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Claudia Sheinbaum prometió anunciar hoy el nuevo mínimo.

A la semana de 40 horas todavía le falta ruta legislativa.

En las alturas se habla de un diez u once por ciento de alza para 2026, según funcionarios, dirigentes empresariales y sindicatos consultados.

Pero hay un fenómeno:

El gobierno presume incrementos históricos -146 por ciento de 2016 a 2025-, pero sus beneficios se diluyen por muchas razones.

Quienes perciben esos minis es una masa laboral corta, mientras las mayorías bajo reglas contractuales han visto comprimir sus percepciones.

Exactamente 146 contra 14 por ciento en el período señalado.

Ante esta realidad, “podríamos enfrentarnos a una situación en la que todos los trabajadores del país perciban prácticamente el mismo salario, independientemente de su nivel de calificación o del tipo de trabajo que realizan”.

La advertencia es de representantes gremiales ante la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, 24 dirigentes encabezados por el cetemista José Luis Carazo, desde hace rato aspirante a suceder a Carlos Aceves.

…Y TODOS SERÁN POBRES

En varias ocasiones hablé del tema con Porfirio Muñoz Ledo.

-Mi mayor orgullo es haber dignificado el ingreso de los obreros desde la Secretaría del Trabajo -me repetía.

Sin recordarlo, ahora el sindicalismo mexicano le rinde pleitesía:

“Los trabajadores seguimos esperando recuperar el poder adquisitivo de 1976, cuando el salario mínimo reflejaba el verdadero valor del trabajo. Casi cinco décadas después, el rezago del poder de compra es de 30.6 por ciento”.

¿Qué debe hacerse?

En opinión de los sindicalistas de marras es necesario una acción estructural para detener esa caída muy a pesar del discurso oficial y del autor del libro Grandeza.

Urge “una política de aumentos directos y proporcionales” y “restablecer la distancia porcentual existente en 2016 entre los salarios mínimos generales y profesionales”.

Se necesita una política de Estado, en especial de la Secretaría de Hacienda de Édgar Amador Zamora -y tal vez el secretario Marath Bolaños no tenga poder de movilizar la maquinaria- para actualizar “la tabla de subsidio al empleo”, gravar menos las percepciones y fortalecer la negociación colectiva.

Tienen razón: sin esas medidas y la contención inflacionaria -alta en el bolsillo y sin reflejo en el Inegi- no habrá “reivindicación moral y estructural” del trabajo.

RECOMENDACIÓN A LÓPEZ

En varias ocasiones adelantamos el regreso de Andrés Manuel López.

El 13 y el 19 de noviembre informamos sobre sus operativos para otear el ambiente y ver la conveniencia de reaparecer públicamente.

Ayer desde La Chingada envió un mensaje para promover con humildad su libro Grandeza -su siguiente bodrio tendrá el título de Gloria- y en modestos 49 minutos respaldar a Claudia Sheinbaum y a Morena.

Así cortará “de tajo” -promete otra vez- casi 50 años de lucha y no regresar a “la política activa” como una decisión personal.

Pero hay un dato oculto:

Su equipo de seguridad y al parecer del gobierno le recomendaron no hacer su recorrido previsto por todo el país para difundir su volumen por varias razones.

En primer lugar, le dijeron, en el país hay efervescencia social y no son previsibles las reacciones populares.

No se trata de riesgos a su vida, sino de acciones aisladas -gritos, insultos y otras expresiones de protesta- y ellas afectarían su imagen.

Usan otro término: investidura, pues aunque ya no sea presidente de la república, cuando lo fue se recluyó en momentos de emergencia.

En noviembre de 2020 no convivió con los inundados de Tabasco porque, “no soy fifí… si me mojo me enfermo”.

Y en los huracanes de Acapulco tampoco saludó a las víctimas para no arriesgar su investidura presidencial.

  @urenajose1