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elcristalazo.com

Para regocijo de los críticos y opositores, en favor de quienes desde hace mucho tiempo columbraron la ruptura caníbal de los morenistas, no pasa día sin ruidarajo o escandalera con los cuales Morena exhibe por una parte su ineptitud en la gobernanza y por la otra su incapacidad de conducir un movimiento político con la maestría del fundador quien hoy mira –lo admita o no— cómo se descosen los fondos del costal cada vez con menos zurcido para agrupar disciplinadamente a la grey, entre otras cosas porque no hay en torno de quién hacerlo como antes.

Parece mentira antes no es un tiempo lejano: son dos años.

Frente a eso el podio presidencial se convierte en torre de aparente serenidad, atalaya de prudencia. Nunca pasa nada y si algo ocurre es nada. Amago intrascendente, vecino para colaborar, cooperación sin sumisión; acatamiento sin inferioridad, transformación en proceso, pocos desencuentros, nada, nada, fruslerías, naderías; escarcha, pero no nevada; rumor volcánico, no erupción; simulacro, pero no sismo, escasez remediable; accidente sin responsable, canción sin letra, melodía sin armonía; guitarra sin cuerdas, piano desdentado. Todo funciona así en el jubiloso concierto del desconcierto…

Pero detrás del escenario la gastritis golpea. Llamen al Tafil.

La única razón para estar hoy en el movimiento es la persecución del provecho personal o la protección del pasado cuya mano generosa me dio todo cuanto tengo.

Las “altas miras” de un movimiento redentor, ya no conmueven ni convencen a nadie dentro de la casa y las coces, mordiscos y patadas debajo o por encima de la mesa, no tienen –al final– consecuencia alguna.

Ya no solo para la unidad tan anhelada y convocada a la cual llaman un día sí y el otro también las dirigentes(a)s, cuya capacidad directora resulta a veces muy escasa como se comprueba con los inútiles y agudos (agudísimos) llamados de la presidenta de Morena, la señora Luisa Alcalde cuya aparente serenidad en las explicaciones frecuentes no es otra cosa sino una repetición del guión ajeno dictado hace muchos años.

El discurso oficial del partido –como sucede con las tareas de gobierno y administración—es negacionista.

Nada grave nos sucede, todo lo llevamos controlado, todo tiene remedio porque no representa un problema de difícil compostura; todo lo estamos viendo y en todo estamos investigando, excepto cuando se niega la investigación porque no se han presentado las denuncias correspondientes.

En este sentido las infidencias públicas (no judiciales, pero visibles de todos modos ante los ojos de la sociedad; la atenta o la displicente, contenidas en el “J´acusse” de Julio Scherer Ibarra, hermano expulsado del paraíso), cimbran al edificio morenista, pero el propio gobierno pone trabes y puntales y desprecia al indiscreto insumiso o infidente ingrato y sus dichos…

“…La Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno llamó este miércoles a Julio Scherer Ibarra a presentar denuncias formales por los presuntos casos de corrupción señalados en su libro “Ni venganza ni perdón”, ya que una narrativa por sí sola no es suficiente para iniciar investigaciones de oficio.

“Durante la conferencia de prensa matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en Palacio Nacional (18.2.26), la titular de la dependencia, Raquel Buenrostro, respondió a los cuestionamientos sobre la posibilidad (imposibilidad) de investigar a partir de lo publicado por Scherer Ibarra.

“La funcionaria federal sostuvo que la institución da seguimiento a todas las denuncias que recibe, incluidas (las) anónimas, pero subrayó que deben existir elementos verificables”.

Aquí el lego se atreve a preguntar, ¿no son las investigaciones un camino para determinar si los elementos de la “narrativa” pueden constituir “elementos verificables”.

Lo verificable es aquello sujeto a verificación. Lo otro es lo verificado. Para eso se investiga. Para comprobar, probar, demostrar, encontrar evidencias irrefutables. Se investiga para llegar a conclusiones, no para concluir en el prudente camino de cruzar los brazos porque no se tienen conclusiones.

Elemental, mi querido Watson.

Pero para una pesquisa, una búsqueda, una indagatoria, no se necesitan demasiadas cosas. Basta empezar con al interés de hacerlo, las herramientas ya se tienen.

“Que presente su denuncia –agregó doña Raquel– porque la narrativa no es suficiente para iniciar una investigación…”

–¿Cómo, si antes había dicho sobre el aprovechamiento hasta de los indicios de fuentes anónimas?

“Buenrostro explicó que cuando se proporcionan datos como nombres, lugares o información concreta que se considere relevante, puede iniciarse una indagatoria… No obstante, cuando únicamente se trata de dichos sin sustento documental, sostuvo, “resulta complicado abrir un procedimiento formal”.

Sin embargo, hay una realidad. Todo lo dicho por Scherer y Fernández en el polémico y memorioso libro (ajuste de cuentas o aperitivo en pos del cese de hostilidades) sobre el mundo palaciego, está ahí a la vista.

Si nada se investiga ocurrirá como con la negativa a practicarse una prueba de paternidad en un litigio. Se darán las cosas por ocurridas. Y si se investiga se probará lo sabido por todos: la ruta de Morena para subir al poder fue y seguirá siendo una escalera de corrupción de abajo para arriba; la asociación con el crimen organizado (por eso los gringos nos traen como loros a toallazos) y la ceguera ante las sociedades fraternas, filiales, amigables o de complicidad en el nombre de las cuales todo se perdona.

“Además, (para terminar con la señora del humorístico Buen Gobierno) señaló que la dependencia cuenta con personal limitado, por lo que se priorizan los casos en los que existan pistas claras que permitan avanzar en las investigaciones”. ¿Entonces si hay denuncias sí se tendría en este caso suficiente personal?

¡Ay! Raquelita, mejor déjalo así, no vaya siendo cierto. Así la vida sigue y avanza la Revolución de las Conciencias y se consolida el Humanismo Mexicano.

Muelle, tranquila la existencia como las aguas de un lago, aunque debajo del agua pirañas de múltiples tamaños se mordisqueen unas a otras y el viejo caimán duerma en el playón ribereño frente a una gloria descascarada por el tiempo, la ambición y la ineptitud de quienes alguna vez fueron leales a su ambición.

La patria marcha y todo tiene explicación.

En el diccionario oficial explicar, es sinónimo de resolver (asunto increíble como se prueba con la malhadada aventura de Marx Arriaga y su barricada), pero en la vida real la actitud negligente e insuficiente resulta nada más una forma improductiva de barrer debajo de los tapetes.

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