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En esta entrevista, el dirigente nacional del PRI confronta a Morena, habla sin filtros sobre el poder, la oposición, las traiciones internas y la presión personal en un país que, advierte, camina hacia el autoritarismo
Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, conocido en la escena política nacional como “Alito”, es una figura que genera tanto adhesiones incondicionales como críticas encendidas. Nacido el 25 de abril de 1975 en San Francisco de Campeche, este abogado de formación ha transitado por casi todos los cargos de elección popular: síndico, diputado federal, senador y gobernador de su estado natal. Desde agosto de 2019, dirige el CEN del Partido Revolucionario Institucional, del que es un militante de cuna y al que define como “el pueblo hecho partido”. En esta entrevista,se muestra directo, confrontativo con el gobierno de Morena y convencido de que el PRI es la única fuerza con experiencia para rescatar al país de lo que califica como un régimen autoritario y corrupto. Aborda temas como la oposición, traiciones internas, seguridad, relaciones con Estados Unidos y su trayectoria personal, sin evadir acusaciones en su contra. Las fotografías son del fotoperiodista Antonio Caballero, capturadas en un entorno que pasa de lo personal a lo político.
I de II partes
La conversación con Alejandro “Alito” Moreno, presidente del CEN del PRI transcurre sentados frente a frente —en sus oficinas de la presidencia, en el edificio sede tradicional del PRI en Insurgentes Norte de la Ciudad de México—, en una mesa de trabajo sin adornos, donde los papeles, una carpeta roja y las anotaciones a mano marcan el ritmo de la entrevista. Él escucha con atención, inclinado hacia adelante, sin distracciones. No revisa el teléfono, ni evade la mirada. Juega brevemente con los dedos mientras procesa las preguntas y no rehúye a ninguno de los temas planteados. Su tono es directo, a veces áspero, descarnado, sin concesiones, y el ambiente es más de intercambio político que de pose institucional. Aquí no hay discurso leído ni frases ensayadas para la cámara.

—Sin duda, esta pregunta de inicio tiene que ver con un episodio que resonó mucho en redes sociales: el incidente que, a finales de agosto de 2025, durante una sesión de la Comisión Permanente, tuvo con Gerardo Fernández Noroña. Por cierto, ¿no lo invitaron a usted a la reciente develación de su cuadro como expresidente, en el Senado la semana pasada?
—La verdad es que el pueblo de México está absolutamente harto de ese tipo de personajes. No solo por el cinismo y la corrupción, sino porque representa lo peor: él es un cobarde, un hipócrita y, sobre todo, un misógino agresor con las mujeres. Eso es lo que representa Morena. Aquel día se cruzaron todos los límites del respeto; había faltado de manera excesiva a las legisladoras y alguien tenía que ponerlo en su lugar. Y sucedió lo que sucedió: una cachetada, dos pescozones y salió corriendo. Si yo le hubiera puesto dos madrazos, créeme, no estaríamos hablando de esto. Para bien del país, creo que su carrera política está totalmente liquidada. No veo ninguna oportunidad en ese personaje patético, es un patán. Y el pueblo de México lo sabe.
También lo que hizo a nivel internacional fue una barbaridad, y avergüenza no solo a la política, sino al Estado mexicano. Tuvo la oportunidad enorme de ser presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República y lo que proyectó al mundo fue vergüenza. Ilustra perfectamente lo que es este gobierno de Morena y su partido: ineptos, corruptos, brutos. Te lo digo sin rodeos: son incapaces de gobernar. A nosotros, a los priistas, nos pueden criticar muchas cosas, pero el pueblo sabe que tenemos experiencia, que damos resultados y que sabemos gobernar mucho mejor que ellos. Y como veo que haces ojos de incredulidad, te lo digo de frente: me puedes preguntar cualquier dato, comparamos cualquier gobierno. Soy totalmente abierto a eso.
—La percepción pública indica que, tras ese episodio con Fernández Noroña, muchos ciudadanos que antes lo veían con recelo cambiaron su opinión. ¿Sintió ese viraje en la calle, ese reconocimiento a una actitud de defensa?
—Sí, lo percibí. Sabes qué pasa: la política es buena. Es una profesión que ayuda al país, que ayuda a la sociedad. La denostan sistemáticamente, pero la política suma, construye acuerdos. Cuando hay ausencia de política se dan las guerras y los conflictos. Cuando hay buena política, diplomacia y acuerdos, no hay guerras. La política es buena; lo que sobran son malos políticos. No se puede meter a todos en la misma bolsa.

