COMPARTIR

Loading

elcristalazo.com

Indignados hasta no resistir la cólera en el pecho porque los excesos anti inmigrantes en los Estados Unidos (ICE) han provocado –por negligencia, crueldad, malos tratos o cualquier otra causa– la muerte de 14 mexicanos bajo su custodia en los galpones donde hacinan a los ilegales (o indocumentados, lo cual es igual para ellos), los funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores han iniciado acciones determinantes para llevar su protesta más allá de los inútiles linderos de la queja.

Protestas, reclamos, notas, peticiones de intervención de los organismos internacionales de Derechos Humanos (los mismos desdeñados y censurados cuando desde la ONU hablan de nuestros desaparecidos por miles), pero ni una sola represalia comercial o de otro tipo. No se vayan a enojar los americanos.

–¿Cómo reaccionarían los Estados Unidos si aquí matamos a catorce de sus ciudadanos en un puesto migratorio? No lo sé, pero de cierto de manera muy diferente.

Todo en el infinito circunloquio de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (La OEA) y los eternos vividores entre la queja y el perdón; la reparación del daño y la máxima publicidad.

Pero nada más allá.

La H. cancillería mexicana, ahora en manos del notable y experimentado canciller Roberto Velasco, ha dicho:

“…Se procederá con las gestiones diplomáticas pertinentes para exhortar activamente al Gobierno federal estadounidense a atender las condiciones que facilitan este tipo de sucesos lamentables. Se utilizarán todas las vías legales posibles para asegurar el acompañamiento a los familiares.

“La Secretaría de Relaciones Exteriores reitera su compromiso de velar por la protección y la dignidad de las personas mexicanas en Estados Unidos y no escatimará en emplear todos los recursos jurídicos y diplomáticos disponibles para defender los derechos de su comunidad en el exterior”. Todo eso suena muy bonito, muy bonito.

Sin embargo la fea realidad nos lleva a otro punto.

Cuando 40 personas murieron calcinadas en una estación migratoria bajo la responsabilidad del gobierno de México en Ciudad Juárez, el gobierno de la IV-T olvidó todos sus compromisos internacionales y dejó el caso en plena impunidad. Lo olvidaron entonces y lo ignoran ahora.

“…en la sede migratoria –dijo el INM en marzo del 23–, estaban alojados 68 hombres mayores de edad originarios de Centro y Sudamérica”. Murieron 39 en el incendio.

“…29 personas migrantes extranjeras más resultaron lesionadas por el siniestro y fueron trasladadas en estado delicado-grave a cuatro hospitales de la localidad para su atención inmediata.

“Ante los hechos, se estableció comunicación y coordinación con autoridades consulares de diferentes países para implementar las acciones que permitan la identificación plena de las personas migrantes fallecidas. El INM expresa su disposición para coadyuvar en las investigaciones de ley, a fin de que se esclarezcan estos hechos lamentables”.

El responsable institucional de ese infierno de puertas deliberadamente encadenadas durante el fuego , Francisco Garduño, fue protegido por sus mentores, especialmente el ex presidente López.

Aún ahora en este gobierno lo han premiado con un nuevo encargo burocrático: fue designado Director General de los Centros Para la Formación para el Trabajo, entelequia burocrática para fomentar (dicen) la educación media superior.

Visto lo visto no queda sino reflexionar en las dos medidas. Con aparente firmeza se protesta ante los Estados Unidos después de más de un centenar de mexicanos muertos. No pasa nada.

Pero cuando el gobierno mata por negligencia dentro de una estación migratoria (¡Fue el Estado!, habrían gritado en otro tiempo), olvidamos el asunto, alzamos los hombros y decimos: a otra cosa.

En el informe de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho (FJEDD), Derechos Humanos Integrales en Acción (DHIA), el Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI) y Asylum Access México hay datos espeluznantes. Este es uno de ellos:

“…Cuando comenzó el incendio, yo me acerqué a la puerta y le dije a uno de los policías: ‘Hermano, ayúdenos, no nos dejen morir aquí, por favor’. Luego ya comenzó el humo, pero el humo de plástico es muy fuerte, muy tóxico, te inunda la cara y no te deja ni ver…”

Tampoco al gobierno.