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El Covid-19 no solo trajo el cierre temporal de los sectores productivos, sino ahora se ha convertido en un elemento que ha motivado la presión inflacionaria que se vive en el mundo y que golpea de manera más importante a países que poco han hecho para fortalecer su mercado interno, como el caso de México.

Cuando se decretó el confinamiento y cierre de sectores productivos, algunos países ya habían implementado políticas públicas para favorecer que su mercado interno mantuviera un ritmo casi similar antes del cierre temporal, pero algunos otros, como el caso de México, dejo a su mercado interno sin apoyo considerando que con el paso del tiempo se re establecería.

El problema es que, con la reapertura de los sectores productivos, la demanda de muchos insumos y productos se elevó, pero la oferta de ellos fue limitada y esto motivo al mercado a elevar el precio de sus productos, que a su vez repercutió en el mercado interno de cada nación, algunos de manera importante, en algunos otros de una manera tersa, lamentablemente México fue de la primera.

El impacto inflacionario, elevar el precio de productos, ha traído como consecuencia a México que la inflación nacional se haya elevado al doble de lo estimado, el más reciente dato ubica a este índice en el mes de octubre en 6.12 por ciento, comparado con el mismo periodo del año anterior.

Esta presión, que se ha mantenido a lo largo de este año y algunos manifiestan que podría continuar por lo menos durante la primera mitad del próximo año, debe encender los focos amarillos al gobierno federal y las autoridades financieras del país, para evitar que esto se convierta en una catástrofe similar a las que vivíamos en las décadas pasadas, donde los altos índices inflacionarios terminaban por deteriorar la calidad de vida.

En México, desde junio, nuestra autoridad financiera, el Banco de México comenzó a incrementar las tasas de interés para contener la inflación y adelantarse a las expectativas del cambio en el ciclo monetario estadounidense. De 4 por ciento la subieron a 4.75 por ciento.

Sin embargo, no todos los integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México, apostaron a este mecanismo y han señalado que utilizar la política monetaria para controlar la inflación sería poco eficaz e ineficiente. Explican que subir las tasas de interés no incidiría en los precios. Incluso sería contraproducente y apuntan que una política monetaria más restrictiva tendría un impacto directo y negativo en un rango amplio de márgenes de la economía como son el consumo, la inversión, el crédito al sector privado, las finanzas públicas y los mercados financieros nacionales.

Esto último lamentablemente lastima a la economía de México y principalmente la economía familiar de los que menos tienen, por lo que es importante que el gobierno federal establezca políticas públicas encaminadas a fortalecer el mercado interno, los legisladores federales distribuyan presupuesto de tal manera que todos los sectores se vean favorecidos para crear riqueza y con ello reactivar el círculo virtuoso de la economía y no permitir que solamente se reparta más pobreza.