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En entregas pasadas mencioné la truculenta relación que existe entre México y Estados Unidos, a partir de sus disímbolos antecedentes y de los pésimos liderazgos que hemos sufrido en México.
Ante la invasión furtiva, instantánea y de corta duración que Estados Unidos hizo en Venezuela, los mexicanos nos preguntamos, si México tiene mucha más culpa que Venezuela y los volúmenes de contrabando de drogas de México hacia los Estados Unidos son exponencialmente superiores a los de Venezuela, ¿cuándo nos tocará a nosotros ser intervenidos por los Estados Unidos?
La respuesta es, “quién sabe”, porque las razones por las cuales los Estados Unidos intervinieron a Venezuela son distintas a las razones que existen para México.
Me explico, Venezuela tiene un gran talón de Aquiles que no tiene México, el petróleo.
Aunque la importancia del petróleo no sea tal, como lo han manifestado las grandes corporaciones petroleras, para el presidente Trump si lo es. Trump cree que el petróleo venezolano es económicamente muy importante para Estados Unidos, cuando esa no es la realidad. Aunque sí es importante el petróleo para Trump, dentro su ignorancia económica, pero también es importante para Venezuela, porque sin el petróleo, por más que carezca de importancia económica para los Estados Unidos y para el mundo, para Venezuela sí es su más importante fuente de ingresos.
Es por ello, que el presidente Trump puede de larga distancia gobernar Venezuela abriéndoles y cerrándoles el grifo de su producción y mercadeo petrolero.
Esa es la razón principal de interés por el cual los Estados Unidos desean dominar a Venezuela, para establecer una cabeza de playa en Sudamérica que tiene para los Estados Unidos una importancia geopolítica clave.
En cambio, México sí representa una gran amenaza para los Estados Unidos si ellos le patean a nuestro país el avispero.
Al ser el principal socio comercial de los Estados Unidos, a este país les interesa que México mantenga una estabilidad política y social. Ellos saben bien que México no se viene abajo económicamente si esa relación comercial con los Estados Unidos se mantiene vigente y creciente.
A Estados Unidos no le interesa la democracia en México, como en Venezuela, les interesa que México cumpla con los intereses estadounidenses, para ello, en la próxima revisión del T-MEC se abocarán a que las controversias con las compañías de Estados Unidos se resuelvan con páneles alejados del Poder Judicial, y que se revierta la reforma energética de AMLO. Con eso les basta y sobra para mantener viva y boyante la relación comercial.
Mientras el gobierno de Morena se mantenga alineado con la política de combate a las drogas que ejercen los Estados Unidos y las compañías de ese país no se vean perjudicadas por el sistema judicial mexicano, todo estará viento en popa en la relación bilateral.
El problema para México es que esa relación con los Estados Unidos no será suficiente para su crecimiento económico, que depende de la inversión de mexicanos en el país. Situación que no se compondrá mientras no tengan los inversionistas mexicanos la garantía de que haya reglas del juego que se respeten.
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