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Indigno de la sombra de los grandes nombres de su historia (Cortés, Maximiliano, el Cura José María, Juárez, Zapata y otros) el estado de Morelos es una muestra más de la progresiva e indeclinable vocación mexicana por llegar a la decadencia sin haber conocido el esplendor. Como los Borgia, pero sin el Renacimiento.
Hundido en la improvisación política de la cual Cuauhtémoc Blanco es muestra de difícil superación, Morelos sufre hoy la perniciosa condición de un estado permisivo y cómplice de la delincuencia organizada. Y no es cosa de hoy.
A los grandes nombres de su historia, ahora su suman otros de irresistible recuerdo: Arturo Beltrán Leyva, quien fue ultimado por la Marina Armada en un tiroteo en el condominio Altitude de Vista Hermosa en 2009; Amado Carrillo, “señor de los cielos” y de Tetecala; “El azul”, José Esparragoza; Santiago Mazari Hernández, “El carrete” y decenas más de sicarios, capos, socios de los políticos quienes han visto sin ver o han mirado sin mirar a cambio de una relativa posibilidad de administrar el caos casi siempre con pingues beneficios personales.
Pero entre todos estos no estaban los alcaldes ni el poder político. O mejor dicho, estaban en la sombra, pero con los excesos de la Cuarta Transformación el cieno se alborotó y llegó a la superficie como los detritus en el lago de Tequesquitengo o los manantiales de los balnearios de Agua Hedionda.
–¿Cuándo comenzó este desastre actual?
Algunos lo atribuyen a la mala gestión de Jorge Carrillo Olea en cuya administración el secuestro se convirtió en epidemia intolerable.
En aquellos tiempos el activista del Partido de la Revolución Democrática, Graco Ramírez, quien con el tiempo llegaría a gobernador, soltaba por las calles y las entrevistas de prensa el saludo de moda para Carrillo:
–Don Jorge, hace cuatro secuestros no lo veía…”
Hoy, en repetición y hasta prolongación de lo ocurrido en otros estados, especialmente el de México, una incompleta “Operación enjambre” deja ver más miasma en el pantano morelense:
“Un juez federal dictó prisión preventiva oficiosa contra cinco ex funcionarios de Atlatlahucan, Yecapixtla y Cuautla (Agustín Toledano Amaro, alcalde de Atlatlahucan; Irving Sánchez Zavala, exalcalde de Yecapixtla; Horacio Zavaleta Malacara, exsecretario del Ayuntamiento de Cuautla; Jonathan Espinoza Salinas, tesorero de Cuautla; y Pablo Portillo Galicia, empresario y oficial mayor de Cuautla) acusados de delincuencia organizada y delitos contra la salud por presumibles vínculos con el cártel de Sinaloa.
“En el marco de estas investigaciones, se confirmó que el ex alcalde de Cuautla, Jesús Corona Damián, permanece prófugo de la justicia.
“La resolución fue emitida por el juez federal Alejandro Domínguez Villapudua, adscrito a la sede de Hermosillo, Sonora, durante una audiencia inicial celebrada por videoconferencia con representantes de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO) y los imputados.
“El juzgador calificó de legal la detención de los implicados y les notificó formalmente los cargos que enfrentan.
“A solicitud de la defensa, se duplicó el término constitucional, por lo que será hasta el próximo jueves cuando se determine si los acusados serán vinculados a proceso”.
La pieza clave de toda esta operación es el “delegado” del Cártel de Sinaloa, Júpiter Araujo Bernard, alias “El Barbas”. Otras barbas.
Araujo replicó en Morelos el sistema de intimidación y financiamiento electoral de Sinaloa.
Un centro social llamado “La cúpula” (propiedad del director de Mercados de Cuautla, Jorge Bazán), servía para las reuniones entre los aspirantes, los alcaldes y los políticos afiliados a la protección de Júpiter. Con base en datos de esas citas la SSC comenzó a desarrollar sus investigaciones hasta llegar por ahora al resultado de este enjambre.
De acuerdo con la información más reciente ® “El caso también adquirió relevancia política luego de que el senador por Morelos, Víctor Mercado Salghado, reconociera públicamente su cercanía y dependencia con varios de los detenidos en Cuautla.
“El legislador admitió haber recibido apoyo de dichos ex funcionarios durante actos proselitistas de su reciente campaña rumbo al Senado”. A ver si no le mandan a Corral para cobijarlo, como sucedió con Insunza.
A la vista de estos fenómenos de complicidad, simbiosis y doble dependencia en la antinatural alianza entre los adversarios del orden y la ley y quienes deberían garantizar su vigencia, nada supera en hipocresía los textos de Rubén Rocha Moya cuando atacaba a los gobiernos de Sinaloa desde la cómoda trinchera universitaria:
“…ha sido evidente que se ha incrementado la intranquilidad en la sociedad sinaloense, debido a esa amenaza permanente contra el ciudadano que significa la violencia; fenómeno social que se reproduce gracias a la proliferación del vicio como lo indican los cientos y quizá miles de cantinas que se han abierto… Esa violencia es perpetrada por los mismos órganos de orden y seguridad del estado. La violencia en Sinaloa tiene un inequívoco origen gubernamental. Consideramos que el problema de la violencia del estado de Sinaloa sugiere la necesidad de una vasta obra de investigación específica”, decía el entonces líder del Partido Socialista Unificado de México (PSUM)…
“El estado de Sinaloa está lleno de retenes policiacos, dizque para detener a los narcotraficantes, pero es juicio público que los contrabandistas traen credenciales (charolas) que les da plena seguridad, por tanto, las víctimas de los retenes son gente inocente o campesinos detenidos en masa y torturados…”.
Rocha Moya publicó –entre otros afanes–, una novela llamada “El Disimulo”. Así nació el narco”, con pretensiones de profundidad sociológica en torno de la actividad de los cultivadores, productores y distribuidores de drogas en la sierra. Un relato fantasioso, con ribetes de realismo sobre aquel mundo llamado antaño de “los gomeros”. Badiraguato es en la literatura, “Chepederas”, quizá por la relación con el Tren Chihuahua Pacífico que se conoce como “El Chepe”. Y cruza por el Triángulo Dorado.
ANDY
Convencido por la realidad de su ineptitud hasta para desempeñar un cargo de organización en el partido de papá Andrés (su petardo en Chihuahua fue estridente), el señor Andy se protege desde ahora con la búsqueda del fuero. No vaya a aparecer en una lista gringa o de dónde venga. Al grito de más vale prevenir, Morena lo saca del politburó y lo deja en espera de la salvífica diputación tabasqueña.
El orgullo del “Pejenepotismo”.
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