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La Casa Blanca no ha dado ninguna versión.
Ni oficial ni extraoficial.
Pero fuentes diplomáticas sí tienen narraciones y primeras reacciones de cómo se dio el diálogo de Donald Trump con Claudia Sheinbaum.
Los 45 minutos previstos quedaron en 14.
Tuvo un inicio promisorio, con el magnate al control de la narrativa sobre su campaña contra la delincuencia, al narcotráfico -el fentanilo lo enerva-, y enfocó hacia la colaboración.
Esta existe, reconoció el presidente estadounidense, como se ha convenido en la mayoría de las conexiones telefónicas previas entre ambos, de enero hasta la fecha.
En especial destacó el buen trabajo del secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, quien tiene puertas francas en las agencias norteamericanas.
Con su esfuerzo se ha atendido, en promedio, la mitad de las solicitudes de detenciones y entregas de capos del narcotráfico y responsables del envío de drogas a Estados Unidos.
Causantes, subrayó, de cientos de miles de víctimas.
LOS NARCOPOLÍTICOS
A continuación la plática giró.
Se habló de Venezuela y, tal como informó en su declaración del lunes, Claudia Sheinbaum mantuvo su posición de neutralidad y respeto a la soberanía.
No gustó la respuesta a Donald Trump e ingresó a un espacio más peligroso porque mencionó supuestos nexos de políticos mexicanos con Nicolás Maduro y protección desde México.
Es una pista todavía en exploración por parte de Washington porque el propio dictador ha citado apoyos en su juicio en Nueva York y hay nexos corroborables.
Uno de ellos, no citado según la versión conocida, fue la invitación de Andrés Manuel López Obrador el 1 de diciembre de 2018 a la toma de posesión.
Maduro dispuso del despacho ejecutivo en Palacio Nacional, desde donde junto con su esposa Cilia Flores presenció la transmisión de poder de Enrique Peña Nieto al tabasqueño.
Luego se fotografiaron en la misma oficina con López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller, imagen de los cuatro todavía disponibles en redes sociales.
Bruscamente el tema cambió hacia Cuba con los envíos de petróleo mexicano a la dictadura castrista, una tradición desde José López Portillo pero reforzada en el anterior y este sexenio.
Los gobiernos mexicanos lo interpretan como un apoyo a la isla por razones humanitarias, de lo cual discrepa Donald Trump y así lo expresó antes de cortar la comunicación.
Se tenían previstos 45 minutos para el enlace, pero quedó en 14.
CAMBIOS EN MARINA
1.- Hay, valga el eufemismo, una convocatoria sorprendente.
La Secretaría de Marina de Raymundo Morales invita para el viernes a “la ceremonia de Toma de Protesta y Entrega-Recepción de Altos Funcionarios”.
¿Qué tan altos?
¿Consecuencia de los buques detenidos con millones de litros de diésel proveniente de Estados Unidos con sospecha de ordeña previa?
No especulemos.
Esperemos la versión oficial sobre las causas de esos cambios.
Y 2.- El pleito del gobierno con Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Azteca no parece amainar.
Él recurrió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “contra el Estado mexicano por la persecución política en su contra iniciada en 2023”.
El gobierno, describe en su denuncia, “utiliza los medios de comunicación y vocerías oficiales para dañar la reputación del señor Salinas Pliego”.
El hostigamiento, precisa, inició con Andrés Manuel López Obrador y lleva “más de 300 conferencias matutinas dedicadas a sus asuntos”.
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