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Os lo aseguro:

Al interior del Gobierno se da un debate ideológico, político y económico.

El punto de partida es el estancamiento de la economía.

A fines de 2019, cuando la situación tomaba un rumbo preocupante, porque no crecer significa constreñir las inversiones y no generar empleos.

Entre otra cosas, claro, porque atrás está la confianza y si no la hay, no habrá inversores para arriesgar cuando se han suspendido obras como el aeropuerto de Texcoco.

Por ello hacia el último trimestre el Gobierno de la Ciudad de México –el de Claudia Sheinbaum– se hicieron distintos diagnósticos y, conocedora del tema, se centró en la industria de la construcción.

Es la actividad calibradora de una economía subdesarrollada: si se estanca, paraliza a inversores, sean constructores, de la transformación o de la industria tecnológica

Por tanto, se crearon incentivos.

Pero los resultados no fueron tan robustos y se vio la insuficiencia de esfuerzos fiscales, de reglamentos, de supervisión y de una normatividad laxa para recuperar el crecimiento.

ROMO Y HERRERA SON MANO

Después de esto siguieron las angustias.

Quedó sembrada la crítica de Carlos Urzúa, ex secretario de Hacienda, por abandonar la ortodoxia en estos tiempos de apertura mundial, quiérase o no.

En consecuencia, al interior del gabinete aparecieron los partidarios de un y otro signo y comenzaron los debates al mayor nivel, con el Presidente de espectador interesado.

El más liberal, no hace falta decirlo, es Alfonso Romo Garza -lo secunda Arturo Herrera-, quien ante propios y extraños se autodefine como un “optimista irredento” y con ese espíritu gestor de empresarios de todo signo.

Lleva la delantera.

Además de jefe de la Oficina de la Presidencia, ahora es coordinador del gabinete económico con encomiendas muy específicas:

Ortodoxia energética, relación Gobierno-sector privado, fomento de las inversiones, atracción de capitales internacionales, regreso de capitales mexicanos, crecimiento económico y, ojo, cambio de la normatividad.

Dicho en otros términos, puede haber cambios en la política del actual Gobierno en doble vía: reformas legales y recuperación de convenios firmados en el pasado.

Sí, en el sexenio de Enrique Peña.

Él habla de cambios en la norma y la ley, pero quizá por prudencia no cita otro elemento a combatir: el discurso rijoso del poder, capaz de asustar a nacionales y foráneos.

ENCUENTRO INÚTIL EN SALUD

No esperemos noticia este jueves.

Los gobernadores panistas estarán con el secretario Jorge Alcocer para hablar del Insabi.

Los mandatarios, liderados por Martín Orozco y Francisco Domínguez, reclaman una sola garantía no ofrecida hasta ahora por el Gobierno:

-Mantener las partidas para pagar los servicios de salud en los estados.

Esperarán al fin de semana un encuentro en Palacio Nacional para tomar una decisión de sí o no… si hay recursos, claro.

Y 2.- Qué fácil fue detener a un sobrino de Rafael Caro Quintero.

Claro, no era Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, pero con planificación todo es posible y la población está a salvo.