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Morena asegura que las encuestas decidieron. Pero cuando se revisan los nombres de sus “corcholatas” aparecen los grupos, las alianzas, los padrinazgos… y la continuidad política.

Los “cacicazgos” encarnados por algunos gobernadores se están imponiendo en la designación de los llamados “coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”, que no son otra cosa más que sus próximos candidatos a los 17 gobiernos estatales que estarán en disputa en 2027.

¿Y cuáles son las consecuencias? El choque, la inconformidad, los gritos de ¡fraude! y las fracturas internas.

Hasta ahora, la cúpula de Morena ha destapado a diez “corcholatas”. Su discurso reiterado es que fueron las encuestas las que determinaron quiénes encabezarán el proyecto morenista en cada estado.

Pero hay un detalle. Sí, siempre hay un pero: los resultados de las encuestas no están a la vista pública.

Los aspirantes conocen los resultados que les son presentados de manera privada, pero el partido no ha hecho públicos los porcentajes ni la metodología de las mediciones. Las inconformidades que han surgido, particularmente en Zacatecas y Guerrero, han vuelto más visible el reclamo.

Aparecen entonces las preguntas incómodas:

¿Quiénes son –hasta ahora- las diez “corcholatas”? ¿A qué grupo pertenecen? ¿Quién las impulsó? ¿Qué gobernador las respalda? ¿Y cuánto pesaron realmente las encuestas frente a los acuerdos internos?

Porque la lista no es homogénea, pero sí permite identificar algo que Morena difícilmente puede ocultar: el peso de los grupos políticos sigue siendo enorme.

En Campeche, Pablo Gutiérrez Lazarus llega identificado con el grupo de la gobernadora Layda Sansores. El tres veces alcalde de Ciudad del Carmen es muy cercano a la mandataria y representa la continuidad de su proyecto político.

En Colima, “Rosi” Bayardo, alcaldesa con licencia de Manzanillo, también encarna una continuidad política. Se integró desde 2017 al proyecto de Indira Vizcaíno -actual gobernadora- y posteriormente formó parte de su gabinete como secretaria de Desarrollo Económico y directora general del DIF estatal.

La misma historia se repite en Michoacán. Carlos Torres Piña es un hombre cercano al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla. Fue su secretario de Gobierno y después fiscal general del estado. ¿Cuál independencia?

En Quintana Roo, el caso de Eugenio “Gino” Segura tiene una lectura política que vale la pena señalar.

“Gino” fue secretario de Finanzas de la actual gobernadora Mara Lezama y es uno de los perfiles más cercanos a su grupo político. Su designación, además,  recibió el respaldo de la dirigencia del Partido Verde, aliado fundamental de Morena en la entidad.

Frente a “Gino” estaba Rafael Marín Mollinedo, uno de los fundadores de Morena en Quintana Roo y cercano al expresidente Andrés Manuel López Obrador. Marín quedó tercero en la encuesta, según declaró él mismo, y sus simpatizantes expresaron su inconformidad con gritos de “¡fraude!” durante el anuncio del resultado.

Analistas y actores políticos han señalado que la disputa por Quintana Roo enfrentó dos proyectos: el del grupo de Mara Lezama que con el apoyo del PVEM impulsaba a “Gino” Segura, y el del morenismo identificado con Marín Mollinedo.

El resultado terminó favoreciendo al hombre cercano a Mara Lezama. La lectura política que deja este episodio es que con la definición de “Gino” se preserva la alianza con el PVEM cuyo dueño, Jorge Emilio González Martínez, conocido como “El Niño Verde”, no solo vive en Quintana Roo, sino que ahí tiene propiedades y negocios.

¿Y qué pasó en Zacatecas? Que se impuso el clan de los Monreal. La senadora Verónica Díaz Robles pertenece al entorno político de esta familia. Es ex cuñada de David (actual gobernador), Ricardo (coordinador de los diputados morenistas) y de Saúl, también senador.

