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elcristalazo.com
Aunque el diccionario de mexicanismos utiliza la forma “Güeva”, yo prefiero escribir hueva, en alusión a ese caro placer contemplativo; a esa dicha inicua de perder el tiempo (RL) conocida en el lenguaje popular como “echar la hueva”, forma nacional de “flanner”, como se dice en Francia. Vagar, vagabundear, mantener la mente en el ocio sin pensar en el negocio.
Pasar la conducta por el cómodo rasero de no hacer nada y una vez fatigado de ello, sentarse a descansar si se puede en el sillón o en el lecho (sólo o acompañado) y si no en la hamaca tradicional de, los trópicos calurosos e infra desarrollados.
Días de contemplación o de intrascendencia así sea ver el mediocre encuentro de dos equipos mediocres de por sí: México y Sudáfrica. ¡Qué hueva!
Ocasión para instalarse en la ociosidad cuya presencia –dicen—es maternidad de los vicios, acusación del todo alejada a la filosofía del humanismo mexicano, una de cuyas máximas expresiones ha sido ya consagrada hasta en las leyes del país junto con la disminución de la edad para jubilarse o el disfrute de una semana de 40 horas laborables. Más tiempo para la hueva.
Veamos el caso de ayer
Hasta hace poco los decretos presidenciales se expedían por motivos importantes, trascendentes o de plano indispensables. Por ejemplo, cuando hay una desgracia natural y se expide una orden ejecutiva para la aplicación de programas de emergencia más allá del consabido y siempre provechoso plan militar llamado DN-III.
También puede haber un decreto para inhumar a alguien con honores republicanos o para promulgar un proceso legislativo.
Pero un decreto para ver el fut no se había visto antes. Y no porque no haya habido ocasión: esta es la tercera inauguración de un mundial de la FIFA y hasta ahora no se había visto un decreto para “echar la hueva”.
Pero ayer se vio: la señora presidenta puso su dorada firma en un ucase burocrático para no trabajar con motivo de un espectáculo deportivo organizado por una entidad extranjera. A secas.
“…Con motivo de la celebración de los eventos a desarrollarse el 11 de junio de 2026, vinculados a la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, con el objeto de contribuir a la movilidad urbana, la seguridad vial, la continuidad de las actividades administrativas y la eficiencia en la prestación del servicio público, se instruye a las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal para que, en el ámbito de sus respectivas competencias y de conformidad con las necesidades del servicio, implementen esquemas de teletrabajo, trabajo a distancia o modalidades flexibles de organización laboral respecto de las personas servidoras públicas a su cargo con sede en la Ciudad de México.
“Para tales efectos, las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal deberán privilegiar el uso de tecnologías de la información y comunicación que garanticen el adecuado desempeño de las funciones sustantivas y administrativas, asegurando en todo momento la continuidad de sus servicios, el cumplimiento de sus atribuciones y la atención a la ciudadanía…”
Como todos sabemos las oficinas burocráticas son espacios para la pérdida del tiempo con reloj checador y derecho sindical. También son comedores constantes y sólo quien haya perdido la mitad de su vida en el infructuoso empeño de persuadir a una señorita de pestañas postizas que suspenda la estruendosa masticación de su guajolota matutina, no morirá de risa si lee la recomendación presidencial en el ya dicho decreto:
“…deberán privilegiar el uso de tecnologías de la información y
comunicación que garanticen el adecuado desempeño de las funciones sustantivas y administrativas, asegurando en todo momento la continuidad de sus servicios, el cumplimiento de sus atribuciones y la atención a la ciudadanía…”
¿Si cuando están presentes no, practican “el cumplimiento de sus atribuciones y la atención a la ciudadanía”, cómo se piensa lograrlo mediante el uso de tecnologías de la información y comunicación?
Ahora bien, cuando se dice “con el objeto de contribuir a la movilidad urbana y la seguridad vial”, se incurre en el error de toda la vida. Si no puedes resolver un problema, clausúralo.
La ciudad de México ha sido gobernada desde hace más de tres décadas por el mismo grupo político cuya desidia e impreparación ha dejado crecer el problema de la movilidad urbana. En lugar de fomentar la expansión de los servicios públicos de transporte, han emplacado los Scooter y permitido la invasión de las motos de toda capacidad y ahora hasta piensan en cochecitos eléctricos, con apariencia de autito Matell de pedales. Por no hablar de las estorbosas bicicletas.
Y las obras con las cuales iban a resolver la afluencia de personas en la zona sur de la ciudad, como si en el mundial el Azteca Banorte se agrandara por encima de los 80 mil espectadores de cada clásico América-Chivas cuya afluencia no requiere decretos huevones.
La ciudad está tullida. Y la solución es dejar a la gente guardada en su casa. Pero esa no es una solución. Es basura bajo la alfombra.
El decreto ya mencionado tiene sin embarago un punto magnifico en sus consideraciones (no “considerandos” como dicen los idiotas) cuya aplicación podría resolver muchos problemas. Justo es reconocerlo:
“… la Ley Federal del Trabajo establece… que el teletrabajo es una
forma de organización laboral subordinada que consiste en el
desempeño de actividades remuneradas, en lugares distintos al
establecimiento o establecimientos del patrón, por lo que NO SE
REQUIERE LA PRESENCIA FÍSICA DE LA PERSONA
TRABAJADORA BAJO LA MODALIDAD DE TELETRABAJO, en el centro de
trabajo, utilizando primordialmente las tecnologías de la
información y comunicación, para el contacto y mando entre la
persona trabajadora bajo la modalidad de teletrabajo y el patrón; y
que dicha modalidad puede implementarse en los casos de que así
lo ameriten…”
Pues si el teletrabajo es legal, ¿por qué no le proponen a la CNTE, en cuya presencia está el origen de esta huevonada, practicar su verdadera ocupación laboral: movilizarse y movilizarse, hacerlo mediante el “Home riot”.
O sea, el motín desde la casa, como el “home office” ya puesto en práctica como una de las grandes soluciones cuatroteistas para los problemas que no puede resolver.
Por lo pronto, a enfriar las chelas para mañana.
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