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Después de muchas advertencias e insinuaciones, la Casa Blanca, con todo su peso internacional, lo dijo con todas sus letras: el gobierno mexicano está aliado con la delincuencia organizada; con los cárteles de la droga, pues, y es corresponsable por la epidemia de fentanilo en ese país.
“La Casa Blanca –dice la información generada ayer por la tarde entre el escándalo y la estupefacción–, acusa que los cárteles mexicanos son los principales traficantes de fentanilo, metanfetamina y otras drogas en perjuicio de la salud y la seguridad de su país.
“[Estas organizaciones criminales] tienen una alianza con el gobierno de México y ponen en peligro la seguridad nacional y la salud pública de los Estados Unidos”.
Esta acusación le da pie –o pretexto–, a la imposición de los aranceles de 25 por ciento a los productos nacionales en su mercado, además de otras medidas y ante los cuales el Ejecutivo (a) mexicano (a) ha respondido con fingida serenidad, como si nada ocurriera, descoloca absolutamente al gobierno.
Todavía hace unos días en este país se analizaba el tema como exclusivamente económico. Error.
Por eso se llegó al extremo de anunciar con pretendida autosuficiencia, tres variables de la serenidad en los planes “A”, “B” y “C”, pero jamás se previó qué hacer ante una acusación tan severa como la alianza criminal del Estado, expresión cuyo traducción — lo traduzca quien sea –, significa complicidad.
Y si se recuerda la anterior orden ejecutiva por la cual se cataloga a los carteles como organizaciones terroristas, la acusación de ayer se vuelve terrorífica, porque abre la puerta a cualquier sanción, intervención (no necesariamente territorial o militar, sino conceptual y estratégica), suficiente para mantener doblada y sometida a la Cuarta Transformación cuyos rollos soberanos no sirvieron para nada en esta ocasión.
Extrañamente, sin atisbar siquiera las rocas frente a la proa, la presidenta de México lanzó el viernes pasado un mensaje de poco contenido:
“…Yo no tengo preocupación porque la economía de México está muy fuerte, muy sólida y eso es gracias al pueblo trabajador (…) este modelo de desarrollo económico es un modelo que apoya principalmente a la gente pobre y a partir de ahí crece y florece nuestra economía”¿Y ahora?
Evidentemente, el problema binacional no es sólo económico. Se trata de la más grave acusación jamás lanzada contra México desde la Casa Blanca. Sin sutilezas ni diplomacia, con absoluto desprecio a formas amigables, Donald Trump escupe sin consideración.
A partir de ayer por la tarde las relaciones México-Estados Unidos ya tienen otra dimensión. Nada valen lagoteos ladinos, como los de López Obrador en la Casa Blanca (07.2020).
“… (DW).- El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, agradeció este miércoles (08.07.2020) a su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, haber tratado a su país “con gentileza y respeto” y no “como colonia”, al celebrar en la Casa Blanca “la amistad” entre ambas naciones.
“Usted no ha pretendido tratarnos como colonia, sino que, por el contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente…
“Nos ha tratado como lo que somos, un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano. ¡Que viva la amistad de nuestras dos naciones!”.
Si en aquella ocasión Trump felicitó a L.O., por “un gran trabajo”, hoy considera al segundo piso de su política, aliado de narcotraficantes.