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El movimiento político de la 4T se alista para celebrar el sábado 6 de diciembre 7 años de arribar al poder.
Y sin bloques negros, ni muros de acero y cemento, va jubiloso al Zócalo de la Ciudad de México para mostrar músculo a sus opositores y por la reaparición de Andrés Manuel López Obrador, su idolatrado líder máximo que no aguantó el retiro ni el silencio autoimpuesto.


Que, como los pavorreales que despliegan y agitan su cola de plumas en una exhibición llamativa mientras se pasean por los 13 mil metros cuadrados de su finca “La Chingada”, volvió a la escena pública con un video de 49 minutos para presentar su libro “Grandeza” y para lanzar varios trompos con cuerda política.


Con Morena, López Obrador gobernó como presidente de la República desde el 1 de diciembre de 2018 hasta el 30 de septiembre de 2024. A partir del 1 de octubre de ese año, Claudia Sheinbaum Pardo es la primera presidenta de México.


En siete años, el partido político que fundó AMLO ha consolidado su hegemonía política y social en el país, pero Morena y su 4T han sufrido un desgaste acelerado por escándalos de corrupción, excesos y presuntos vínculos de varios de sus liderazgos con el crimen organizado.


Integrantes de la élite morenista han convertido incluso la austeridad republicana y la pobreza franciscana en un eslogan de campaña.


Como gobierno, la 4T morenista enfrenta la protesta social por la inseguridad y la violencia que genera un crimen organizado con amplio control territorial en varios estados del país.


El oficialismo es cuestionado por el tsunami huachicolero en la Marina; por los presuntos nexos de gobernadores con criminales; por polémicas reformas legales como la Judicial y, hace unas horas, por la aprobación de una controvertida Ley de Aguas que ha llevado a los agricultores a movilizarse e incluso a amenazar con boicotear la celebración del sábado.


Y si bien la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una aprobación del 70 por ciento, la más reciente encuesta de El Financiero también registra entre la población una opinión mayoritaria desfavorable por el comportamiento de su gobierno ante las marchas de la Generación Z y sobre las investigaciones del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.


Salir a las calles


En ese contexto reaparece López Obrador, desde su finca, la mañana del domingo 30 de noviembre.


Se sabía que volvería a la escena pública por estas fechas para presentar su nuevo libro sobre los pueblos originarios y, como anticipamos en Trompos y Pirinolas, para apuntalar a Sheinbaum y mirar hacia la disputa electoral de 2027.


Dijo que no realizaría una gira nacional de promoción para no hacerle sombra a la presidenta. Pero lo hizo con su aparición literaria y política.


Asegura que ni es caudillo ni está detrás del poder. Pero amaga con dejar su jubilación política y salir a las calles bajo tres condiciones: si se atentara contra la democracia como ocurría antes; para defender a Claudia y a la soberanía o si hubiese un intento de golpe de Estado, una narrativa que sólo han impulsado los propagandistas del régimen para polarizar a la sociedad.


Sin embargo, la propia presidente Sheinbaum sostuvo que no existen las tres condiciones que plantea López Obrador para salir a las calles.


Para sus detractores, AMLO actúa con un caudillismo moderno y ahora que sale a lubricar a su movimiento político, reviven las comparaciones.


Aseguran que por su forma de gobernar, los ataques a sus opositores políticos y la concentración de poder que ejerció durante su mandato, existe un paralelismo entre López Obrador y La Sombra del Caudillo, una novela del escritor mexicano Martín Luis Guzmán.


Pero sus seguidores rechazan estas comparaciones, se alistan para el festejo a todo pulmón en el Zócalo y López Obrador ya trabaja en otro libro que se titularía “Gloria”, una obra que abordaría la historia política de México desde la Independencia hasta la Cuarta Transformación.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y responsabilidad absoluta de sus autores