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elcrislalazo.com

Acostumbrados a la ejemplaridad de su juego democrático, su alto nivel educativo, su cultura y su extraña condición antimilitarista, libérrima y ecuánime, Costa Rica ha sido la gran excepción centroamericana durante mucho tiempo y quizá por eso algunas cosas han pasado inadvertidas hasta ahora en su verdadera dimensión.

No tiene caso ahora hacer historia del por qué esa pequeña nación ha sido explicada en términos tales. La Suiza de América.

Y Suiza, la Costa Rica de los Alpes. De una vez.

Pero quizá esa misma costumbre nos ha impedido ver los riesgos cercanos, la resquebrajadura paulatina y casi silenciosa de algunos de sus desequilibrios democráticos. Signos leves, diría alguien; matices para no preocupar sobre todo a la distancia mesoamericana, simplezas dentro del gran edificio de una tradición limpia y civilizada.

A fin de cuentas, como decía el laureado poeta y premio Magón de aquel país, el poeta Alfredo Cardona Peña, Costa Rica es el único país de Centro América donde (todavía) no se come carne humana. Pero como me previno hace meses Armando Vargas, se nos está viniendo la noche encima.

Hoy aquel adverbio del todavía en la descripción civilizada, podría dejar de ponerse hoy entre paréntesis, al menos si hablamos metafóricamente.

La prestigiosa agencia DW, de Alemania, bajo la mirada acuciosa de Günther Maihold ha publicado un texto magnífico, en el cual se explican algunas de las actuales realidades de esa nación. Un colega de allá me lo ha enviado y vale la pena reproducirlo sin mayores comentarios a los antes ya expresados:

“La tensión entre los poderes es una constante en los sistemas presidenciales de América Latina, pero no se había visto con tanta fuerza en Costa Rica, la otrora “Suiza de América Latina”.

“Desde que Rodrigo Chaves asumió su mandato como presidente en 2022 esto ha cambiado.

“Ahora ejerce como ministro de la Presidencia y de Hacienda bajo la nueva presidenta, Laura Fernández (su marioneta, digo yo) e imprime su mismo curso a la política de la mandataria. Se ha podido observar una preferencia por la acción disruptiva para lograr las decisiones anheladas: primero, con irrespecto a la Asamblea Legislativa; posteriormente, contra las instancias de bienestar, como la Caja Costarricense de Seguro Social; y últimamente, contra las instancias del Estado de derecho.

“El encanto de la disrupción.

“El expresidente Chaves, una persona con un complejo perfil político y psicológico, ha consolidado un estilo de gobierno confrontativo, ampliado con discursos incendiarios cuyo objetivo ha sido erosionar los cimientos democráticos de un país que siempre se jactaba de la estabilidad de sus instituciones públicas y de la confianza de la población en la democracia.

“En la última década, se han dado claros signos del desencanto de la población hacia este acervo institucional y un clamor para lograr una mayor efectividad en la prestación de servicios y reducir la excesiva burocracia. En esta ola de creciente animadversión supo colocarse Chaves, con gran capacidad para manipularla en beneficio de su interés de aumentar el control personal sobre las instituciones desde la presidencia del país.