Por ejemplo, yo puedo reconocer errores, no soy perfecto, soy ser humano. Pero hay límites que no se cruzan. Ese día él cruzó todos: misógino, grosero, agresor verbal, faltó al respeto a las legisladoras, a las mujeres. El tema fue porque ya había faltado excesivamente al respeto a las legisladoras. A ese tipo había que ponerle un alto, y se topó conmigo o con el PRI, como quieras verlo. Somos políticos y atendemos la política, pero también hay límites. Yo, por lo menos, jamás voy a permitir que se le falte el respeto a una mujer.
—Hablemos del PRI. Es un lugar común decir que el partido está acabado, que es un fantasma del pasado. ¿Cómo rebate esa idea desde la dirigencia?
—Mira, ¿sabes cuántas veces he escuchado lo del PRI? Por lo menos desde el 2000, cuando decían que ganaba Vicente Fox y que el PRI iba a desaparecer. No sólo fuimos una oposición responsable, firme, contundente; gobernó Acción Nacional 12 años, y el PRI regresó y ganó la presidencia en 2012. El PRI es el pueblo hecho partido, nosotros construimos este país, aunque no les guste. Once de las doce líneas del metro las construyó el PRI —por cierto, a nosotros no se nos cayó ninguna—, y hacíamos bien las cosas. ¿Quién construyó el IMSS? El PRI. ¿Quién construyó el Issste? El PRI. ¿Quién construyó el Infonavit? El PRI. ¿Quién fortaleció el sistema gratuito educativo obligatorio para que niñas, niños y jóvenes tuvieran oportunidades? El PRI. Somos el gran arquitecto de este país: el PRI construye y crea, Morena destruye.
Como lo digo y lo sostengo, no somos perfectos, cometimos errores, pero aprendemos y rectificamos. El pueblo sabe que con el PRI en el gobierno —al menos en el último, que entregó un país creciendo al 2.5 por ciento, con 4.3 millones de empleos en 6 años, 4.8 millones de apoyos a jóvenes emprendedores, entre las 15 principales economías globales y las 10 potencias turísticas—, las cosas estaban mejor. Hoy crecemos a menos del 0.5 por ciento o 1 por ciento, si es que se crece. ¿Dónde está la gasolina a 10 pesos que prometieron estos farsantes? ¿Dónde los medicamentos gratuitos en hospitales? Ni hay medicamentos. 230 mil homicidios, 70 mil desaparecidos en este sexenio. Nosotros construimos el tren Chepe hace 67 años: cero accidentes. Ellos, el Tren Maya: más de 500 mil millones de pesos, 14 muertos, 7 años. Ese es el PRI: sabemos gobernar, aunque no les guste, y aquí estamos.
—Dentro de su propio partido hay críticas fuertes. Antiguos priistas, algunos expulsados, hablan mal de su actual gestión, dicen que se quiere apoderar del partido y que hubo trampa en su reelección. Incluso usted mismo se ha referido a ellos como “traidores”.
—Y les agrego que, además de traidores, son cobardes, corruptos, timoratos y faltos de carácter. Son una bola de ingratos; el PRI les dio todo, y a nombre del PRI obtuvieron eso. La militancia y los ciudadanos les dieron el voto para que estuvieran en todos los cargos. Hablan mal de mí porque querían estar aquí, pero lo que buscaban era hacer un pacto con el gobierno por miedo; deberían estar en la cárcel, y fueron a Morena a un pacto de impunidad.

Todos los que mencionas, no es porque algo tengan, es fácil ver dónde están: ¿los ves en la oposición dando la batalla contra este régimen de Morena? No tienen dignidad ni vergüenza. ¿Qué opinaba López Obrador de ellos? Que eran ratas y corruptos. Pero hoy están incorporados a Morena. ¿Por qué? No tienen carácter: no tienen huevos, como decimos los mexicanos, y si les falta yo les presto. Son parte de la destrucción de este país; se fueron para que no los metieran a la cárcel, esa es la realidad. ¿Dónde están? ¿Tú los has visto atacando a Morena? Pues no.
—Hablemos de esa reelección. ¿Quién fue su principal competidor y detractor en la contienda interna y cómo fue el proceso?
—Mira, fue una elección abierta y libre. Yo me registré con Carolina Viggiano y un proyecto. Se registró Ivonne Ortega, hoy en Movimiento Ciudadano. Todos esos que dices se fueron a apoyar su candidatura. ¿Y sabes con qué porcentaje gané? Con el 92 por ciento de los votos de la base. En Yucatán, tierra de Ivonne, le gané 10 a 1. Luego, en la votación del Consejo Político, obtuve el 97 por ciento. Ahí están los resultados. Que digan lo que quieran, los números no mienten. Ellos entregaron gubernaturas por miedo, yo les gané en los 32 estados —expone.
