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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR
El arranque formal de la revisión del T-MEC ha puesto sobre la mesa las distintas expectativas entre México y EU sobre el acuerdo en el futuro. A nuestro país le es vital para dar certidumbre jurídica al comercio, inversiones y defenderse de la política discrecional del arancel, pero la lógica del nacional neoproteccionismo de EU camina por otra cuerda.
La celebración de primeros contactos esta semana ha dado un respiro a las dudas sobre su continuidad conforme al calendario para actualizarlo. La imagen de Jamieson Greer, titular de USTR, y Marcelo Ebrard con sus equipos en Washington relaja la apnea que provocan las declaraciones de Trump contra el T-MEC y su expansionismo extractivista para hacerse de petróleo o materiales críticos sin respeto a ningún contrato ni legalidad internacional.
El análisis del T-MEC avanza para concertarse el 1 de julio con temas de seguridad económica claves para reducir la dependencia de EU de materiales críticos de Asia, y evitar que China o Rusia usen a México para entrar a su mercado. Su marcha inicial no despeja la incertidumbre, porque su política comercial dejó de girar en torno a tratados, sino a criterios de seguridad nacional, donde cuenta asegurar capacidades estratégicas y cadenas de suministro frente a sus rivales. El giro abrirá escenarios que ponen a prueba la firmeza de México para resistir la presión de Trump.
Por ello, el puerto de llegada es desconocido, aunque México se empeña en reducir su alcance casi a una revisión rutinaria y rehúye referirse a una renegociación. El país enfrenta la difícil disyuntiva de alinearse a la nueva lógica comercial de Washington o endurecer el pie frente Trump, que ha considerado al T-MEC de irrelevante y prescindible.
México confía en que 834 mil mdd de intercambio comercial en EU, un gasto equivalente a 30% del comercio mundial, es suficiente persuasivo para no dinamitar el tratado; sería inverosímil echar por la borda 100 millones que genera el T-MEC entre México y EU. Pero también es cierto que el acuerdo no le es imprescindible a Trump para comerciar con sus socios y al mismo tiempo imponer aranceles para ser competitivo; una política dictada por sus grandes empresas que, por igual, votan por el T-MEC y valoran algunas tarifas.
En cambio, para México sí es imprescindible, pero no sólo por el comercio, sino como asidero jurídico para protegerse del unilateralismo y discrecionalidad del gobierno de EU. Desde el primer round, Ebrard ha aceptado la visión de cortar “dependencias” con otras regiones, léase China y Rusia, para encerrarse en el bloque de Norteamérica. Y también la estrategia de Trump de negociar por separado con México y Canadá, aunque debilita su postura.
Aun así sería contraproducente ceder a la coerción o acceder a una negociación al modo de que sólo EU gane, por el temor de que la ausencia del acuerdo genere mayores riesgos. A México le preocupan las asimetrías comerciales y su prioridad es quitar los aranceles, pero su expectativa de restablecer el libre comercio con la modernización del tratado choca con el neoproteccionismo de EU; como se observa en la persistencia de sanciones a la industria automotriz, acero y aluminio, a pesar de la negociación, y menos creer que desaparezcan cuando concluya el proceso.
Pero la mayor asimetría no es la imposición unilateral de tarifas, sino en el hecho de que EU en su nuevo giro de seguridad no necesita acuerdos para comerciar y exigir el alineamiento con su visión de capitalismo depredador y extractivista, que incluso sería políticamente difícil de transitar para Sheinbaum, pues implica reabrir el sector energético o a sus preocupaciones sobre condiciones laborales y reglas de origen o reformas políticas como la judicial que molestan a sus inversores.
Por eso el argumento negociador mexicano de que EU no puede prescindir de su principal socio comercial es equívoco. El punto no está en que el comercio pudiera detenerse, lo que no ocurrirá, sino en el cambio de condiciones para hacerlo en el marco de un convenio o de forma discrecional; y de acuerdo con la lógica de seguridad nacional que es inseparable del intercambio de mercancías para EU.
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