El evento donde se anunció su designación tampoco transcurrió entre abrazos y besos. Simpatizantes de José Narro Céspedes lanzaron gritos de “fuera el monrealismo” y “no al nepotismo”. El PT también cuestionó la designación.

Otro caso impugnado es el de Guerrero. Ahí se apostó por Beatriz Mojica, identificada con el grupo político del senador Félix Salgado Macedonio y de su hija la gobernadora Evelyn Salgado Pineda. Pero otra de las competidoras, Abelina López, alcaldesa con licencia de Acapulco, no se guardó nada.

 Después de la designación fustigó el proceso al afirmar que habían ganado las “encuestas de papel” porque “yo tengo la encuesta real”. Y sentenció: “Quien festeje, me parece que está festejando la crónica de una muerte anunciada”.

En Sinaloa, Imelda Castro requiere también una lectura particular. No es una recién llegada ni una figura ajena al aparato rochista local. Forma parte de la estructura política que ha acompañado al movimiento morenista en el estado y ahora necesita marcar distancia del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, cuyo desgaste político se convirtió en un lastre.

El deslinde público con Rocha puede ser políticamente necesario por las acusaciones de Estados Unidos de presuntos nexos con el narco. Pero una cosa es tomar distancia del gobernador y otra, muy distinta, romper con la estructura política a la que se pertenece.

Respecto a Baja California, el nombramiento de la senadora Julieta Ramírez no puede leerse como una ruptura con la gobernadora Marina del Pilar solo porque la apuesta de la mandataria era Ismael Burgueño.

Sí, hubo distanciamiento político hace tiempo. Pero Julieta fue asesora y secretaria particular de Marina cuando ésta fue alcaldesa de Mexicali. Y la mandataria ya le dio su respaldo público.

Las otras dos “corcholatas” que ya fueron nombradas son Nora Ruvalcaba, en Aguascalientes, y Santiago Nieto, en Querétaro. Son perfiles que llegaron después de procesos internos en los que la dirigencia nacional morenista tuvo que administrar aspiraciones, grupos y posibles fracturas.

La fotografía, pues, no es la de diez simples ganadores de una encuesta.

Es la de grupos locales, dirigentes nacionales, gobernadores, padrinazgos, alianzas y acuerdos internos que terminan confluyendo en una lista de quienes serán los posibles candidatos de Morena para las gubernaturas.

Así que la unidad morenista tiene matices.

Por fuera, abrazos, fotografías y llamados a cerrar filas.

Por dentro, grupos desplazados, aspirantes inconformes, reclamos por las encuestas y viejas disputas de poder.

Hay, además, otra peculiaridad.

Morena dice que todavía no son candidatos. Que son “coordinadores”.

Bueno, esta es una denominación política para “darle la vuelta” a la legislación electoral mientras llega la etapa formal de precampañas y campañas. Estos perfiles ya recorren sus estados, se reúnen con estructuras, aparecen en actos partidistas y construyen presencia territorial bajo la bandera de la defensa de la soberanía ante la ceguera del INE.

La elección de 2027 todavía no comienza en las urnas, pero las “corcholatas” morenistas ya están recorriendo el territorio.

Y todavía faltan siete por “destapar”.

¿Será la misma carpa?

Morena tiene pendientes Baja California Sur, Chihuahua, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala para completar sus cartas en las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027.

En San Luis Potosí hay una variable muy incómoda: el PVEM mantiene perfilada a la senadora Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo. Morena tendrá que decidir si mantiene su compromiso de no aceptar candidaturas que impliquen nepotismo y deja que el Verde juegue por su cuenta, o si, llegado el momento, aparecerá la conocida tentación de hacerse de la vista gorda.

Las diez primeras designaciones ya dejaron la muestra: encuestas reservadas, grupos que pesan, padrinazgos que aparecen, aspirantes inconformes y llamados posteriores a la unidad.

Faltan siete. Y no sabemos cuántos más terminarán gritando “¡fraude!” cuando se levante el telón.

Así que el juego de los trompos, las pirinolas y las “corcholatas” apenas comienza.

En X: @castroclemente

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Foto: IA