Luego, con visible satisfacción, Alejandro Moreno detalla los mecanismos de su elección y reelección, apelando a los estatutos y a la validación del INE y el TEPJF. Rechaza de plano cualquier acusación de irregularidad y se presenta como el líder legítimo, respaldado por la amplia mayoría del partido.
—Hay una leyenda persistente: que la presidencia de López Obrador en 2018 estuvo pactada con Enrique Peña Nieto; que hubo una orden para que los priistas no votaran por su candidato, se abstuvieran de asistir a las urnas o de plano votaran por Morena y su candidato. ¿Esto es cierto?
—En este país se construyen muchas leyendas. Yo hice todo lo que permitía la ley para que José Antonio Meade fuera candidato y ganara. Era un hombre íntegro, preparado. El resultado es lo que ocurrió: Morena ganó la presidencia. No ganamos. ¿Por qué perdió el PRI? Por soberbia, por arrogancia, por no escuchar a la gente y por no señalar con claridad actos de corrupción que se dieron. Eso nos alejó. Fue un voto de castigo, sí. Pero luego quieren echarle la culpa al PRI de todo. Si hay que echar culpas, échenle también la culpa al PRI por crear el IMSS, por electrificar el país, por hacer las carreteras. Los hechos están ante los dichos —señala.

Su análisis de la derrota de 2018 es autocrítico en lo discursivo, pero rápidamente vuelve a la contraofensiva, responsabilizando a los “impresentables” que luego se fueron a Morena. Rechaza la idea de un pacto secreto y sostiene que la elección se perdió en las urnas, por errores propios y por el desgaste acumulado. Sin embargo, insiste en que el partido como institución no es culpable de los delitos de individuos, y pide que se castigue a quien haya cometido faltas, sea del color que sea.
—En la actualidad, hay un tema doloroso: el asesinato de periodistas. ¿Cómo vive eso un político que también es blanco constante de los medios?
—Es criminal, terrible lo que está ocurriendo. Hoy ser periodista es un acto heroico. Los asesinan, los amenazan. Estos cínicos de Morena los detienen. Y luego quieren culpar al PRI de cosas del pasado. A mí, por ejemplo, me dicen: “Ustedes son responsables del 68”. En el 68 ¡yo ni había nacido! ¿Qué tengo que ver? Condenamos todo acto de violencia, pero no se puede estigmatizar a una institución por siempre. Yo soy franco y directo con los medios, no tengo nada que ocultar.
Agradezco a los valientes que, como tú, y otros más, siguen informando a pesar del cerco y la presión. Reconozco a los medios de comunicación valientes, heroicos por estar haciendo noticias en medio de toda esta presión de gobierno; por eso estoy muy reconocido a los medios que nos dan apertura y siempre lo agradeceremos, siempre los defenderemos. Saben que siempre cuentan con nosotros para apoyarlos y respaldarlos, porque juegan un papel fundamental, pero está claro que hay un cerco mediático para el PRI y para mí —subraya.
El dirigente nacional del PRI habla del temor legítimo por su seguridad y la de su familia, pero lo enmarca como un riesgo asumido en su lucha política. Niega con rotundidad todas las acusaciones de enriquecimiento ilícito y desvío de recursos en Campeche, asegurando que ha vencido en todos los procesos legales y que las evidencias presentadas en su contra son fabricaciones. Su narrativa es la de un hombre acosado por un gobierno que quiere silenciar a la oposición.
—En lo personal, ¿cómo lleva la presión? Las acusaciones de Layda Sansores, en su “Martes del Jaguar”, los procesos de desafuero que penden sobre usted… ¿Habla de esto con su familia?

—Mi esposa Christelle es una gran mujer, valiente, siempre a mi lado. Mi madre, Yolanda Mercedes Cárdenas, sabe que todo es mentira. Lo importante es lo que piensen ellos, no el resto. ¿Me preocupa? Claro. Tengo tres hijos pequeños. Pero lo que me toca es defender este país para que ellos tengan un futuro con leyes e instituciones. A estos corruptos narcopolíticos les digo que me van a tener que matar antes de que me calle. No soy cobarde.
Les he ganado todos los juicios, todas las acusaciones son falsas, inventadas para persecución política. Se metieron con mi madre, y eso duele, pero aquí estoy, firme. Es el estilo de este gobierno autoritario: fabricar calumnias. Pero te digo que cruzaron todos los límites al meterse con ella. Les he ganado todos y cada uno de los juicios que me han puesto. No tienen una sola prueba. La propia gobernadora ha dicho que no pueden acreditarme nada, pero que entonces van por la extinción de dominio o la expropiación. ¿Te das cuenta? Inventan, y yo les gano. Pero cada vez que lo hacen, demuestran su verdadero rostro de monarca y yo lo uso para acreditarlo a nivel internacional. Esa persecución es la que denunciamos.
