COMPARTIR

Loading

NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

Una guerra en Oriente Medio que extienda el caos global abre escenarios imprevisibles para la economía internacional, y por supuesto, la mexicana. La situación agrava los problemas del comercio y energía, pero también los trastornos de sociedades enteras que como en El shock del futuro de Toffler son compelidas a enfrentar cambios drásticos en tiempos récord que agobian y sobrecargan. La principal tarea del gobierno ante las emergencias del futuro es usar la política para reducir incertidumbre, no abrazarla con reformas divisivas pendientes sólo de la rentabilidad político-electoral de 2027.

El desasosiego mundial encuentra a México con un coctel de estrés por la amenaza comercial y bélica de Trump y profundos cambios institucionales e inseguridad; y antes por el nerviosismo de la pandemia y frustración de años de austeridad. Por lo pronto, los pasos de la guerra comienzan a sentirse en el costo de la energía, del peso y carestía; lo que sigue es saber cuánto pegará al bolsillo de la gente. ¿Cuál es el peor escenario? La “sobrecarga informativa”, término que también acuñó Toffler, alerta y angustia con que si el alza del petróleo se prolonga cuatro u ocho semanas desembocará en recesión mundial y mayor presión fiscal para México. Otra vez la tensión recae en reorientar el gasto público para atemperar el golpe a las familias agobiadas por siete años de estancamiento. Las zonas de mayor fatiga por las estrecheces presupuestales son la inversión y el empleo, donde también se proyectan las consecuencias de la guerra: en 2025 la inversión pública sufrió una contracción histórica con caídas superiores a 28% y la privada tampoco permite a nadie relajarse.

La peor perspectiva de la guerra es su duración. El gobierno asegura que podría amortiguar la escalada petrolera hasta con 6 pesos en estímulos fiscales a la gasolina, más o menos lo que cobra de impuestos. Con buenos reflejos, renueva pactos con gasolineros para topar el litro en 24 pesos en favor de los consumidores, y otorga subsidios al diésel como hizo López Obrador en la guerra de Ucrania, en respuesta a la pandemia y costos globales de energía. Ese paquete antiinflacionario atajó la carestía mejor que otros países latinoamericanos, aunque no sin altas dosis de ansia y tirantez para las familias, y persistente caída de inversión nacional.

PUBLICIDAD

Ahora, otra vez, la larga sombra de la guerra agobia a su economía, y con presión acumulada por años de estrecheces. La interrupción de cadenas de suministro ¿podría beneficiar con EU? La Presidenta se jacta de que mientras en el mundo sube el precio de la gasolina, en México protege la economía familiar; y es cierto, aunque ello no desaparezca la desconexión y descontrol en la percepción del “shock del futuro”. Por ello, la pregunta persistente es cuánta incertidumbre podrán aguantar las empresas con altas tasas de interés o las finanzas públicas de la peor crisis energética mundial en medio siglo. Es decir, ¿cuándo llegará a la mesa de los hogares?

Tampoco puede saberse, porque el mayor temor es la falta de previsibilidad sobre eventos futuros y el tiempo que tomará reparar los daños. Del “choque manejable” que calculaba Trump, con una intervención rápida de cuatro o cinco semanas, a la amenaza de una guerra prolongada que paralice la economía mundial. Cuánto más dura, más confuso el objetivo y la incapacidad de EU de explicar la guerra contra Irán. Y aumenta la preocupación por la inflación, energía y políticas del Plan México para atraer inversiones que urgen para crecer. 

En el largo plazo la mayor interrogante es el impacto en el Plan México ante la aversión al riesgo de inversionistas en los mercados emergentes. Sheinbaum anunció apenas en febrero un plan de infraestructura por 5.6 billones de pesos hasta 2030 que requiere inversión privada en áreas clave de energía, trenes, agua o puertos; que a contrario sensu llega más del extranjero que de empresarios nacionales.  La inversión es el talón de Aquiles de su política económica y seria desventaja para la competitividad en infraestructura en la renegociación del T-MEC. ¿La guerra puede ser un inconveniente u oportunidad? ¿Cuáles los escenarios del gobierno de prolongarse y generar una crisis económica global?

La primera respuesta debe venir de la política interna. Colocar en el centro reducir la incertidumbre y descartar o corregir aquellas que deterioren la certeza y seguridad hacia adelante.