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elcristalazo.com
Sacudida desde antes de tener cimientos, la Reforma Electoral de la IV-T.2-P no pega puntada con hilo.
No ha sido institucionalmente contundente en su presentación, ni para su adecuado procesamiento por los cauces naturales de una iniciativa. Del “power point” al “powerless”.
En el fondo hay un problema de concepción y de comprensión. Ya no digamos de intención: una iniciativa de Reforma Constitucional en estos días no es automáticamente una Reforma Constitucional obsecuente y disciplinada.
Legislativamente una iniciativa es un documento sujeto a dictaminación y doble revisión –por eso hay dos cámaras– antes de llegar a la soberana asamblea del Constituyente Permanente (como se le dice a este Congreso por demás chafa).
Políticamente (y en ese dominio quiere estar el Poder Ejecutivo) la iniciativa pretende ser un mandato al dócil Congreso. Un documento al cual no se le debería tocar ni una coma, llegue como llegue a esa “soberanía”, como se decía antaño.
Haberla construido a través de una Comisión Ejecutiva prueba la ausencia de una firme idea rectora. Y si además ese planteamiento básico se elabora bajo el criterio de Pablo Gómez (economista de profesión y todólogo de oportunidad con el auxilio de varios ideólogos iluminados), el producto resulta tan defectuoso como ahora vemos.
Pero si a ese malsinado origen se agrega la rebelión de los aliados reacios al papel de comparsas, como si fueran opositores naturales, aborteros en vez de parteros, el producto resulta (una vez más), tan defectuoso como ahora vemos.
El martes por la mañana la señora presidenta (con A) incurrió en más explicaciones confusas sobre el proyecto y sus defectos menores:
“–En la tarde la voy a revisar (¿Apenas?).
“Repito, había, digamos, “cuestiones de más” que pusieron en algunos artículos que no tenían que ver con lo electoral.
“Lo hizo un equipo, y lo hizo de buena fe, no había nada”.
En el lenguaje popular los errores de buena fe tienen otro nombre y otra calificación. Pero de ahí perder el tiempo corrigiendo las abundantes inepcias de sus colaboradores, quienes tuvieron casi siete meses para elaborar los documentos (se instalaron en agosto del 2025) hay una enorme distancia. Una vez más: el producto resulta tan defectuoso como ahora vemos.
¿En qué sentido?
“…Pero cuando se trata, por ejemplo, de esto que decíamos, de que, si se usa Inteligencia Artificial en una campaña, pues tiene que decir en grande “Inteligencia Artificial”.
“Entonces, lo plantearon que se regulara en otro artículo que no era con lo electoral. Ahí yo ya no estoy de acuerdo, porque entonces parece que estamos regulando todas las publicaciones en las redes sociales, y ese es otro tema, no es lo electoral (¿?).
“Entonces, por eso a la hora de revisarlo dije:
“…no, a ver, esta parte déjenla como está normalmente en la Constitución, no la cambien y concéntrense nada más en los pocos cambios constitucionales que estamos presentando para la reforma. Ese fue el problema.
“Y ahora, en la tarde la reviso —la están trabajando hoy en la mañana— para ya poderla enviar, si no hoy en la noche, mañana temprano”.
Muchas veces nos dijeron, si algo empieza mal, acabará mal. Todo esto ha sido un desgaste para la presidenta (con A) y un fortalecimiento para los insumisos a quienes ya se les ofrece la flor del perdón:
“…yo lo he dicho y lo sostengo –ha dicho el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal–, no sería más que un desarreglo temporal, un desacuerdo legislativo temporal que no pone en riesgo otros actos de unidad, tanto legislativo (sic) como político-electoral.”
Obviamente la coordinación parlamentaria requiere buenas maneras, pero llamar “desarreglo temporal” a una puñalada por la espalda del PT y el PVEM es un exceso diplomático, excepto si en el nuevo lenguaje político nacional, se puede hablar de aliados opositores, cocodrilos voladores, maullidos de perro; ladridos de gato y rebuznos de ballena.
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