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elcristalazo.com

En los últimos días y con sus más recientes aportaciones a la carcajada –Andy, Rocha “Moya mayo”, la lista que no es la lista, el cochecito eléctrico, el recetario sobre el poder; la DEA y muchas cosas más–, el populismo tetramorfósico (la 4-T.2-P) nos ha regalado momentos agradecibles. Cada día mejora.

Resulta extraña –al menos— una forma de gobierno cuya operación cotidiana consiste en jugar a las atinadas y con más frecuencia a los desatinos, pero para ser justo, se le debe reconocer la capacidad de superarse a sí mismo paso a paso y día con día. La persistencia también puede ser un mérito digno de reconocimiento.

Difícilmente podrá alguna compañía de espectáculos en todo el planeta sacudir y doblar de risa a su audiencia con algo que supere el “affaire” Rocha. Ya lleva casi dos temporadas y los aplausos no cesan.

Todo ha sido de una torpeza grotesca, pero a su modo insuperable. Lo mejor del “performance” proviene de la seriedad impostada de los actores y las actoras (con A). Ni siquiera Buster Keaton aquel cómico hollywoodense de la “cara de palo” (quien hacia barrabasadas sin mover ni siquiera un músculo de la inmóvil fachada de su rostro inexpresivo) podría convocar a tanta hilaridad sin intención de hacerlo. Humorismo involuntario.

En vez de gobernar desde la discreta exactitud de una conducta controlada y previsora, la 4-T.2-P (incluidos jueces y legisladores; gobernadores y munícipes) nos hace reír no solo con sus ocurrencias sino con sus tropiezos (como cuando alguien se cae en la banqueta, dice Bergson), sus sainetes y sus composturas en reversa sobre la marcha. ¡Ah qui mi chu!

Si quisiéramos analizar los recientes hechos de Sinaloa bajo la lente de un pensamiento serio; de una visión de Estado o al menos de operación política profesionalmente ejecutada, perderíamos el humor y hasta la paciencia. Además del tiempo.

Primero se fuerza a un señor a buscar licencia tras rechazar una solicitud de extradición del gobierno de Estados Unidos contra él y otros nueve señalados como narco políticos.

Y el implicado, protegido, se va a su casa.

Después se le autoriza tácitamente a regresar al cargo cuando su menda quiera y cuando lo hace se le monta una hoguera con leña verde por réprobo y traidor a la causa transformista y se le humilla con una segunda licencia, mientras la claque aplaude o silba por las mismas cosas según el rumbo a donde sople el viento.

Mientras tanto baila el oso y el pandero suena.

–¡Pasen, pasen!, vengan a ver el espectáculo más grande del mundo, grita un señor con librea guinda, sombrero de copa, fiero mostacho y botas Federicas a las puertas de la carpa.

–¿Por qué he escrito SE LE AUTORIZA TÁCITAMENTE A REGRESAR AL CARGO CUANDO SU MENDA QUIERA? (si se permite la germanía).

Pues por este segmento de la conferencia matutina del no tan lejano 11de agosto. (¡Cómo se ha convertido la mañanera en boomerang indeseado!)

Ese día Israel Aldave, reportero de Radio Fórmula le preguntó a la señora presidenta (con A):

– …en el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, ¿continúan los Estados Unidos sin enviar la información que ustedes han solicitado?

— Sí, no han enviado la información de detención urgente para extradición, no han enviado ninguna información.

— En este caso, Presidenta, si no envían la información, ¿por qué el gobernador no regresa a sus funciones? Sé que es una decisión personal de él, pero ¿algo que le haya comentado a usted la secretaría de Gobernación?

–NO, PUES ES UNA DECISIÓN DE ÉL, de (que) mientras siga este proceso mantenerse… Así lo dijo él en el momento en que salió de su puesto, dijo: “no quiero poner en duda la gobernabilidad de Sinaloa ni mucho menos; prefiero dejar el puesto en lo que continúa esta investigación”.

PÚES ES UNA DECISIÓN DE ÉL.

Esa es la oración textual. Cuando la jefa del Ejecutivo públicamente, frente a los medios, descarga en otra persona un asunto político y le deja la decisión, eso –aquí y en cualquier parte– es una tácita complacencia para verlo actuar conforme a su criterio.

Si el señor Moyamayo no tuvo la delicadeza de confirmar la aquiescencia, comentarlo con ella o analizar juntos su proceder, es asunto de torpeza, pero no de rebeldía. Pleno de confianza y loco de contento (basta ver las fotografías) diez días más tarde decidió colgar su nido otra vez en el balcón del Palacio de Gobierno como si fuera una oscura golondrina.

Total, su proceder resulta (ba) cosa suya, como suya –le dijeron– es la decisión de jugar a las sillitas del kindergarden con el gobierno del Estado Libre y Soberano de Sinaloa (otro chiste).

Si es “LIBRE Y SOBERANO POR QUÉ SU GOBERNADOR DEBERÍA PEDIR PERMISO PARA ALGO? Pues porque ni la entidad ni el mandatario han sido nunca libres ni soberanos. En ese sentido Sinaloa resulta un estado “nini”. Como todos los demás.

En esas condiciones la indignación se convirtió en la escandalera del fin de semana.

Tras la lectura ontológica, axiológica y pedagógica de los deberes del gobernante y los gritos de medio mundo, el pobre diablo Moyamayo se guardó el rabito entre las patas (traseras), fingió una sonrisa y dijo en voz baja: usted perdone, pero si quiere me voy otra vez. Y se fue en medio de una rechifla celestial.

El Congreso del Estado hizo su segunda faramalla grotesca y simuló una solemnidad republicana (de república bananera; no gomera), recibió la presurosa solicitud cuya aprobación gestionó de inmediato mientras muchos se atacaban de vergüenza.

El congreso de Sinaloa completa la zarzuela y designa –otra vez—a la meserita Geraldine Bonilla (su jefe le dice así, yo no) para sentarse en la silla.

–Niña, niña, ándale apúrate, llévate este chilorio a la mesa cuatro…

–¿Otra vez?

–Si, otra vez, no se vaya a enfriar. Y de paso unas tostaditas y una salsa tatemada con una Pacífico helada.

Pelotones, escuadras, compañías, batallones y hasta divisiones acorazadas de la 4.T-2.P se le echaron encima al sospechoso (los gringos sospechan) y lo obligaron al toque de retreta (no de retrete) y ahora lo confinan en el más solitario círculo de los infiernos. Y el espectáculo comienza de nuevo con el acusado como tibor desportillado: ¿dónde lo ponemos? ¿Quien lo cuida, quien lo vigila, quien impide su traslado, etc, etc?

Si alguna vez fue favorito de la protección política, hoy las campanitas le suenan en el sayo: aparentemente lo han echado lejos de las murallas del reino; apestado y mal visto como si tuviera lepra (al pié de la lepra) mientras escucha palabras tristes: la investigación sigue abierta. La de aquí porque la de allá lo reclama todavía.

Sin embargo no lo dejarán caer en las garras yanquis. Muchos perderían con él.

Como dijo el embajador de EU: esto se va a poner bueno. Si no tiene callo de hacha, busque palomitas de maíz.