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El fin de semana previo a las vacaciones de verano concluyó, de la manera más frustrante posible, para Sergio Pérez, el piloto de Red Bull que buscaba resarcir su actuación en Gran Bretaña y sumar la mayor cantidad de puntos en el Gran Premio de Hungría, luego de clasificar en el cuarto lugar de la parrilla.
La ilusión duró muy poco, ya que en la primera curva de la carrera, el mexicano fue embestido por el Mercedes de Valtteri Bottas, coequipero de Lewis Hamilton y uno de los rivales directos de Checo a lo largo de la temporada en la Fórmula 1.
El percance ocurrió tras un error de Bottas en el cálculo para frenar sobre el pavimento húmedo, por lo que se llevó por delante a Lando Norris, perdió el control de su monoplaza y no pudo evitar el contacto con Pérez, quien mostró su frustración de distintas formas tras el choque.
La primera de ellas ocurrió a través de la comunicación por radio con el equipo, ya que a pesar de que pudo continuar al volante durante media vuelta más, fue notificado que debía retirar el automóvil por parte de sus ingenieros, algo que provocó la desesperación del tapatío mediante un sonoro y claro grito:
“¡Qué idiota!” exclamó Checo Pérez tras el incidente y justo antes de notar que el monoplaza ya no estaba en condiciones de continuar en carrera. El equipo no respondió al insulto y se limitaron a verificar los daños, hasta que le exigieron detener el auto para no empeorar el estado de la unidad de potencia.
Este fue solo el primero de los embates verbales que tuvo el mexicano, quien después de abandonar el GP de Hungría y ver el resto de la competencia a través de las pantallas, ofreció algunas declaraciones en las que explicó lo sucedido.
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