—Ha sido gobernador de Campeche, su estado natal y conoce de la gran importancia del tema seguridad, ¿cuál es su balance y qué haría distinto frente al terrible panorama que vive el país?
—Fui gobernador de Campeche cuatro años. ¿Sabes cuál fue el estado más seguro del país por tasa por cada cien mil habitantes en esos cuatro años? Precisamente Campeche, que hoy con Layda Sansores es un desastre. Nosotros sabemos gobernar. La seguridad no se resuelve con abrazos, sino con estrategia, inteligencia y coordinación. Hoy el crimen organizado controla territorios, y este gobierno hizo un pacto con ellos. Nosotros combatimos al crimen, no pactamos con él. Hay que darle certeza a la gente, y eso sólo se logra con autoridad legítima y profesional.
Alejandro Moreno se extiende en su experiencia en Campeche, presentándola como un caso de éxito en un país que se desmoronaba en seguridad. Critica ferozmente la política de “abrazos, no balazos”, a la que responsabiliza del aumento descontrolado de la violencia y la impunidad. Para él, la receta es clásica: fortalecer a las instituciones, coordinación real y una colaboración internacional que el gobierno actual rechaza por soberbia.
—¿Considera que hay que aprovechar la colaboración como la que pide el presidente Donald Trump? Él ya ha dicho que será implacable con los carteles.
—Trump ve la realidad. Cierto, ha dicho que será implacable contra los carteles y que ordenará el tema migratorio. Y lo está haciendo. Más de 700 mil estadounidenses han muerto por fentanilo. ¿Quién tiene la tecnología, la inteligencia, la capacidad? Estados Unidos, y aquí lo rechazan con una falsa narrativa de soberanía. ¿Saben por qué? Porque si entra esa colaboración seria, los primeros que van a la cárcel son esta bola de narcopolíticos de Morena. Están metidos hasta el cuello.
La cooperación internacional no es una violación a la soberanía; es sentido común para combatir una amenaza transnacional. Trump tiene una política implacable en el combate al crimen organizado, apoyado por su secretario de Estado Marco Rubio, un experto en política internacional ante el nuevo orden geopolítico. Lo ha señalado: colaboración, cooperación, coordinación y trabajo en equipo. El gobierno estadounidense tiene la estrategia, el poder bélico, los instrumentos de inteligencia y la tecnología para afrontarlo. Por eso este gobierno rechaza el apoyo, que incluye tecnología, equipamiento, capacitación y formación. Morena tampoco quiere colaboración porque eso implicaría encarcelar a quienes están metidos en el narco y el crimen organizado. Con una falsa narrativa de soberanía, pretenden construir una dictadura, romper la democracia y destruir México. Todos los organismos internacionales ven lo que hace Morena.

Lo que necesitamos es colaboración, buena coordinación, diálogo con Estados Unidos y generación de empleos; esto no tiene que ver con la soberanía. Morena maneja una narrativa populista de izquierda y apoya a Maduro, al dictador de Cuba o al de Nicaragua, sin condenar violaciones de derechos humanos o el encarcelamiento de periodistas. Sin duda estoy a favor de una relación de cooperación táctica con Estados Unidos en materia de seguridad y sin complejos.
—Volvamos al tema del PRI y su futuro. Para ganar en 2027 y 2030, ha insistido en la necesidad de una coalición opositora amplia. Pero el PAN ha dicho que no, y Movimiento Ciudadano es impredecible… ¿Entonces hay realmente un bloque opositor formal?
—Es matemática pura. Si vamos separados, Morena gana. Si sumamos votos, ganamos. En Chihuahua, en Michoacán, si la oposición va unida, gana; si va dividida, pierde. El PRI siempre ha sido pro coalición, ha puesto en riesgo sus votos por el bien mayor de sacar a Morena del poder. Pregúntales a los alcaldes del PAN en capitales que ganamos juntos, como Durango o Zacatecas, si quieren ir solos o en coalición. Te dirán que “juntos”. Los que rechazan la coalición o están muertos de miedo o ya trabajan para el gobierno. Movimiento Ciudadano es un esquirol, vota con Morena. Pero la ciudadanía debe exigir la unión. Hay comunicación institucional, en las cámaras, entre dirigencias estatales. No es que nos veamos a diario, pero se habla de este tema. El problema es que luego declaran una cosa públicamente y en los estados hacen otra. En lo local, muchos entienden la necesidad de ir juntos para ganar.
