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Los resultados que se otorgaron por parte del INEGI, en relación a la encuesta Ingreso – Gasto de los Hogares (ENIGH) y el Informe Multidimensional de la Pobreza en México 2018-2020, del CONEVAL, al parecer no han movido un ápice el sentir de López Obrador que únicamente se limitó a señalar “tengo otros datos”.

Deberemos insistir que estos resultados señalan no solo la forma errónea de las políticas públicas, basadas en el Ahorro y austeridad y apoyos a los que menos tienen, sino también las tareas que se han dejado de hacer

El resultado real es que ante los programas sociales, de manera universal, se aumentaron los ingresos en el décil de mayor ingreso, mientras que en lo de menor, estos se fueron reduciendo al grado de aumentar la pobreza en el país con más del 55 por ciento de la población que en términos generales fueron 3.5 millones más, en tanto la pobreza extrema aumento 2.5 por ciento colocando en 10 millones de personas en este rubro que debe preocupar aún más a la presente administración federal, porque su objetivo de primero los pobres no ha sido cumplido.

Esto implica que las políticas públicas han fracasado y la aspiración, término que molesta a López Obrador, porque nadie puede ser “aspirasionista”, y obtener una mayor igualdad de crecimiento entre la población en ingresos se ha convertido en un camino contrario, con la creación con más pobreza en el país.

Esta situación es más grave si analizamos las carencias sociales, derivadas de las tareas que se han dejado de hacer y nos muestran que nuestra sociedad va hacia atrás y no hacia delante que debería ser el objetivo principal.

Así tenemos que, en el tema de la educación escolar, existen 24.4 millones de personas que no pueden acceder, en términos de salud un total de 35.7 millones, en acceso a seguridad social 66 millones en vivienda 11.8 millones, en acceso a servicios básicos en la vivienda, agua, energía eléctrica, 22.7 millones, en cuanto a una buena alimentación, nutritiva y de calidad, 28.6 millones y en cuanto a ingresos inferiores a la extrema pobreza 21.9 por ciento.

Estas carencias deben ser la agenda de la política económica en lo que resta del sexenio para que al finalizar esta administración pueda hablarse de un verdadero cambio, que pueda Hacer historia, como lo prometió durante su larga campaña a la presidencia, donde tenía todas las respuestas a favor de un país con mayor igualdad y equidad económica, con crecimientos del PIB superiores al 4 por ciento.

Esta estrategia requiere de una re ingeniería de la Hacienda Pública a través de sus programas de

Ingresos y Presupuestos Egresos para los próximos años.

Estas políticas públicas deberán estar encaminadas a apoyar actividades estratégicas que permitan obtener un campo más productivo, un sector industrial y de transformación fortalecida, capaz de ofrecer más y mejores empleos con salarios crecientes y un sector terciario atractivo y de acceso económico para todos.

Todo esto requiere de una reforma fiscal que otorgue certidumbre a los capitales privados, externos e internos para establecerse en el país, que generen el círculo virtuoso de la economía a favor de obtener mayores recaudaciones para el Estado y que estos sea utilizados para fomentar aún más inversión, sin ser despilfarrados en proyectos que solamente benefician a pequeños grupos o servirán solo como monumentos inútiles en próximos años.

De realizar esta reforma fiscal y una re ingeniería de las políticas públicas, podríamos estar pensando en terminar un sexenio con crecimientos de 4 por ciento, pero serian la base de un crecimiento posterior en bien de todos y no a la adoración de una sola persona.

Aún estamos a tiempo de reducir la pobreza extrema, establecer estrategias que fortalezcan la economía del país y ofrecer mejor calidad de vida para todos.