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elcristalazo.com

Desesperada, con la sombra de la persecución estadunidense encima de su cabeza, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, exhibe las infinitas dimensiones de su candor y como mujer burlada –que digo mujer, quinceañera ilusionada–, denuncia la perfidia de quien de ella se ha burlado con el retorcido colmillo del lobo quien engatusó a Caperucita, la niña del capuchón escarlata, la niña devota de su abuelita Morena y clama por las cuatro esquinas en favor de su candor y su hay inocultable intento de curarse en salud entre calosfríos y estornudos: Bonilla me engañó, sépanlo todos.

–¿Por qué tienes la lengua tan larga?

–¡Para engañarte mejor!

Y Bonilla, de conducta malilla se solaza en la desventura de esta fugitiva de los rumores cuya perdida visa americana (una verdadera mutilación con augurio de desgracia, en especial para una fronteriza con media agenda en California) ha sido la punta de la madeja en la cual ahora se enreda nudosa, hasta con el relativo costo de un divorcio conveniente (simulado o no), porque la verdad ya no sabe dónde esconder la cabeza ni cómo esquivar las tarascadas y cuando ya no puede ocultar la veracidad de los encuentros denunciados a través de las grabaciones de sus pláticas con quien dice ni siquiera conocer –porque la sagacidad política consiste en hablar con desconocidos sobre temas delicados– confirma las reuniones y solita previene y anuncia la segura aparición de nuevos datos grabados lo cual ya sucedió.

Ayer el señor De Mauleón le atizó la segunda dosis de las componendas para dizque arreglar la visa rechazada (a cambio de infidencias, informes, reportes, documentos o como se le haya solicitado el intercambio cuya posibilidad ella niega rotundamente porque jamás traicionaría a la patria– ahora con la negociación para irse arreglar las cosas a Panamá con los mismos desconocidos practicantes del coyotaje a gran escala:

–¿Quén pompó coyotito? Le podría preguntar Chico Che o alguno de sus admiradores en Chiapas.

“… (Z) Es evidente que aquí nunca hubo intervención de agentes o enlaces con el gobierno de los Estados Unidos… El enviado de Jaime Bonilla hizo un montaje y fui víctima de una operación de daño y de revancha política. Pero lo perverso de lo orquestado por Jaime Bonilla no podrá opacar la realidad”. Obvio, no se opaca juna realidad que ella misma divulga y confirma.

La gobernadora en un acto de extrema valentía, les recuerda a todos los mexicanos la maligna malignidad del malo de Malolandia con quien sin embargo no tuvo empacho en negociar supuesta ayuda en favor de sus intereses.

“Fue una trampa –dice con la ingenuidad como escudo–, Jaime Bonilla me ofreció reunirme con personas de Estados Unidos para platicar con el tema relacionado con mi visa. Confié de buena fe en mi antecesor y tuve esa reunión… estas personas se hicieron pasar por agentes o intermediarios intermediados de autoridades estadounidenses. Me hablaron de supuestos cargos y procedimientos judiciales en el extranjero para generar el contexto que se escucha en esos audios. Por supuesto que me sorprendí…”

El relato de las desventuras de la virtud de doña Marina del Pilar se pare a estas líneas de Grimm:

“Y no más había entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del sendero, cuando se encontró con un lobo.

“Caperucita Roja” no sabía que esa criatura pudiera hacerle algún daño, y no tuvo ningún temor hacia él.

–“Buenos días, Caperucita Roja,” dijo el lobo.

_-“Buenos días, amable lobo.” –

–“¿Adónde vas tan temprano, Caperucita Roja?»

– “A casa de mi abuelita…

—“… ¡Qué criatura tan tierna! qué buen bocadito, y será más sabroso que esa viejita”.

Grimm no nos dice si Caperucita iba a ver a abuelita para recuperar además su visa o nomás a llevarle vituallas, pero qué se le va a hacer si con el paso del tiempo los cuentos infantiles mudan sus detalles de acuerdo con quien los vaya contando con datos de su caletre.

Obviamente la historia de la cándida niña del capuchón colorado es una alegoría del maltrato hacia las mujeres, la pederastia, el abuso infantil, los engañosos recursos de la trata, la prostitución forzada (pues también la hay voluntaria) y demás formas violentas contra las féminas. Como el harem o el convento.

Por fortuna el feminismo imperante ya les pone barreras a los lobos para proteger a las mujeres. Y todo eso en buena hora. Precisamente nuestra señora presidenta (con A), quien comprende a fondo la actual circunstancia de Marina del Pilar ha enviado recientemente una iniciativa para castigar con firmeza absoluta a quién prive de la vida a una mujer. El feminicidio ahora será un delito grave e imprescriptible. Tan perdurable como la muerte.

Aunque esta columna nunca ha entendido plenamente eso de actuar o legislar “con perspectiva de género”, me suena a algo así como mirar la realidad desde el punto de vista de la mujer, porque la palabra género ya no implica sexo masculino. No en esta nueva corriente.

Es como si en frente a este sainete fronterizo nos preguntáramos, ¿habría engañado Jaime Bonilla a un gobernador cuyo corazón no fuera tan noble y bueno como el de la señora gobernadora quien actuó –según ha dicho— de buena fe?

Buena fe de ella: mala fe; de él. Caperucita y el lobo.

Yo no lo se de cierto, como decía Sabines, porque muchas cosas escapan a mí entendimiento.

Por ejemplo, el caso de Víctor “El cavernario petrolero” cuya hiper violentada esposa harta e indignada, divulgó imágenes terribles cuyo contenido estremeció a la nación hasta el punto de impulsar la recomendación presidencial adversa a su (ex) amigo para quien pidió el peso justo de la ley. Hasta de la ley de Herodes.

Y así se hizo y al agresor cobarde, machista, misógino, miserable, falocrático, patriarcal y además salvaje, se le vino el mundo encima y conoció (un ratito) el reclusorio[RC1] , nada más lo suficiente para sentir, como la lluvia de mayo, las dulces aguas de llevar en libertad su proceso y el perdón de la señora antes tan indignada y triste por la violencia en su contra, con la intención de evitar feas consecuencias emocionales para su niño –dijo tras la divulgación del episodio—, porque las golpizas de seguro no dañaban al infante. Lo dañino es hacer justicia.

Pero esas son cosas del corazón, de las cuales la razón es ajena. Dejemos eso en la parte incomprensible del feminismo cuya plena vigencia nos regalará muy pronto un mundo sin burlas contra las mujeres, sin ruindad contra las ingenuas o las incapaces de gobernar sus pulsiones o sus ilusiones.

Foto: IA