Por ejemplo, el PAN dice que no a la coalición a nivel nacional, pero pregúntale a su alcalde en Zacatecas cómo ganó: lo hizo con los votos del PRI. La realidad es tozuda. Movimiento Ciudadano es un instrumento de Morena, vota con ellos, pero al final, si no hay unión y Morena lo gana todo, la gente sabrá a quién culpar. El PRI cumplió con su parte. Con ejemplos concretos de elecciones locales, argumenta su tesis de que la unidad es la única vía.
Alejandro Moreno critica “la brillante idea” de ir separados y acusa a los demás partidos opositores de egoísmo y miopía. Para él, es una cuestión de pragmatismo y patriotismo: “defender el país está por encima de los intereses de cúpula partidista”. Su mensaje es claro: sin el PRI como núcleo de esa coalición, no hay victoria posible. Su estrategia parece ser presionar desde lo local y dejar en evidencia las contradicciones de los otros partidos. Confía en que el pragmatismo electoral de los actores en los estados termine por imponerse sobre las declaraciones grandilocuentes de las cúpulas nacionales.
—En sus intervenciones públicas usted menciona mucho a Morena y a la presidenta Claudia Sheinbaum, como una sola entidad. No hace distinción entre ella y su partido. ¿Me lo podría explicar?
—Ella ganó la presidencia en el modelo democrático que aún tenemos, y respetamos la investidura. Pero el modelo de gobierno es el mismo: el de la destrucción, la corrupción y la ineptitud. Los más de 230 mil homicidios, los desaparecidos, la falta de medicamentos, la destrucción del Poder Judicial… son hechos de su gobierno y del partido que la llevó. Es el mismo régimen. Ella dice una cosa, pero los hechos son otros. Y como vemos, no la respetan ni en su propio partido. Nosotros respetamos la institución, pero señalamos los hechos con toda firmeza —dice.
El dirigente del CEN del PRI se niega a separar a la presidenta del proyecto morenista. Aunque formalmente reconoce su triunfo electoral, la considera parte integral de una maquinaria de poder que, a su juicio, está destruyendo al país. Menciona escándalos de corrupción como la “estafa maestra” o el “huachicol fiscal”, insistiendo en que la raíz del problema es sistémica y no cambia con la persona que ocupe la silla presidencial.
—¿Qué opina de la reforma electoral que plantea, la que usted llama “Ley Maduro”?
—Es para destruir a sus propios aliados y al sistema de partidos. Quieren el control total. El Verde y el PT la apoyan hoy, pero esa ley los aniquilaría después. Es un suicidio. Quieren una democracia a modo, donde solo ellos compitan. Nosotros emitimos un comunicado durísimo en contra. Esa reforma es el clavo final al ataúd de la democracia mexicana. Por eso hay que resistir y denunciarla en todos los foros.

A la reforma la describe como un instrumento de control hegemónico, similar a las leyes aprobadas en Venezuela para cerrar el espacio democrático. Advierte que los partidos pequeños que la apoyan serán las próximas víctimas, una vez que Morena ya no los necesite. Su oposición es total y la enmarca como una batalla definitiva por la sobrevivencia del sistema plural.
—Un tema de mecanismos podría ser posteriormente el voto obligatorio. ¿Estaría usted a favor?
—Es una responsabilidad ciudadana. Eso eliminaría el acarreo, la compra de votos y la manipulación con programas. Hubo 40 millones de mexicanos que no votaron en la última elección. Necesitamos que la gente participe. Eso, al par de una segunda vuelta, son instrumentos que pueden mejorar nuestro modelo democrático. Sí, tiene un costo, pero te digo algo: sale más barata una democracia “cara” con instituciones fuertes, que una dictadura “gratuita” que nos cuesta cientos de miles de millones en corrupción, como el robo del huachicol fiscal o el tren maya.
También el dirigente priista aboga por medidas que, a su juicio, darían mayor legitimidad y estabilidad al sistema político. Utiliza la comparación de costos para justificar la inversión en democracia, contraponiéndola a los gigantescos gastos y desvíos que atribuye al gobierno actual.
—En lo que concierne a la pretendida reforma electoral, hay un tema importante, que es el fuero. Usted ha dicho que está en contra de eliminarlo.
—Sí, porque su discurso es engañoso. El fuero no es impunidad; es un instrumento para que los legisladores puedan cuestionar al poder sin temor a represalias inmediatas y fabricadas. Si cometes un delito, hoy mismo vas a la cárcel, pero con un proceso. Ellos quieren quitarlo para amedrentar, para que nadie hable. ¿Por qué no lo propusieron cuando estaban en la oposición? Es una falsa bandera de austeridad.
