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elcristalazo.com

Demócrata obsesivo. Prudente quizá hasta el exceso. Claro, comprometido con sus ideas, inflexible ante la ilegalidad y seguro del peso y el valor histórico de su apellido y el rumbo de sus pasos, Cuauhtémoc Cárdenas, educadísimo, pulcro y hasta discreto, llegó al fin de la vida condecorado por las traiciones y muy por encima de los traidores.

Una vez cuando el sistema traicionó a la democracia y derrumbó el proceso electoral en 1988.

“…el fraude no es derrota; el fraude es fraude.”

Y otra, cuando desde el partido de su hechura Andrés López secuestró las estructuras, corrompió a las tribus y le atravesó el caballo para impedir una nueva candidatura y quedarse él con la posición para desde ahí –años más tarde–, humillarlo y prácticamente retirarlo de la política al torpedear un último proyecto analítico y propositivo en el cual él participaba con distancia, pero con interés activo. Un parricidio.

Como colofón de una cadena de engaños y mentiras –todos lo recordamos– en febrero de 2023, López con furia abusiva desde el Palacio Nacional, conminó al ingeniero –cuya muerte ahora finge sentir– a retirarse del proyecto “Mexicolectivo”, bajo amenaza de pública enemistad.

“Se ha configurado en enredado y trágico nudo gordiano de poder, que impide tanto el combate a la pobreza (transformada en un clientelismo asistencialista fomentado de arriba a abajo y al revés), como la construcción de la prosperidad (transformada en un espejismo mortal)”, dice uno de los documentos en los cuales él participó antes de ser amenazado con proceso estalinista si no desistía.

Nadie, ni él, podría resistir la fuerza colérica del Estado.

Con Lázaro, su hijo asimilado (hasta hoy) por la estructura abrumadora del cuatroteísmo y a unos cuantos Pasos del despacho presidencial, el ingeniero regresó sobre sus pasos.

Previsor de la furia presidencial, ni siquiera pudo presentar en el WTC el planteamiento democrático y plural elaborado con su abierta colaboración y se retiró en la discreción de ocasionales conferencias o entrevistas a los medios. Lázaro se tragó el mayúsculo sapo recluido en posiciones de burocracia interna con López y después con Sheinbaum quien le dio alojamiento oficinesco. A fin de cuentas, forzado por la inercia, CCS le había ofrecido públicamente su voto. Del líder moral sólo quedaba su moral.

La otra gran traición –dentro del PRD– obligó al ingeniero a una explicación pública sobre cómo fue empujado a la cuneta. Lo hizo en el libro “Sobre mis pasos” (2010):

“…Las direcciones estatales recién elegidas estaban en manos de las corrientes, que a pesar del trato despreciativo que habían venido recibiendo de Andrés, se habían colocado oportunista e incondicionalmente a su favor. Sólo podía decir que el partido se encontraba secuestrado por los intereses de este y absolutamente alineado con él…

“…Pero además de esos cambios, se acentuó la situación de secuestro del partido, de parcialidad de las direcciones y de inequidad en la competencia interna… participar en esas condiciones, a sabiendas de que la elección se perdería, sólo serviría para reconocer formalmente una imparcialidad absolutamente inexistente en la dirección nacional del Partido y para legitimar el proceso mediante el cual Andrés Manuel obtuviera la candidatura…”

En una de ellas rechazó públicamente el slogan de la Cuarta Transformación. No sé qué es ni que significa, dijo, palabras más; palabras menos. Obviamente lo sabía, pero jamás tuvo un temperamento pendenciero. Siempre creyó en la lucha de las ideas.

Pero en la batalla descarnada por el poder eso puede ser un defecto. La decencia absoluta, como la suya, es una debilidad frente a las tarascadas de los ambiciosos vulgares y corruptos.

