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Hay quienes consideran que el ser jefe, es decir, ocupar un cargo, significa ser el líder. Definitivamente no es así.

Hay mucho que razonar en cuestión de los diferentes tipos de liderazgo, porque sí es preocupante que los jóvenes y los niños no estén observando a personajes –hombres o mujeres- con una verdadera estatura de líderes.

En lo personal me siento decepcionado por lo que ha estado ocurriendo en México, que, si bien no merece traiciones, tampoco merece que se le exhiba ante el mundo como lo peor.

Porque escuchar hablar de “corrupción” un día sí y otro también a quien ostenta la Banda Presidencia sin que haya un solo detenido, enjuiciado y sentenciado, parecería más una venganza política que deseo de hacer justicia.

Un buen líder, convence con sus acciones no sólo con verborrea sin argumentos firmes. Donde las palabras son falsedades pretendiendo se conviertan en verdad, algo que no ocurrirá.

México requiere de quien ejerza un buen liderazgo; un gobernante que realmente gobierne no que se la pase en campaña permanente, insultando, denostando a quienes consideran adversarios, o lo que es peor, enemigos sólo por no pensar igual.

México requiere de hombres y mujeres con valor civil para aceptar los errores del pasado, pero dispuestos a construir un presente para dejarlo a las futuras generaciones.

En México necesitamos hombres y mujeres dispuestos a luchar todos juntos para llevar a esta nave en la que vamos todos y amenaza con hundirse si no se le rescata.

México está urgido de un líder que gobierne para todos no sólo para un sector de la población. Necesitamos que vea y señale la corrupción existente en otro lado, pero también donde está parado. Y en ambos casos que las autoridades encuentren a los culpables y los hagan pagar su culpa.

Se tiene que medir con la misma vara.

Nuestro país requiere de individuos con gran fortaleza; que posean empatía con las familias que sufren la pérdida de un ser querido. Nadie desea monumentos; queremos que ese dinero mejor se destine a la compra de medicinas para los enfermos.

Urge equipar hospitales, dotar de equipo y materiales a los médicos; no olvidemos que son seres humanos que han estado luchando por salvar vidas en esta pandemia. Un monumento ¿para qué? Viudas, padres, hijos, merecen respeto; no pretender comprar silencio.

La vida de un ser humano no tiene precio. Los doctores y todo el personal de la Salud, que han trabajado incansablemente aún sin la protección debida por parte de un gobierno irresponsable que los ignoró, siguen en pie de lucha. Algunos de ellos han caído en el cumplimiento del sagrado deber de salvar vidas.

No puedo dejar de mencionar a los niños con cáncer, a quienes se les suspendió su tratamiento. ¿Qué puede decir un gobernante que no ha dirigido la mirada a tantos pequeñitos enfermos? Acaso, era más importante utilizar los recursos para construir sus caprichos, que comprar tratamientos para la recuperación de ellos, los niños.

Observamos por ahí algún agitador en el Congreso, así como mentirosos y corruptos también; aunque la verdad, urgen líderes en el país, no los vemos.

De que los hay, por supuesto que debe haberlos. Sólo falta descubrirlos. Gente buena, pero con carácter. Preparados no arribistas. Que amen la verdad y no engañen más con mentiras.

México necesita un verdadero líder capaz de unir voluntades, no individuos que dividan más al país.