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A principios del año pasado, los hospitales de niños en la ciudad de Nueva York tuvieron que cambiar para lidiar con un brote catastrófico de COVID-19. “Todos tuvimos que aprender rápidamente, o semi-aprender, cómo cuidar a los adultos”, dice en diálogo con la revista Nature, Betsy Herold, médica pediátrica de enfermedades infecciosas que dirige un laboratorio de virología en la Facultad de Medicina Albert Einstein. La razón: mientras los hospitales de la ciudad estaban llenos de pacientes, las salas de pediatría estaban relativamente tranquilas. Los niños estaban protegidos de alguna manera de lo peor de la enfermedad.
Los datos recopilados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) de hospitales de todo el país muestran que las personas menores de 18 años han representado menos del 2% de las hospitalizaciones debido a COVID-19: un total de 3.649 niños entre marzo de 2020 y fines de agosto de 2021. Algunos niños se enferman gravemente y más de 420 han muerto en los Estados Unidos, pero la mayoría de las personas con enfermedades graves han sido adultos, una tendencia que se ha confirmado en muchas partes del mundo.
Esto hace que el SARS-CoV-2 sea algo anómalo. Para la mayoría de los otros virus, desde la influenza hasta el virus sincitial respiratorio, los niños pequeños y los adultos mayores suelen ser los más vulnerables. Sin embargo, con el COVID-19, el extremo más joven de esa curva se corta en gran medida. Es “absolutamente extraordinario”, advirtió Kawsar Talaat, médico de enfermedades infecciosas de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg en Baltimore, Maryland. “Uno de los pocos aspectos positivos de esta pandemia es que los niños están relativamente a salvo”.
Sin embargo, el fenómeno no fue del todo sorprendente para los inmunólogos. Con otros virus, los adultos tienen la ventaja de la experiencia. A través de una infección o vacunación previa, sus sistemas inmunológicos han sido entrenados para lidiar con patógenos de apariencia similar. La novedad del SARS-CoV-2 niveló el campo de juego y mostró que los niños son naturalmente mejores para controlar las infecciones virales. “Siempre pensamos en los niños como fábricas de gérmenes”, explicó Dusan Bogunovic, inmunólogo y genetista de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York. “Pero no es porque su sistema inmunológico sea ineficaz; simplemente no tienen experiencia”.
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