Cualquier apasionado de esta metrópoli, sea residente o visitante habitual, tiene motivos para decir: “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.
Esta era la ciudad donde había bares, restaurantes o supermercados abiertos las 24 horas. Ahora es la ciudad que ofrece una imagen de conflicto bélico.
Al impacto de la pandemia, que ha puesto en letargo a la Gran Manzana desde mediados de marzo, estos últimos días se han sumado graves incidentes repetidos de pillaje y saqueo. Esto ha creado una falsa imagen sobre la cifra de gente pacífica manifestándose contra la brutalidad policial tras la muerte de George Floyd, que ocurrió en Minnesota pero pudo ocurrir aquí, como ya sucedió con Eric Garner y su pionero “no puedo respirar” del 2014, que se ha repetido pasados seis años.
El gobernador Andrew Cuomo remarcó que hasta este jueves se han manifestado unas 20.000 personas, “sin respetar la distancia social” contra la Covid-19.
En la Quinta Avenida, Soho, Village, Upper West o East Manhattan, en Brooklyn, e incluso en Queens y el Bronx, se ha propagado como una fiebre el sellado de los negocios con placas de madera. En algunos han añadido alambre. Huele a serrín y a miedo.
LA VANGUARDIA