

Los datos hablan del desafío para la solidaridad generacional. Los millennials no son una generación de cristal ni las protestas de mujeres una moda pasajera, sino las nuevas oposiciones más allá de los partidos y las tendencias que marcarán la década que comienza con el nuevo año 2020.