Su planteamiento es de modernización institucional desde la óptica priista, recuperando discursos de responsabilidad cívica. Su defensa del fuero es técnica y política. Argumenta que es una garantía para el ejercicio de la oposición en un contexto donde, según él, el poder usa las instituciones para perseguir disidentes. Lo presenta no como un privilegio, sino como un escudo necesario para la división de poderes, especialmente en un entorno que califica de autoritario. Desde su punto de vista “una democracia con instituciones fuertes puede ser cara, pero es mil veces mejor y más barata que una dictadura gratuita que nos cuesta vidas y futuro”.
—En sus inicios en Campeche, alguna vez llegó a pensar con ocupar la presidencia del PRI?
—Soñar es bueno, pero yo trabajé y me preparé para esto. Me siento enormemente orgulloso de ser presidente de este gran partido. Empecé como representante de casilla a los 15 años. Fui síndico, dirigente juvenil, diputado, senador, gobernador… Tengo 50 años y te reto a buscar un político de mi edad con una trayectoria tan amplia. Yo no tengo otro negocio, mi vida es la política. Y la ejerzo con convicción, porque creo que es la herramienta para servir a México —recalca.
Luego rechaza de nuevo los señalamientos de que tiene negocios ilícitos y se presenta como un político profesional, dedicado de tiempo completo a su partido y a su país. Es una reivindicación de la política como vocación, en contraposición a la imagen del político corrupto que, dice, encarnan sus adversarios.
—Cambiando de tema, uno de los señalamientos constantes en su contra es sobre sus viajes a Estados Unidos. Se ha dicho incluso que busca una intervención extranjera en México. ¿Cuál es el objetivo real de esas giras?
—Oye, eso es una barbaridad absoluta, pero es exactamente la narrativa del populismo morenista: repetir una y otra vez las mismas mentiras hasta que se vuelvan verdad para algunos. Nosotros no vamos a pedir intervención extranjera; lo que hacemos es poner los ojos del mundo en México, porque aquí ya está ocurriendo lo que sucedió en Venezuela. No es que vaya a ocurrir: ya está ocurriendo.
Mira los ejemplos: Cuba, Nicaragua, Venezuela. Todos destruyeron sistemáticamente su régimen democrático. ¿Qué hicimos? Ir a decirle al mundo: oigan, esto está pasando. Vamos a Estados Unidos, por supuesto, a reuniones bilaterales con legisladores, a fortalecer la relación con nuestro principal socio comercial, vecino y aliado de toda la vida. Pero también vamos a la OEA, ¿a dónde más íbamos a ir? Y hemos estado en Ginebra y en La Haya, ante la Corte Penal Internacional, para denunciar lo que está sucediendo.
Fíjate en Venezuela: tardaron 27 años en destruir la democracia. Engatusaron al pueblo, le mintieron, ganaron una elección y después desmantelaron todo. ¿Qué hicieron? Se aprovecharon de los programas sociales para fines electorales, desviaron recursos, dieron control a las fuerzas armadas sobre puertos y aduanas, hicieron pacto con el crimen organizado, cambiaron la Constitución, destruyeron el Poder Judicial, encarcelaron y persiguieron opositores, asesinaron a algunos. Lo mismo está pasando aquí, paso a paso.
¿Quién lo dice? No soy yo solo: lo dice la opinión pública nacional e internacional, gobernadores, alcaldes, la bola de narcos que están denunciados metidos en el crimen organizado, funcionarios del más alto nivel. López Obrador denunciado, sus hijos, el clan, el propio Andy… Lo mismo: pacto con el crimen organizado, control militarizado de la economía civil, destrucción del Poder Judicial, persecución de opositores. Ya están empezando a encarcelar y perseguir. Lo que les falta es consolidar la narco-dictadura terrorista comunista.
No podemos esperar 27 años como en Venezuela. Por eso vamos a donde hay que ir: a alertar, a denunciar y a que el pueblo de México abra los ojos antes de que sea demasiado tarde. Es lo que estamos viviendo. Y el único que tiene carácter, pantalones y determinación para ser opositor y enfrentarlos es el PRI, y tu amigo y servidor Alejandro Moreno. Yo no tengo pelos en la lengua, ¿dónde están los otros?
—¿Qué lectura hace del reciente cambio de gobierno en Venezuela, con la salida de Nicolás Maduro? ¿Cree que eso envía un mensaje a regímenes similares?
—Mira, pues hay un viejo dicho: las barbas, cuando las veas cortar ponlas tuyas a remojar. Esto no puede gustar lo que sucedió, sin duda, y si alguien siempre ha impulsado una política exterior de respeto, la política exterior de autodeterminación de los pueblos, de no intervención, de solución pacífica de conflictos, pues la hizo nada más y nada menos que el PRI. Nosotros jamás tuvimos un conflicto con alguna nación a nivel internacional y menos con el principal socio, amigo, aliado, vecino, que es Estados Unidos; con nosotros fue una extraordinaria relación, siempre.

