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México se mantiene en una línea delgada entre el crecimiento económico y un desastre económico que puede perdurar varios años si no se aplican los incentivos necesarios para evitarlo.

Explico lo anterior, para llegar Andrés Manuel López Obrador al poder Ejecutivo, prometió crecimientos mayores al 4 por ciento de manera anual y se aventuró a señalar que podían ser del 6 por ciento. También señaló que la inseguridad y la corrupción en el país bajarían, que esto daría la posibilidad de obtener recursos suficientes para mejorar no solo el sistema de salud, del país, sino también el educativo y sobre todo la calidad de vida de los mexicanos, bajo la consigna de primero los pobres.

Hasta el momento esto no se ha logrado y la incertidumbre y el nerviosismo sigue presente en la economía mexicana.

Es posible que López Obrador y su gente señale que la pandemia del Covid-19 ha sido un elemento que ha impedido tener los resultados que prometió, pero se hacemos una revisión, de lo trabajado hasta ahora en esta administración, podemos observar que desde el primer día que tomó las riendas del país López Obrador, los resultados no se han hecho presentes.

Los discursos de división que cada mañana utiliza para descalificar a sus adversarios políticos y a la gente que no piensa igual que él, solo ralentizan el desarrollo económico y si a esto le sumamos decisiones mal tomadas o falta de ellas, nos da como resultado que nuestra economía prenda precisamente de alfileres entre el crecimiento económico o una crisis mayor.

Los crecimientos mediocres del 2 por ciento que tuvimos en los últimos 15 años antes del 2018, que permitían por lo menos mantener un ritmo constante, han desaparecido y ahora hemos tenido resultados que van desde el 2.2 por ciento del 2018, un crecimiento de 03 por ciento en 2019 y una ciada de 8.5 por ciento en 2020.

Para este 2021, se espera un crecimiento cercano al 6 por ciento, pero esto será insuficiente para poder superar la caída del 2020.

Esto además viene acompañado de un crecimiento desigual y que solo se apuntala al sector exportador y no a la economía en general, lo que deja a nuestro país en una situación difícil para el 2022 de no actuar de manera coherente con las necesidades del país y lo dejamos únicamente a lo que pueda ofrecernos la cercanía económica con Estados Unidos.

Si esto último sucede, tendremos que esperar que Joe Biden y su partido logren aprobar el endeudamiento de esta nación para seguir inyectando recursos a su economía y esto beneficiaria de manera importante a México, de no lograrlo, nuestra economía podría volver a tener una caída importante el próximo año.

Pese a este panorama las autoridades mexicanas no han logrado proponer programas reales para la reactivación económica, más allá de continuar con la construcción de las mega obras de este sexenio que son el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el aeropuerto Felipe Ángeles, que no dejan de ser detonantes de generación de empleos, pero de manera limitada.

Hasta el momento existen en México tres paquetes de proyectos en infraestructura, donde los recursos son de manera mixta, es decir públicos y privados, sin embargo, estos no se han puesto en marcha de manera completa, lo que sigue deteniendo el crecimiento real de la economía. No se ve de dónde vendrá un mayor dinamismo de nuestra economía en los años por venir.

Es cierto que las finanzas públicas han mantenido un equilibrio por el lado de los ingresos, pero esto ha sido posible por el uso de recursos que se habían acumulado por parte del Estado mexicano a lo largo de varios años en fondos, fideicomisos, etc. y por el endeudamiento público, que ha crecido 7.0 por ciento en términos reales. El cobro de impuestos atrasados a los grandes contribuyentes, frecuentemente “persuadidos” de que abandonen sus litigios fiscales, también ayudó a este equilibrio. La gran mayoría de estos recursos ya se agotaron y no se podrá contar con estos si no es a través del aumento de la deuda del país.

En lo que corresponde al gasto público no ha disminuido, sino que ha crecido en estos últimos años, principalmente por los pagos en salud pero también en las inyecciones de recursos a Pemex y la CFE, que en estas empresas han tenido magnitudes crecientes.

El gasto público no se ha utilizado en la creación de mayores obras de infraestructura que incremente la creación de riqueza, por lo que no ha habido incremento en empleos y en salarios. El gasto de algunas familias mexicanas se ha logrado cubrir por las remesas que reciben de sus familiares que trabajan en el extranjero, principalmente en estados Unidos, pero ha sido insuficiente para reactivar el mercado interno del país.

Entonces la caída de la inversión privada y la pública en proyectos distintos a los emblemáticos de este gobierno permite prever que la recuperación económica será limitada y lenta, tal como ya se empieza a apreciar.

La inflación tampoco parece ceder y está siendo alimentada por problemas de oferta a nivel mundial, así como por una fuerte demanda impulsada por el gasto público de los Estados Unidos. Ello llevará a aumentos en la tasa de interés que encarecerá el servicio de la deuda mexicana y abonará al lento crecimiento económico.

Entonces no podemos señalar que México está mejor que antes, sino todo lo contrario, es necesario que en el poder legislativo se analicen en profundidad estos temas y se apliquen los recursos necesarios en los sectores productivos, de nada servirá seguir manteniendo gastos en Pemex, CFE y evitar que las finanzas públicas se mantean estables si el número de pobres en la país crece por la falta de un empleo formal que le otorgue los servicios de seguridad social con infraestructura adecuada y medicamentos, acceso a una educación de calidad, servicios públicos adecuados y no caros y sobre todo un salario que sea mayor a solo el gasto de la canasta básica alimentaría.

Repito, la economía mexicana se encuentra prendida de alfileres, con pocas perspectivas de crecimiento, con una caída en el bienestar casi generalizado. El Estado de derecho, cada vez más desgastado y erosionado, establece un marco institucional de incertidumbre. En estas condiciones, cualquier viento puede afectar la economía gravemente.