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La recompensa de 5 millones de dólares por cada uno de los hijos Joaquín “Chapo” Guzmán Loera, que ofrece el Departamento de Estado de Estados Unidos por información que lleve a su captura, debe entenderse como un golpe directo a la inoperatividad que las fuerzas armadas mantienen ante la política de besos y no balazos implementada por la administración federal de nuestro país.

Recordemos que las fuerzas armadas mexicanas ya tuvieron detenido a uno de ellos, Ovidio, sin embargo, por decisiones del propio Andrés Manuel López Obrador, tuvieron que soltarlo, pero no significa que no esté bajo vigilancia dentro de las estrategias de las mismas fuerzas armadas.

También debe recordarse que al ejército pende una amenaza realizada por otro de los hijos del “Chapo”, Iván Archivaldo, de matar a los familiares de los soldados, por lo que los hijos del ´Chapo” deben estar totalmente bajo la lupa y conocimiento del lugar donde se ubican actualmente.

Tampoco deberemos olvidar la ocasión, que presuroso, durante una gira de trabajo para supervisar la construcción de una carretera por la sierra de Sinaloa, López obrador tomo un tiempo para acudir hasta la camioneta de la señora Consuelo Loera, madre del “Chapo” Guzmán, lo que es indicativo que se conoce la localización física de los miembros de la familia.

Además, entendemos que el trabajo de inteligencia de las autoridades norteamericanas es mucho más eficiente que el de nuestras agencias de investigación, por lo que es probable que solamente estén esperando un poco de colaboración de su parte para realizar el arresto de los hijos del “Chapo”.

Sin embargo, quizás, nuestras autoridades requieran de un estímulo para poder aportar esa ayuda a las autoridades norteamericanas y por eso la recompensa ofrecida por cada uno de los cuatro hijos de uno de los narcotraficantes de México.

Sabemos que nuestras fuerzas armadas tienen toda la capacidad para realizar los arrestos, pero lo que se necesita es que exista la voluntad política en nuestro país para llevarlo a cabo.

La relación bilateral entre México y Estados Unidos para combatir la inseguridad sigue presente, sin embargo, las formas en la cual se intentan aplicar las estrategias entre ambas naciones no se pueden poner en operación si una de las partes no quiere hacerlo.

De seguir pasando el tiempo, México podría convertirse aún más en un terreno fértil, donde las bandas del llamado crimen organizado siga aprovechando la inoperancia de las fuerzas armadas para seguir imponiendo su ley y hacer rehenes a los habitantes de muchos de los municipios del país.