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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR
La Presidenta juega al ajedrez en la reforma electoral, la última del plan C que no ha logrado sacar. Con una táctica agresiva deja de lado los consensos para imponerse a la oposición y a sus aliados, en una estrategia cuyo objetivo es generar un nuevo diseño de la representación política para controlar su peso y equilibrios.
La figura de la reina manda y avanza sobre las resistencias, incluso de sus propias filas; va por todo con una iniciativa unilateral que traspasa las líneas rojas de sus socios del PT y el Verde. No esperaban que marchara en solitario después de un mes de negociaciones fallidas, porque creían controlar la partida con la llave de sus votos para aprobar reformas constitucionales. Los verdes dicen que no hay traición, pero Morena responde que no hay plan B para obligarlos a exhibir su defensa de privilegios.
Su estrategia es riesgosa, la reforma habrá “nacido muerta”, como cuestionó la prensa su envío sin cambios; ella considera innegociables el “caballo de batalla” de los pluris y “la torre” del financiamiento electoral, si desdibujase su iniciativa. Sheinbaum defiende que todos los legisladores bajen a territorio a hacer campaña y reducir el dinero a la política. Esos objetivos tan generales hacen fácil eco en demandas populares sobre el costo de la democracia y el control de las cupulas partidistas de las candidaturas, en un último embate contra el régimen de la “partidocracia”; además de una reducción de 25% del presupuesto electoral, aunque no está claro si sería para todo el aparato electoral (INE, tribunales y órganos estatales) y prerrogativas partidistas.
La reforma plantea mantener 500 diputados y conservar la fórmula para asignar 200 pluris conforme a la votación de cada partido, pero cambia la dinámica de su integración con la selección de 97 entre los mejores segundos lugares de los candidatos más votados y designar 95 por voto directo y ocho legisladores migrantes. ¿habrá dos boletas para la votación a partidos y a plurinominales?
En el Senado eliminarán 32 legisladores para reducirlo a 96, junto con otros cambios delicados como poner el peso de la fiscalización en los partidos y eliminar el PREP, regular la IA, prohibir bots y mentiras en campañas, que despierta temor por el tufo de censura en medios y redes sociales.
Pero como en todo contrato lo importante es conocer las letras chiquitas, más tratándose de un nuevo esquema para distribuir el poder sobre un terreno de desconfianza en el que Morena eleva su hegemonía. Basta ver el sobrenombre Ley Maduro con que la oposición descalifica su iniciativa por temor de esconder pulsiones autoritarias que le den ventajas para acotar la pluralidad y ecualizar el peso de las minorías.
Por ejemplo, el nuevo diseño de pluris abre la puerta para que Morena deje de necesitar al Verde y PT para alcanzar mayorías calificadas ni dependa ya de la cláusula de gobernabilidad, que en la democratización sirvió para sobrerrepresentar gobiernos de todos los partidos. La iniciativa apuesta a la maquinaria electoral de Morena para reducir el peso de aliados que venden caro su apoyo con candidaturas y luego sabotean iniciativas presidenciales como el nepotismo, pero también a ecualizar el de la oposición con ventajas de las estructuras políticas de los gobiernos estatales.
En la partida de Sheinbaum no está el escenario de un enroque de sus socios o fuga a la oposición; la coalición con Morena está ya pactada para 2027, cuando enfrentará su primera gran validación en unas elecciones muy difíciles en estados como Sinaloa o SLP. Pero más determinante que eso, el fracaso de la iniciativa tampoco sería una derrota contundente para ella. Aunque no lograra su objetivo podrá decir que cumplió hasta el final con el plan C de su antecesor, y seguir con las mismas reglas de la partidocracia con que construyó su mayoría absoluta en 2024 fuera de las urnas.
Con éstas, Morena pudo vencer y avanzar como partido hegemónico, tal como recordó Reginaldo Sandoval, del PT, para decir que la reforma era “innecesaria”. Pero, ¿para quién?, si el objetivo es reequilibrar la fuerza de sus aliados, que dejaron de comportarse como satélites para ocupar su lugar en el poder, y dejar en su maquinaria toda la apuesta electoral de 2027. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.
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