Y ¿qué es lo que más defiende hoy el gobierno de Morena? Defiende al TMEC, que genera más de 10 millones de empleos y es negocio para México, porque genera certeza, certidumbre, alianzas y calidad de vida. ¿Quién lo hizo? El PRI, hizo el TLC, ¿y quién lo volvió a firmar en el 2018? El PRI, Enrique Peña; eso es lo que más defienden y se olvida que lo instrumentó el PRI. Yo lo que sí puedo decirles —aunque no les guste a ellos—, son dos cosas: la primera es que si nosotros estuviéramos en el gobierno, Estados Unidos quizá le hubieran puesto aranceles a todo el mundo, menos a México, no tengas dudas, porque nosotros sí sabemos gobernar, y al paso que van estos cínicos y corruptos de Morena, lo que van a terminar haciendo es negociar el tratado vía Zoom, porque ninguno va a tener visa para ir a Estados Unidos.
Tenemos relación institucional con todos, con los legisladores, tenemos comunicación, tenemos una relación de hace muchísimos años, con muchos compañeros en las cámaras, en el Senado, en el Congreso, en el propio gobierno, porque la relación de ahorita no es de un día para otro. Fíjate, yo he sido tres veces diputado federal, dos veces senador, gobernador, presidente de organismos multilaterales internacionales, entonces tenemos una extraordinaria relación con todos, y yo creo que lo importante es construir que haya una relación fuerte, sólida, con el gobierno de los Estados Unidos, para que haya cooperación, colaboración y trabajo en equipo; trabajar juntos, siempre eso nos va a ayudar. Y yo creo que va a ser bueno para México, va a generar empleo, certeza, certidumbre, y eso es lo que hemos hecho nosotros.
Conocemos a todos, tenemos una relación importante con todos, porque lo que queremos hacer es demostrar que el PRI es no sólo serio, es profesional para gobernar. Nosotros presumimos la buena relación con todas y con todos en los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque eso es lo que le ayuda a México. Nosotros hacemos política con seriedad, la política se hace con trabajo de fondo, con trabajo comprometido, con buenas relaciones, pero sobre todo respetando lo que garantiza el interés nacional, el interés de todos y cada uno de nosotros, que es que a México le vaya bien.
Luego, con una sonrisa irónica, abunda en la supuesta incompetencia diplomática del gobierno actual, que a su juicio ha dañado la relación bilateral. Se jacta de la red de contactos que el PRI ha cultivado por décadas en el Congreso y el Senado estadounidenses, con figuras de ambos partidos, y subraya que su partido es serio y profesional, a diferencia de lo que él llama “los amateurs” en el poder.
—Su biografía muestra que ya ha sido casi todo en la política: diputado, senador, gobernador, presidente del partido… ¿La presidencia de la República es un objetivo próximo para usted?
—A ver, lo que yo te decía, no es porque yo no te diga los tiempos, ni lo que hay. Un político que te dice otra cosa te miente. Yo lo voy a poner muy sencillo: esto no es cuestión de que me guste o no me guste. A mí me gustaría, claro, pero no se trata de gustos. Lo que cuenta es tener con qué: capacidad, preparación, congruencia, carácter y un conocimiento profundo del país. Eso es lo primero. Después, la gente decide. Para eso nos preparamos y para eso construimos.

Cuando ves a alguien y le preguntan si tiene ambiciones de encabezar un proyecto presidencial, muchos responden: “voy a esperar los tiempos, hay que esperar, agradezco el comentario…”. Eso no es claridad. Hay que ser directo: todo tiene su tiempo y su momento. Nosotros estamos trabajando para un proyecto de país. El PRI está construyendo coaliciones, sumando con los ciudadanos y con el propio partido para tener proyectos sólidos y ganar la presidencia de la República en 2030. Cuando termine mi gestión en 2028, según los estatutos, hay posibilidad de reelección si el partido lo decide. Yo les he dicho a todos que se registren, que jueguen, que le entren y no tengan miedo.
—Usted ¿a qué le tiene miedo?
¿A qué le tengo miedo yo? La verdad es que cuando alguien dice que no le tiene miedo a nada, miente. Siempre hay reflexión. Yo soy creyente —católico, no de todos los días, pero creyente—. Uno debe tener principios, valores y convicción. Y sí, tengo temor: temor de lo que no podemos ver por delante, temor por mis hijos. Tengo tres chiquitos de 6, 10 y 12 años. Imagínate que me pase algo, que estos corruptos narcopolíticos decidan asesinarme, como ya lo han hecho con otros. ¿Qué pasaría con mis hijos? Estoy consciente de que puede pasar; lo he declarado y lo repito. Por eso hay que enfrentarlos, aunque signifique dejarlos solos. Ese es un temor humano y también temor de Dios.
