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elcristalazo.com

La compleja, indispensable y la mayor parte de las veces incomprensible relación entre México y Estados Unidos, marcada con la cicatriz de un territorio mutilado y una guerra perdida es abundante en ejemplos de ofensas y humillaciones de allá para acá y la real imposibilidad de responder de manera equivalente.

Altivos en el discurso, pero sometidos en la geopolítica los mexicanos enfrentamos hoy un nuevo ingrediente a los agravios y el persistente sobajamiento: el agregado burlón. La sorna del elogio a la presidenta de este país, tomado de la mano de la subsecuente puya alevosa de un delirante instalado en la soberbia de quien todo lo puede… por ahora.

Si en el primer periodo presidencial de Trump sufrimos el vergonzoso espectáculo del expresidente López en Washington, con rústico babeo frente al presidente de los Estados Unidos a quien coronaba de elogios a pesar de los agravios recibidos, hoy sólo vemos el resignado y solemne estoicismo de una tolerante cabeza fría con el aparente no en la boca.

El ingrediente burlesco llegó a un límite brutal la semana pasada durante la instalación del Escudo de las Américas, un bloque simbólico contra la chatarra de la Internacional Populista cuya influencia llenó al continente americano de gobiernos de izquierda, algunos de ellos de sucio origen y peor comportamiento, como es el caso de Colombia, Cuba o Nicaragua.

Exhibir a México como el epicentro del crimen organizado en el continente es una grave exageración y una mentira, pero usar la falacia como palanca para presionar continentalmente a la aceptación abierta de muchas cosas todavía encubiertas como la influencia americana en nuestras decisiones (y acciones) de seguridad y justicia, por ejemplo, es el colmo, sobre todo si se sustenta en el mérito bilateral de la bella voz de la presidenta Sheinbaum (con A).

Las befas ya son frecuentes.

Recuerdo en el asunto de las burlas, el texto de Dostoievski en su novela “Humillados y ofendidos”:

–“…Tú de todo te burlas. Pero es el caso que a ti no te he oído nunca nada semejante, ni tampoco a nadie de vuestra sociedad. Entre vosotros, por el contrario, todo se aplasta, se apega al suelo para que todas las estatuas y todas las narices se ajusten infaliblemente a determinadas medidas, a determinadas reglas… ¡

“¡Como si eso fuera posible! ¡Como si eso no fuera mil veces más imposible que lo que nosotros decimos y pensamos! ¡Y todavía nos llaman utópicos!¡Si hubieseis oído las cosas que me dijeron anoche!”

Pero hay más de este ruso aplicable la actitud de DT hacia México:

–…¿Por qué te ríes así de mí? Yo me he dirigido a ti franca y abiertamente. Si a tu juicio estoy equivocado (a) , hazme ver la razón, pero no te burles de mí. ¿Y de qué has de reírte? ¿De lo que yo tengo ahora por santo y sublime?

“Vamos a ver: supongamos que yo estoy equivocado (a), que todo eso sea falso, erróneo; supongamos que yo sea un (a) imbécil, como tú algunas veces me llamas, pero si me equivoco lo hago honrada, sinceramente. No por eso pierdo mi nobleza de alma. Yo me entusiasmo por las altas ideas. Supongamos que sean falsas, pero su fundamento es sagrado. Ya empecé por decirte que ni tú ni los tuyos me dijisteis nunca nada que me guiara, que me llevara tras vosotros. Al rechazar esas cosas dime algo mejor y te seguiré; pero no te rías de mí porque eso me hiere en lo más vivo…”

Obviamente Trump respondería a este alegato de la misma manera como en la novela responde el abusivo príncipe Piotr Alexandrovich Valkovski:

“Es muy raro que tomes mis palabras en ese sentido…el que ahora me haya reído es muy comprensible, te diré que con mi risa trataba de disimular mi amargura… dispuesto estoy a convencerte de tu error por todos los medios a mi alcance…”