Desde hace varios días una palabra se instaló con fuerza en la conversación política: ¡Sapos! No para referirse al anfibio, sino a quienes son señalados como delatores, informantes o aquellos que, para salvarse, terminan “cantando”.
La expresión cobró fuerza en el discurso opositor, en columnas críticas al régimen de la 4T… y, paradójicamente, también comenzó a escucharse dentro del propio oficialismo.
Aunque el término existe desde hace años en el argot político, su uso se disparó tras un reportaje publicado en junio por The New York Times, que sostiene que al menos una decena de políticos de Morena se habrían ofrecido a colaborar como informantes con autoridades de Estados Unidos.
La etiqueta terminó de instalarse cuando salieron a la luz audios atribuidos a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, en los que presuntamente estaría dispuesta a compartir información en materia de seguridad con agencias estadounidenses a cambio de recuperar la visa que le fue cancelada en mayo de 2025 —junto con la de su entonces esposo, Carlos Torres— y evitar eventuales responsabilidades penales.
La mandataria sostiene que fue víctima de una trampa orquestada por su antecesor, Jaime Bonilla. Sin embargo, los audios difundidos por el periodista Héctor de Mauleón incluso aluden a una posible reunión con agentes del FBI en Panamá, considerado un «territorio neutral».
Mientras desde Palacio Nacional se activa el control de daños, con corifeos y propagandistas del régimen empeñados en minimizar el escándalo, desde el propio oficialismo surgieron mensajes que alimentaron la polémica.
Fue el periódico La Jornada el que sorprendió con una Rayuela que provocó un pequeño terremoto político:
«Si colabora como sapo, delata como sapo y trabaja a las órdenes de otra nación como sapo, ¿qué es?«
Le pregunté a la inteligencia artificial (IA) de X si existía alguna metáfora que retratara este momento político, en el que abundan versiones sobre personajes que, como “Sapos”, estarían “cantando” para salvar el pellejo.
Grok respondió con un texto original al que tituló:
La Fábula de los Sapos del Estanque Guinda
Érase una vez un gran estanque llamado Guinda, de aguas turbias pero que a sus habitantes les parecía cristalinas. En él vivían cientos de sapos gordos, felices y arrogantes.
Su lema era: “No somos ranas; somos sapos de la 4T”, y croaban al unísono cada vez que el Gran Sapo Mayor -ya retirado en su charca privada- les lanzaba moscas desde arriba.
Entre ellos destacaban los sapos grandes: con anillos de oro en las patas, camionetas blindadas y cuentas en paraísos fiscales que juraban que eran “fondos para la transformación”.
Se creían intocables. Decían que el estanque era suyo y que las leyes no aplicaban a “sapos revolucionarios”.
Pero un día llegó el Gran Granjero del Norte con sus redes, micrófonos y fiscales de gesto adusto. Comenzó a secar charcas pequeñas y a capturar sapos. El pánico cundió.
El primero en caer fue un sapo que tenía las patas metidas hasta las axilas en negocios turbios. Cuando sintió la red apretarle la panza, abrió la boca y cantó como nunca había cantado en su vida.
Después cayó otro que se robó las moscas. Otro con cuentas en Islas Caimán y uno más que pasaba información al cártel para proteger su charca privada.
El Gran Granjero sonreía mientras tomaba nota. A cada sapo que atrapaba, le ofrecía el mismo trato:
“Canta bonito y te dejamos croar en libertad… o, cuando menos, en una charca más pequeña y con aire acondicionado”.
Y así, uno tras otro, los sapos grandes que ayer presumían lealtad al estanque y al Gran Sapo Mayor, comenzaron a cantar a todo pulmón en inglés y en español.
Cantaban de madrugada. Cantaban de día. Cantaban en los juzgados y en las embajadas. Se delatan entre ellos con una velocidad que ni las ranas arborícolas podían igualar.
Los sapos que aún flotaban en el estanque croaban con indignación.
¡Traidores! ¡Vendepatrias! ¡Sapos!
Pero en voz baja, cuando nadie los oía, se hacían la misma pregunta:
“¿Y si mañana me toca a mí… cantaré yo también?”
Moraleja:
No hay sapo más elocuente que el que se está ahogando con la cabeza dentro de la red.
Y en política, el que ayer croaba “¡hacia adelante!”, hoy croa “¡cooperación bilateral!”… siempre y cuando le salven el pellejo verde.
Porque, al final, como se ha dicho en este espacio, los trompos siguen girando, quebrando puntas y sacando astillas.
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Vía @LineaPoliticaMX
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