Entonces, ¿qué les pedimos? Que los cuiden, que estén bien. Pero lo que me toca a mí es cuidarlos primero: asegurarme de que haya leyes, instituciones, democracia y libertad, que le faciliten la vida a ellos y a millones de niños, jóvenes y adultos . Por eso lo digo: a pesar de todos los riesgos para mi familia y para mi vida, estos primero me van a tener que matar antes de que me calle y deje de denunciar lo que está ocurriendo en este país. Porque yo no soy cobarde, no soy timorato, ni soy de los que aplauden al régimen mientras ven cómo destruye todo.
Y quiero decirte que un político que no aspire a la presidencia o te miente o no tiene ambición de servir. Pero esto no es un concurso de popularidad. México no necesita el más simpático; necesita rumbo, certeza, alguien que sepa gobernar. Esto no es un concurso para elegir a una reina o un rey: es el país lo que está en juego, la democracia, las libertades. Por ejemplo: el PRI no ha llevado candidato presidencial propio en las últimas dos elecciones y aun así millones de mexicanos han votado por nosotros en otros cargos.
Eso es lo que queremos: gente preparada, que conozca el país y que tome determinaciones. A mí me pueden acusar de todo lo que quieran, falsamente y calumniosamente, pero jamás podrán decir que yo hice un pacto con el crimen organizado. A los criminales se les enfrenta, se les combate, se les investiga, se les lleva a la justicia y se les destruye para defender a las familias mexicanas. Nada que esconder. Esos de Morena sí hicieron pacto con el crimen organizado; son una bola de cínicos, corruptos y narcopolíticos. A lo mejor hay otros en distintos partidos que también merecen cárcel. Trump tiene razón en verlo.
El dirigente nacional de PRI hace una pausa larga. Su respuesta es cuidadosa, ambiciosa pero no explícita. Deja claro que la presidencia es una meta legítima y natural para cualquier político serio, pero la subordina al proyecto colectivo del partido y a las necesidades del país. Evita autoproclamarse, pero no renuncia a la posibilidad. Es un mensaje dirigido tanto a la militancia como al electorado: el PRI se está preparando para volver a Los Pinos, y él es una pieza fundamental de ese esfuerzo.
—Me dice que la actividad política le absorbe casi todo su tiempo ¿Qué hace para despejarse?
—Soy como cualquier mexicano. Hago ejercicio cuando puedo, me gusta el americano, el básquet, juego pádel, golf o futbol, que también me gusta mucho; lo hago con amigos, en las retas. Aquí del partido armamos retas e invitamos a compañeros. Juego de delantero, de medio o de defensa y también hago boxeo, entreno; yo siempre he sido muy deportista. Y con mi esposa trato de ver series o películas que motiven, que inspiren, que luego platicamos con nuestros hijos. No fumo, bebo poco. En lo personal yo hago lo que haría cualquier mexicano que se esfuerza y se levanta todos los días a las 4 de la mañana y sale a trabajar con dignidad.
Menciona a su esposa Christelle Castañón y a sus tres hijos, Rafael, Sebastián y Alejandra, como su principal soporte. Este cierre personal muestra a un hombre con aficiones comunes, lejos del estereotipo del político encerrado en la burbuja del poder.
—Y cuando lee, qué tipos de libros lee?
Alejandro Moreno no intenta construir una imagen intelectualizada. Reconoce que el ritmo de la política le deja poco margen para la lectura profunda y que hoy consume información de muchas fuentes, de manera rápida. Entre sus lecturas, menciona Las 48 leyes del poder, de Robert Greene, El Príncipe, de Maquiavelo o El arte de la Guerra, no como manuales, sino como textos —dice—, que ayudan a entender la naturaleza del poder y sus consecuencias. Menciona que también lee biografías de líderes como Alejandro Magno o Napoleón, para comprender la ambición, las decisiones y los costos del mando. Sin embargo, aclara que su inspiración principal no viene de los libros, sino de la calle, de la gente que le pide no rajarse y de su familia. Para él, la lectura da marco y contexto, pero la convicción y las decisiones nacen de la acción y del contacto directo con la realidad.
—Mira, al final del día intento leer, pero no me gusta presumir ante las cámaras o algún periodista, que soy un lector culto o voraz, que leo a Octavio Paz o a Carlos Fuentes. Seguramente los políticos de antes tenían mayor oportunidad que nosotros, pero tampoco quiero que digan luego en una entrevista, de que “Alito dice que leer no ayuda o no es tan importante”, no; por el contrario, sí hay que leer y prepararse.
