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Donald Trump le arrebató la narrativa al gobierno de la 4T. Le impone agenda y le tira trompos para forzar decisiones.

A un año de su regreso a la Casa Blanca, Estados Unidos ya no ve a México como un aliado estratégico, si no como un vecino peligroso controlado por el narco y con riesgos económicos.

En doce meses que se cumplieron el martes 20 de enero, el magnate estadounidense ha colocado la relación binacional bajo amenaza permanente de intervenciones militares y utiliza el tema de los aranceles como arma para obligar concesiones en migración, narcotráfico y seguridad.

No es como en su primer mandato. Trump 2.0 es más agresivo, transaccional y coercitivo.

Para Ricardo Monreal, líder de los Diputados de Morena, la relación actual México-Estados Unidos ha sido de claroscuros y la define así: “atípica” en 200 años de relaciones diplomáticas.

El zacatecano reconoce, en una de sus colaboraciones en medios escritos, que “ya no existe aquel principio de negociación que planteaba no contaminar temas comerciales con asuntos de otra naturaleza; por el contrario, hoy todos los temas son variables dependientes subordinadas del tema nodal: seguridad nacional”.

En ese contexto, Trump ha impulsado, con el garrote en la mano, su propia agenda en tres grandes rubros que hoy marcan la relación con el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Aranceles y comercio bajo presión (llama irrelevante el T-MEC para condicionar su renegociación); Migración y otros frentescomo Venezuela y exportación de petróleo a Cuba; y Seguridad y Narcotráfico.

Desde que su gobierno designó a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras, el magnate estadounidense subió el tono respecto a la intervención en México de fuerzas militares de EU en el combate a los cárteles de la droga.

Su gobierno ha revocado visas a políticos mexicanos, algunos bajo sospecha de actividades ilegales; autoriza vuelos de vigilancia sobre México y en la prensa escrita estadounidense se filtra que en el gobierno claudista están alarmados por posibles escenarios de “exigencias insostenibles” para que se entreguen narcopolíticos morenistas.

Trump exige “resultados tangibles” y en la pasada conversación telefónica que sostuvo con la presidenta Sheinbaum, le volvió a proponer la incursión de fuerzas militares para combatir al crimen organizado.

Y en su tono burlón, ha dicho que la jefa del Ejecutivo mexicano le ha respondido: ¡no, no, no please!

La mandataria mexicana ha sostenido: “cooperación y colaboración, no subordinación” y se atrinchera en el principio de no intervención, un pilar fundamental del derecho internacional y de la política exterior mexicana consagrado en la Constitución.

Pero ni así ceden las amenazas. Incluso el mismo día de su aniversario Trump volvió a insistir que “en breve” irán contra el tráfico de drogas por tierra, pues “sabemos exactamente de dónde provienen”.

Redefinir agenda

Distanciada de la estrategia obradorista (si es que puede llamarse así) de “Abrazos no Balazos”, la presidenta Sheinbaum a intensificado operativos para mostrar resultados.

Ha entregado al gobierno de EU 92 líderes criminales. En febrero y marzo de 2025 fueron enviados 55 al país vecino y el lunes un total de 37.

Esta última entrega de narcomandos ha sido calificada por opositores al régimen de la 4T como una “ofrenda” o “un regalo” a Trump en su primer aniversario.

Con pragmatismo, la jefa del Ejecutivo federal también ha respondido con el despliegue de 10 mil efectivos de tropas mexicanas en la frontera; aceptó más deportados; impuso aranceles a China; aceleró entregas de agua y flexibilizó reglas sobre maíz transgénico.

No obstante lo anterior, para Luis Rubio, presidente de México Evalúa, un centro de evaluación y monitoreo sobre la operación del gobierno mexicano, Sheinbaum enfrenta un dilema: negociar acuerdos sustantivos con Estados Unidos en seguridad y desarrollo, o resistir para mantener el status quo.

En su más reciente análisis titulado “Es momento de redefinir las prioridades de Gobierno”, la citada organización advierte que “en este contexto interno complejo, la presión externa del gobierno de Trump representa un desafío evidente pero también una oportunidad”.

Subraya que el cambio de visión en Washington, que hoy percibe a México más como riesgo que como aliado, obliga a replantear prioridades.

Mientras, siguen girando los trompos y las pirinolas­.

castroclemente@gmail.com

@castroclemente en X