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En México la preocupación de un crecimiento económico para los próximos años con un promedio de 4 por ciento anual ha quedado por el momento olvidado empieza, como en los mejores tiempos del viejo PRI, la carrera presidencial para saber cuál de las “corcholatas” ya expuestas por Andrés Manuel López Obrador, será la ungida o ungido para alcanzar la candidatura y posiblemente la presidencia de la república en el 2024.
De las “corcholatas” expuestas, solo dos quedan con mayores posibilidades, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, mientras que Ricardo Monreal, aun cuando no ha sido nombrado por López Obrador sigue aspirando a ser el “candidato” del presidente, pero si no lo es, ha señalado en varias ocasiones “que aparecerá en la boleta electoral”, con o sin Morena.
A poco menos de tres años de llevarse a cabo los comicios, Andrés Manuel ha iniciado la carrera electoral dentro de su partido, tratando de adelantarse a una oposición que aún no encuentra el hilo conductor para conformar un verdadero bloque opositor y acompañar a un candidato único con la fortaleza suficiente para poder derrotar, no al candidato de López Obrador, sino al sistema que ha creado el mismo político tabasqueño.
López Obrador ha encontrado, por el momento, otro “distractor” que desvié la mirada de lo importante y prioritario, que es alcanzar un crecimiento económico nacional que en verdad mejoré la calidad de vida de los mexicanos.
En los últimos días se ha centrado la atención de la mayoría de los mexicanos, aquellos que conforman la base electoral de Morena, para empezar a hablar sobre si tal o cual pre candidato (a), reúne las características necesarias para lograr que el proyecto 4T mantenga su continuidad a partir del 2024.
Esto también ha provocado que muchos morenistas también empiecen a buscar un lugar que les permita mantener una continuidad dentro del partido, para luego aspirar a otros cargos que mantengan su continuidad como piezas claves del proyecto.
Esto ha dado como resultado que se inicie un ruido innecesario que empieza a ser susceptible en la de gobernabilidad en la capital del país y en el Congreso de la Unión.
En las filas de Morena y sus aliados empieza a mostrarse una rebelión que empieza con la salida de tres senadores, de la alianza que llevo a Andrés Manuel a ocupar la titularidad del poder Ejecutivo. Mientras que, en la cámara de diputados, una buena cantidad de legisladores se han inconformado por la forma en la cual sus lideres han designado la asignación de las comisiones legislativas, lo que aun cuando es minimizado por su coordinador, Ignacio Mier, muestra que no todo es como se había planeado y los enanos quieren crecer
Esta movilización puede traer cosas negativas a Morena, porque ante la inconformidad, la única solución será arrancar a estos elementos de sus puestos y serán ocupados por sus aliados, quienes podrían ocuparlos, pero no tiene la fuerza de arrastre necesario de gente al momento de los comicios.
Probablemente López Obrador ha iniciado este “destape” con el fin de conocer a quienes verdaderamente están con él, “incondicional y ciegamente” siguen sus designios y caprichos y quienes no, y del primer grupo elegirá a los que continúen en la consolidación de su proyecto.
Por el momento la reunión que sostuvieron Ricardo Monreal y Claudia Sheinbaum con Adán Augusto López, es muestra clara que fueron llamados para manifestarles que la forma en la cual se trabaja solo afectara los objetivos de López Obrador, su proyecto y el partido.
Porque cuando los aspirantes a suceder a AMLO se distraen creando “guerra sucia” a su oponente dejan a un lado sus tareas principales, lo que no es sano para nadie.
La guerra sucia en el al interior de Morena y aliados y por supuesto en el gabinete del presidente, empieza a cobrar dimisiones que muestran que la unidad y la lealtad es frágil ante la ansiedad de obtener un cargo público de mayor relevancia.
