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La despenalización del cannabis para uso medicinal, lúdico y empresarial, la cual para algunos es la panacea que terminaría con la criminalización de los consumidores recreativos, daría acceso legal a la mariguana para aliviar los malestares de infinidad de dolencias y enfermedades, así como para disminuir la violencia de los cárteles.

Los pragmáticos insistieron en que en México no se necesitaba la despenalización para conseguir mariguana para uso medicinal y lúdico, pues miles de tienditas y vendedores en todo el territorio nacional estaba presto para surtir la popular hierba a precio módico, pero nadie fue ingenuo en señalar que con la despenalización del cannabis ya no habría tanta violencia de los narcotraficantes.

Otros vieron la oportunidad de hacer negocios con productos derivados del cannabis, pero ninguno recordó la satanización que durante décadas tuvo la mariguana, desde que Estados Unidos se opuso a su despenalización en México.

Pocos estaban informados de que el presidente Lázaro Cárdenas despenalizó las drogas en febrero de 1940 con el Reglamento Federal de Toxicomanía, que eliminó como delito el consumo, posesión y venta de droga, y a las personas con problemas de abuso de estupefacientes los consideró enfermos.

Con este reglamento, el Estado monopolizó la venta de fármacos considerados drogas, por lo cual el tráfico ilícito continúo siendo perseguido por la ley. Se abrieron dispensarios a cargo de Salubridad Pública, para que suministrara dosis como tratamiento a quienes dependían de una sustancia sicoactiva.

Pero el gobierno de Lázaro Cárdenas, que estaba por terminar, recibió duras críticas de Estados Unidos, y esta oposición hizo qué en junio de 1940, a cuatro meses de su aprobación, el Presidente Cárdenas decretara la suspensión del Reglamento Federal de Toxicomanía.

El cannabis llegó a América en las carabelas de Cristóbal Colón, venía en las velas de los barcos; en las vestimentas de los marineros, sus semillas eran el alimento de las aves que traían, las cualidades textiles del cáñamo fueron muy apreciadas en el Nuevo Mundo y lo cultivaron en gran escala, hasta que inició el cultivo del algodón, y para proteger la nueva industria algodonera, terminaron con el cultivo del cannabis. Luego por razones de rentabilidad fue prohibida hasta nuestros días, y allí aparecieron los narcotraficantes.

De las propiedades medicinales del cannabis se han escrito infinidad de libros, uno de ellos: Mariguana, la Medicina Prohibida, escrita por Lester Gisspoon y James B. Bakalar, ambos profesores de la Universidad de Harvard, quienes realizaron una extraordinaria recolección de testimonios, dando a conocer las bondades medicinales del cannabis y los malestares y dolencias en que puede utilizarse.

Estos datos seguramente los ignoraron los diputados, que el pasado 20 de noviembre despenalizaron el uso medicinal, lúdico y empresarial de la mariguana: quizás por ello, la controversia más conocida de los legisladores y ONG sobre el particular, es que unos creen que la despenalización impulsará la economía y otros consideran que el negocio será para las empresas extranjeras, pero ninguno se preguntó ¿Cuál será la actitud de los cárteles de las drogas ante esta nueva realidad, permitirán que otros hagan el negocio o lo seguirán manteniendo de manera legal?

Lo cierto, es que lo aprobado por los diputados tiene muchas aristas y lados oscuros que por ignorancia no fueron contemplados ni discutidos. Pero eso no importa, se aprobó la despenalización para distraer la atención de los mexicanos de los graves problemas de México que requieren solución: pandemia, crisis económica, inseguridad, feminicidios, abusos sexuales de niños y adolescentes, desapariciones, secuestros, extorsiones, etcétera.

Pero aprovechando la euforia que desató la despenalización, bien harían los “levantadedos” en aprobar que el Estado les otorgue a los mexicanos de edad madura dosis de mariguana, para quien la acepte, puede eliminar muchos de sus malestares físicos y mentales, entre ellos: la soledad, el abandono, la pobreza, la depresión y una vejez menos fatídica y más llevadera.