Cuando participó en la Corriente Democrática dentro del PRI, lo hizo con los mejores; personas letradas, conocedoras. Rodolfo González Guevara, Ifigenia Navarrete, Gonzalo Martínez Corbalá, Porfirio Muñoz Ledo y tantos más; ilustrados, formados. Poco a poco el Frente Democrático Nacional –como después el partido– se fue convirtiendo en asilo de menesterosos intelectuales y ladrones.

La aristocracia política en favor del juego democrático legal (en el sentido de los mejores) fue derrotada por el lumpen tropical y cleptocrático.

Valga recordar ahora esta reflexión sobre la ética, derivada del caso Bejarano (quien había sido secretario de Andrés López y después alcahuete y recaudador). AB esquilmaba a contratistas y proveedores del gobierno capitalino para allegarle fondos a su jefe.

El señor de las ligas siempre tuvo a su vez un señor.

“… Es una vergüenza que quienes se dicen compañeros nuestros (…) repartan un volante en cuyo texto se asienta que los 4 y medio millones de pesos que habría recibido Bejarano sólo representan el cero punto cinco por ciento de los mil millones de pesos, etc…

“Ni cuatro y medio ni mil millones de pesos, ni medio, ni cien por ciento. Corrupción es corrupción, tanta y mucha. Nada la justifica. La corrupción no tiene cabida en la lucha por la soberanía y la democracia, su presencia la pervierte y la nulifica…”

Posiblemente los acontecimientos de los días recientes en cuanto a la perversión irremediable del Instituto Nacional Electoral colonizado por Morena ya no hayan sido materia de análisis o reflexión debido a sus mermadas capacidades previas a la cercana muerte acaecida la noche de anteayer. Le habría dolido profundamente porque en su manera de mirar las cosas siempre fue contundente.

La corrupción es la corrupción, sin matices ni graduación, como el fraude es el fraude.

Conocí al ingeniero Cárdenas en las peores circunstancias posibles: en la velación de los restos de su padre en la casa de Alpes, en las Lomas de Chapultepec, en un mes como este en el año 1970.

Fui como reportero y él me ayudó a permanecer dentro de la casa, cerca del catafalco cubierto con la bandera nacional. Esa tarde llegaron Luis Echeverría, presidente electo y Gustavo Díaz Ordaz, presidente aún. El odio entre ellos chisporroteaba, pero no opacaba el fulgor del general ni siquiera más allá de la muerte.

A lo largo de los años lo frecuenté.

Me invitó a participar en algunas reuniones políticas (como también lo hizo Muñoz Ledo) y me rehusé. Yo trabajaba a las órdenes de Los Pinos como director de información. No quería malos entendidos. Siempre hablamos con respeto y de su parte obtuve generosa comprensión. Un par de ocasiones nos vimos, sin agenda de por medio, en su oficina en la calle Guadalajara (paradójicamente muy cerca de la casa de Plutarco Elías Calles), donde instaló desde 1995 la Fundación para la Democracia.

Una tarde en Radio Fórmula hice un comentario en el cual lo aludía en medio ya no recuerdo cuál crisis política nacional. Hablé de la diferencia de su dignidad política con la pésima actitud de la 4-T. Camino a mi casa de regreso de la estación, recibí su llamada. Agradeció mis palabras y nos citamos para un café días después.

Siempre cuidadoso, sin acentos agresivos, con palabras meditadas, con firmeza, Cuauhtémoc fue un ejemplo de conducta. Hijo de quien fue, jamás se pavoneó como príncipe en el palacio, mucho menos como junior cabildero, dispendioso turista; contratista o negociante.

Le sirvió al país desde los cargos limpiamente desempeñados; abrió espacios para la democracia, resistió y perseveró hasta con buen humor y una sonrisa franca sin verse jamás envuelto en escándalos de influencia, gestoría o propiedades mal habidas, trenes descarrillados o contrabando de combustibles.

Fue un empeñoso hombre público, un político profesional, un caballero de las ideas, y su trayectoria sin mancha honra la memoria de su padre y su familia y queda como ejemplo para quien sea capaz de seguirlo.