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elcristalazo.com

De acuerdo con el analista frecuente en torno de las relaciones México-Estados Unidos, Rafael Fernández de Castro, la presidenta de México y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quedan satisfechas telefónicamente. No cito semejante argumento por estarf de acuerdo con él, me parece una bobada superficial cuyo sólo enunciado echa por tierra siglos de encuentros entre líderes, dignatarios, jefes de estado y figuras políticas.

Es una idea tan torpe y acomodaticia, que ni siquiera vale la pena demostrar su futilidad. Se prueba sola.

Pero si para el viernes pasado, según este analista de la contabilidad, la señora presidenta (con A), ya había sostenido quince conversaciones telefónicas con el presidente de Estados Unidos ayer mantuvo la décimo sexta sin saber los mexicanos absolutamente nada de su contenido, como tampoco lo sabríamos si se tratara de 16 reuniones vis a vis, como se dice en España.

Los jefes de Estado hablan temas delicados e informan banalidades, como ha sido a lo largo de estas 16 charlas. Todo se va en decir las palabras convenientes, cooperación, colaboración, soberanía, firmeza, decoro, diplomacia, positividad, entendimiento, cordialidad, excelencia, utilidad, respeto, etc., etc., pero jamás se conocen los verdaderos tonos, exigencias, ultimatos o tonos elevados en alguno de los extremos de la línea porque la estrategia femenina ha sido siempre la baja temperatura de la testa.

Al parecer estas conversaciones entre Donald Trump y la señora Claudia Sheinbaum (presidenta con A) ya han caído en apariencia burlesca. Trump habla con ella y al poco tiempo suelta una vez más la andanada de insultos y acusaciones de parálisis del Poder Ejecutivo frente al narco. Con la zanahoria alaba su calidad personal y con el garrote golpea a la investidura presidencial llamándola medrosa y dominada en un país gobernado por otras fuerzas, más allá de la institución disminuida por la impotencia. Y así se van.

Todo eso sin contar las reiteraciones de intervención terrestre. Las maniobras navales y aéreas –el sobrevuelo de drones autorizados a toda hora y todos los días sobre los cielos nacionales–, ya ni forman parte del discurso. México los tolera de plano y los llama cooperación, no intervención. Tampoco espionaje ni intromisión.

“—Nos insistió en que si nosotros lo pedíamos nos podía ayudar con otros temas (fuerzas militares). Le dijimos que hasta ahora vamos muy bien, está la soberanía de México y la integridad territorial y lo entendió, fue una conversación muy amable y acordamos en que trabaje el comité conjuntamente”.

Pero en el fondo ni esto es todo, ni saberlo es suficiente.

En este sentido la información de ayer fue más útil por las negaciones que por las confirmaciones. Sobre todo, en el tema cubano.

Ayer mismo Trump posteó:

“¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: cero!”, escribió (todo en mayúsculas) en su red Truth Social, y agregó: “Les sugiero encarecidamente que alcancen un acuerdo, ¡antes de que sea demasiado tarde!”

Como México es ahora el principal surtidor de petróleo a Cuba, con ese pretexto el gobierno estadunidense podría presionar doblemente a México en las conversaciones del tratado trilateral. Pero esa onerosa generosidad no obstaculiza la oferta de intermediación con Cuba, tal y como se ofreció inútilmente con Venezuela hace unas semanas.

Pero lo más notable es este matiz en torno de la dádiva energética a la dictadura:

“Al pueblo de México como que (no) le preocupe mucho, no, porque hay petróleo suficiente, hay gasolina y diésel, todo el combustible necesario, no aumentó el precio, decían que iba a aumentar y no aumentó… es una ayuda que se viene dando desde hace tiempo (…) ahí estamos siempre para apoyar…»

Visto lo visto si al pueblo no le importa ni le preocupa la dotación, tampoco le importaría suspenderla. Al fin no es un mandato popular, es un compromiso de los gobiernos; no del pueblo.

Pero el futuro vendrá del norte.