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En el discurso del Movimiento de Regeneración Nacional, hay una constante insana: no hay la actualidad, el presente no existe. Tampoco la identidad. Existo, actúo, pienso y vivo sólo como consecuencia del otro. Todo es obra del pasado. Sin alguien a quién culpar; ¿qué sería de mí?, se pregunta Morena cuando mira sus desfiguros en el espejo de su amplio cinismo. Como aquel enemigo de Crisipo, el filósofo estoico…
El caso del Instituto Nacional Electoral es de absoluto desprendimiento de la realidad. O al menos eso nos quieren hacer creer la presidenta y sus coristas. Todos con la misma canción de inocente melodía.
Si Guadalupe Taddei es obligada a renunciar por las evidentes irregularidades dadas a conocer por los medios y con el previo conocimiento sigiloso, cauto y encubridor de sus protectores políticos, las responsabilidades se le adjudican a Lorenzo Córdova porque la gestión taddeista en Sonora coincidió con su tiempo en el INE como si esa ople fuera una delegación.
Con esa mentirosa mentalidad Edmundo Jacobo va a resultar culpable de poner París a los pies del hijito de la señora cuyo peso (político) es superior a lo supuesto. Ni antes de empujarla a la renuncia la defendían con tanto ahínco.
Le quitaron el cargo, la carga y el encargo, pero le duplicaron el blindaje. No vaya siendo y alguien le cargue la mano misógina y hable mal de ella, pobrecita.
Sin embargo, las cosas deben seguir su curso. Ya en el instituto se designó a otra señora para sustituir a quien se consideraba insustituible y se ha marchado –dice ella– con la frente en alto. Bueno, cada quien su altura. Hoy Blanca Cruz se encarga temporalmente de los de los asuntos pendientes en plena temporada electoral.
Pero nada nos indica el mejoramiento institucional.
Son pájaros (o calandrias) de la misma jaula.
Como todos sabemos esta dama fue señalada por la Auditoría Superior de Puebla (2026) como responsable de haber contratado durante su gestión (2024) a una empresa también favorecida en otros casos por el INE-Taddei: Comercializadora JVLY, la cual “no proporcionó oficio de autorización de suficiencia presupuestal”, ni parte de la documentación legal; propuesta técnica, ni propuesta económica (R).
Pero vía de mientras, ya hubo quienes saltaron del barco en el INE. Los primeros en brincar.
“(La Jornada). – …los titulares de las unidades técnicas de Servicios de Informática, José Alberto Pérez de Acha, y de Igualdad de Género y No Discriminación, Iliana Araceli Hernández Gómez, con más de 30 años de servicio electoral.
“También le pidieron la renuncia a quien ocupaba la responsabilidad de recursos materiales y servicios en la Dirección Ejecutiva de Administración, Mario Burciaga, responsable directo de todos los procesos de licitación y adjudicaciones.
“Del encargado del Secretariado Ejecutivo, Roberto Félix López, uno de los más cercanos a Taddei, explicaron que de momento su permanencia fue necesaria para validar la sesión en la que ayer (27) rindió protesta Blanca Cruz como presidenta provisional…”
Así pues, abandonaron el buque los ya dichos y Roberto Félix está en capilla, pero estos no son sino calmantes para la furia externa y mediática; acciones para la simulación, disfraces de jalogüin. El gobierno está dispuesto a sacrificar algún pequeño ratoncito de segunda categoría y culpar, hasta del mal clima o la inundación del martes a los de antes. Siempre tienen la culpa los de antes.
Los de hoy no tienen ni causa posible ni responsabilidad. Saldrán indemnes porque los servicios para los cuales fueron designados en tan mefítico pantano, ya fueron prestados suficientemente y si no se pudo más fue por causas ajenas a su voluntad.
Las infidencias internas, las delaciones y la traición de quienes filtraron detalles, videos, fotografías y evidencia permitieron moverlos del cargo, pero no castigarlos.
La rosa de Morena no tiene pétalos para tocar a nadie. Mucho menos espinas.
LA LUZ DE LA NEGRURA
El pasado martes en la Universidad del Claustro de Sor Juana fue presentado el 4° volumen de la colección editorial “Cuaderno de octubre”, que como todos sabemos publica la Sociedad de Amigos de David Huerta. Comentarios y memorias; recuerdos y homenaje, estuvieron a cargo de Paulina Lavista, Carlos Pellicer López y Shadi Rohana traductor al árabe de parte de la obra de DH., en una mesa conducida por Carlos Ulises Mata.
En recuerdo de mi absoluta historia con Huerta a lo largo de mucho más de medio siglo, fui invitado a participar en el esfuerzo editorial. Este es el texto incluido en el tomo ya citado.
“La Luz de la negrura.
“La fraternidad entre David Huerta y yo comenzó por el ansia compartida de conocer las estrellas.
“Nos vincularon, sin saberlo ni pedirlo; sin suponerlo, una mordida de perro, una terraza mirando al oeste, un telescopio amarillo y el aburrimiento de la noche.
“El perro, tan amarillo como el mira lejos se me acercó sin agresividad, pero con miedo. Cuando me agaché por un balón de futbol (se jugaba todavía con esferas de cuero bruto y pesado), el susto del can se volvió tarascada. Va el colmillo fiero. Huyó y en su carrera llamó al miedo.
–Hay que ir al antirrábico, dijo mi abuelo con un tono digno de Louis Pasteur.
“Y allá fuimos. Instituto de Higiene se llamaba el lejano edificio. Once perforaciones en el vientre. Iban a ser 14 en la dolorosa dosis, cuando de nuevo vimos al perro. Ya no había peligro. Nada más me dolía la panza.
–Debe guardar reposo absoluto, había dicho el infectólogo.
“Frente a la casa, en la misma calle cerrada cuya desembocadura daba a un parque de árboles todavía pequeños y una fuente siempre seca y enlamada, la familia de enfrente tenía varias cosas interesantes para los ojos del recién llegado a esa colonia de periodistas. Había dos guapas muchachas y una señora muy elegante y un adolescente más o menos de mi edad. Una tarde lo miré con su catalejo escudriñando la noche.
“El hastío me hizo valiente.
“Crucé la calle. Cuando alguien abrió le dije, quiero hablar con David. El vecindario siempre divulga nuestros nombres.
“Salió con su mechón lacio sobre la frente, sus anteojos de carey y su sonrisa encantadora. Todo él era encantador.
–¿Me prestas tu telescopio? Tengo la vacuna antirrábica y necesito estar encerrado en mi casa. Me aburro.
“Crucé la calle arrastrando por el suelo las patas del aparato. Jamás vi nada excepto unas lucecitas en el fondo negro. Pero de esa negrura nació una amistad de sesenta años y muchos libros; música, piscinas, conciertos, discos y guitarra, paseos extravagantes, mujeres secretas, aventuras indiscretas; tardes peligrosas, lecturas y poesía.
“Juntos cruzamos las puertas de la adolescencia, la juventud, la madurez y la edad provecta. De la juventud a la senectud, entre Tlatelolco y dos mundiales de futbol.
“Bebimos, discutimos de ciencia, de literatura –nunca me perdonó mi aversión por Joyce y el Conde de Lautremont o mi aburrimiento por Pound–, y nunca de política. Nos gustaba el Atlante y le guardábamos divina devoción a Pelé, casi tanto como a Bob Dylan.
“Muchas puertas quedaron atrás.
“Él cruzó solo el ultimo umbral. Yo pienso alcanzarlo uno de estos años, cuando como él, pueda penetrar “en una gasa letárgica hecha de fantasma y purgatorio”.
“De otras cosas; otro día”.
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